lunes, octubre 5, 2026
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La controversia sobre el uso de pantallas en el aula

ANGÉLICA COLIN MERCADO

La controversia sobre el uso de pantallas en el aula no debería plantearse únicamente desde la pregunta de quién tiene la culpa, sino desde la responsabilidad compartida que existe en torno a su uso educativo. Las tecnologías digitales forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes y, por ello, resulta poco viable pensar en una educación completamente ajena a ellas. Sin embargo, tampoco puede asumirse que incorporar una pantalla, una tableta o un teléfono celular automáticamente mejora el aprendizaje.

En esta discusión participan diferentes actores. El docente tiene la responsabilidad de planificar actividades en las que la tecnología tenga un propósito pedagógico claro y no se convierta simplemente en un distractor. Su función no consiste solamente en utilizar dispositivos, sino en orientar al estudiante para que desarrolle capacidades de búsqueda, análisis, selección y producción de información.

Por su parte, los estudiantes también tienen responsabilidad. El uso inadecuado de una pantalla durante una clase puede afectar la concentración, la participación y la convivencia. Por ello, es necesario desarrollar hábitos de autorregulación y comprender que utilizar tecnología con fines educativos implica también asumir compromisos y respetar acuerdos.

Las instituciones educativas y las familias tienen igualmente una responsabilidad importante. La escuela debe establecer criterios claros sobre cuándo, cómo y para qué utilizar dispositivos, además de proporcionar condiciones adecuadas para su integración. Las familias, por su parte, pueden contribuir acompañando y orientando a los jóvenes en el uso responsable de la tecnología.

Por lo tanto, considero que no existe un único culpable de la controversia sobre las pantallas en el aula. El problema aparece cuando la tecnología se utiliza sin propósito pedagógico, sin reglas claras o sin acompañamiento. La solución tampoco consiste necesariamente en prohibirla, sino en aprender a utilizarla de manera crítica, responsable y pertinente.

La verdadera pregunta no debería ser solamente si las pantallas son buenas o malas para la educación, sino qué hacemos con ellas, para qué las utilizamos y qué tipo de aprendizaje queremos favorecer. En este sentido, la colaboración entre docentes, estudiantes, familias e instituciones resulta fundamental para construir un uso equilibrado de la tecnología en el aula.

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Educadora crítica, madre, directiva universitaria comprometida.
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