viernes, junio 5, 2026
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¿Qué estamos respirando, qué estamos contaminando?

JULIETA DEL RÍO VENEGAS

Hoy conmemoramos el Día Mundial del Medio Ambiente. Fecha que nos invita a reflexionar, sí, pero también a cuestionarnos si realmente estamos haciendo lo necesario para proteger nuestro entorno o si únicamente repetimos discursos que en ocasiones no se traducen en acciones concretas. Con frecuencia, la fecha se reduce a una efeméride más. ¿Y después qué?

El planeta nos está enviando señales cada vez más claras. De acuerdo con organismos internacionales, 2024 fue el año más cálido registrado desde que existen mediciones científicas. La temperatura global superó durante un año completo el umbral de 1.5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, una cifra que durante años fue considerada una línea de advertencia para la humanidad.

La ONU ha catalogado el cambio climático como una de las mayores amenazas para la humanidad, afectando a comunidades en todo el mundo y exacerbando la frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos. Además, considera que la pérdida de biodiversidad está alcanzando niveles alarmantes, con miles de especies en peligro de extinción debido a la destrucción de hábitats naturales y la explotación insostenible de recursos.

Las cifras son contundentes. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2024 fue el año más cálido desde que existen registros, con una temperatura media global de aproximadamente 1.55 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, convirtiéndose en el primer año calendario en superar ese umbral de manera sostenida. Además, los últimos diez años han sido los diez más cálidos de los que se tiene registro. A ello se suma otro dato alarmante: la contaminación del aire continúa siendo el mayor riesgo ambiental para la salud humana y provoca alrededor de siete millones de muertes prematuras cada año en el mundo.

Las consecuencias son visibles: olas de calor más intensas, incendios forestales, sequías prolongadas, inundaciones cada vez más frecuentes y una acelerada pérdida de biodiversidad. No estamos hablando de escenarios futuros; estamos hablando del presente, de nuestra realidad cotidiana.

Ante este panorama, resulta insuficiente limitar la conversación ambiental a ceremonias, campañas temporales o declaraciones oficiales. La protección del medio ambiente requiere políticas públicas eficaces, presupuestos suficientes (sin escatimar recursos bajo el argumento de la llamada austeridad) y una verdadera corresponsabilidad entre gobiernos, sector privado y sociedad.

También debemos preguntarnos qué estamos respirando, qué estamos consumiendo y qué estamos contaminando. La gestión de residuos es un ejemplo claro. En muchas ciudades existen contenedores para separar basura reciclable y no reciclable; los vemos en aeropuertos, centrales camioneras, centros comerciales y espacios públicos. Sin embargo, la realidad demuestra que el sistema no siempre funciona como debería. Sin educación ambiental, infraestructura adecuada y mecanismos efectivos de supervisión, la separación de residuos corre el riesgo de convertirse en una simulación más que en una solución.

Asimismo, es indispensable fortalecer la protección de nuestras áreas naturales protegidas. Estos espacios representan una barrera frente al deterioro ambiental, resguardan especies únicas, protegen fuentes de agua y contribuyen al equilibrio climático. Cuando permitimos su degradación o abandono, no sólo perdemos patrimonio natural; también comprometemos el bienestar, la seguridad y la calidad de vida de las futuras generaciones.

Hace apenas unos días estuve en Baja California, donde tuve la oportunidad de conversar sobre la importancia de preservar ecosistemas estratégicos de ese extraordinario estado, como la Sierra de San Pedro Mártir, la Bahía de los Ángeles y el Parque Nacional Constitución de 1857. Estos espacios son fundamentales para la conservación de la biodiversidad y de los recursos hídricos de la región, además de ser ejemplo del enorme patrimonio natural que México tiene la responsabilidad de proteger.

El Día Mundial del Medio Ambiente debe ser una oportunidad para exigir resultados y no únicamente buenas intenciones. La sustentabilidad no puede seguir siendo un tema de discurso; debe convertirse en una prioridad de gobierno y en una responsabilidad cotidiana de toda la sociedad.

La pregunta ya no es si debemos actuar. La pregunta es cuánto tiempo más estamos dispuestos a esperar mientras el planeta nos muestra, con creciente claridad, las consecuencias de nuestra indiferencia.

Hagamos conciencia, no sólo por una fecha en el calendario. Los 365 días del año debemos asumir el compromiso de cuidar nuestro medio ambiente. De ello depende no sólo la conservación de nuestros ecosistemas, sino la propia continuidad de la vida tal como la conocemos.

Sobre la Firma

Escritora y defensora institucional de la transparencia y los datos
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