Nuestra ciudadanía incompleta

SARA LOVERA 

La ciudadanía de las mujeres no se restringe a votar y ser votadas, como dice la Constitución desde hace exactamente 70 años. El ejercicio de la ciudadanía  debería ser el  termómetro de la calidad y efectividad de la democracia, más allá del reconocimiento formal de los derechos, garantizar nuestro libre y completo desarrollo.

Eso significa acceder a la igualdad sustantiva, donde funcionaran las  políticas y programas orientados a cerrar las brechas de género y ampliar el acceso de las mujeres a la justicia, la toma de decisiones y a los recursos, materiales y simbólicos, en la misma medida que los hombres.

Sin duda conmemorar y festejar el 17 de octubre de 1953, cuando fue inscrita en la Constitución la ciudadanía femenina, el derecho a votar y ser votadas, tiene un sentido histórico. Lo grave es que, 7 décadas después el avance  no se refleja  en la vida cotidiana. Es  meramente formal. Hay evidencias de que nuestra ciudadanía ha quedado incompleta, tal como lo plantea Carole Pateman.

Las mujeres no hemos logrado vivir con dignidad, ni libres de violencia, ni hemos accedido a los puestos y empleos públicos y privados, porque todavía no se comprende la calidad de nuestras capacidades, virtudes y talentos; porque en la vida real campean la discriminación, la violencia y la desigualdad.

Por ello cobra sentido e importancia, que, para la renovación del poder en  2024, se proponga asumir una  Agenda Política, Legislativa y de Gobierno, elaborada por más de 80 colectivas del país, integrantes de la agrupación política/feminista Todas México. Un trabajo que contiene el  examen de cómo llegamos a este octubre, qué falta, cómo podemos abordarlo, qué tiene que hacerse.

El documento/propuesta dirigido a la clase política, la que busca desde todos los frentes el poder presidencial y 20 mil puestos en 2024, será entregado a las dirigencias de todos los partidos políticos; enviado a las 2 punteras para presidencia de la República. Conocerlo y analizarlo entre ellos y ellas  es una oportunidad única para retomar el rumbo.

La agenda  plantea, con sustento, las preocupaciones más apremiantes, evidenciadas por hechos, datos y  experiencias de las mujeres, de todos los rincones del  país.

Es un plan de gobierno desde la mirada feminista, una fotografía de las  problemáticas vigentes que vivimos más de 60 millones de mexicanas. Una propuesta con  análisis pormenorizado. Contiene una lista de  acciones urgentes; es un llamado para erradicar la discriminación, la violencia de género y el atraso económico, laboral, de salud  y educativo.

Valdría la pena, una vez difundido conocer y analizar su contenido. No diagnostica a una sola administración, pero si revela hasta qué punto nuestra clase política ha sido incapaz de escuchar a las mujeres.

No se trata de la primera vez que a las feministas se les ocurre poner en la mesa la condición de las mexicanas, en 1996 elaboraron un plan de igualdad, puntual y claro que se entregó a los candidatos presidenciales.

Este documento, el de Todas México, llega justo a tiempo, cuando vivimos una crisis humanitaria por la violencia contra las mujeres, la impunidad ominosa cuando vivimos el desmantelamiento de lo ganado.

Dibuja 7 grandes pendientes: violencia de género, feminicidios, desigualdad laboral y económica, acceso a la justicia, derechos sexuales y reproductivos, representación política  y educación, asuntos que debieran atenderse en lo inmediato, si se quiere la gobernabilidad democrática. Ojalá las y los aspirantes a tomar el timón el próximo año lo consideren y atiendan. Veremos.