viernes, marzo 20, 2026
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La Casa de los Perros | Unidad o epitafio político

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

El día en que se conmemoró la Expropiación Petrolera, el PRI alineó sus piezas como quien ordena una mesa antes de la tormenta: nombres previsibles, disciplina intacta, una terna sin sobresaltos… y sin el más competitivo.

Esta vez, en la misma plaza pública donde la política se vuelve espectáculo, el PAN levanta su propia bandera. No es una casualidad: es el mismo tablero, con otro jugador que llega temprano.

Ayer 19 de marzo, en la Plazuela Miguel Auza, el panismo congregó a miles. No se trató de un acto cualquiera. Fue un mensaje. El dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, nombró a Miguel Varela Pinedo como coordinador estatal de estructuras por el cambio. El título es largo, pero su traducción es breve: es el elegido.

No hubo misterio. Varela se impuso en las encuestas internas como el rostro más instalado en la conversación pública. En política, lo que se recuerda primero suele abrir camino antes de que empiece la contienda. El PAN leyó ese pulso y decidió no contradecirlo.

El encargo no es menor. Construir estructura en los 58 municipios, cubrir los 18 distritos locales, cerrar filas en los cuatro federales. Hoy el PAN presume presencia en 33 municipios; le faltan 25. Es decir: más de un tercio del estado sigue siendo territorio por conquistar. La meta tiene fecha: noviembre. El tiempo, en política, siempre corre más rápido de lo que dicen los calendarios.

Pero Varela no sólo construye estructura: ensaya un movimiento.

En los márgenes del acto público, lejos del templete, pero cerca de la estrategia, algunos de sus aliados preparan el lanzamiento de una asociación civil: Movimiento por la Verdad y la Paz. Las siglas —MVP— no son casualidad. En política, los símbolos no se improvisan: se diseñan.

La historia ofrece un antecedente incómodo y útil. Cuando Vicente Fox inició su camino a la presidencia, lo hizo desde una plataforma paralela: “Amigos de Fox”. No era sólo un grupo de apoyo; era una red que desbordaba al partido, que le daba oxígeno ciudadano a una candidatura que necesitaba romper inercias.

Zacatecas no es México en el 2000. Pero la lógica persiste: cuando el partido no alcanza, se construye afuera.

Varela parece entenderlo. Su campaña por la presidencia municipal se sostuvo en una narrativa clara: confrontar al poder establecido. Nombrarlo. Desafiarlo. Enfrentar, sin rodeos, a la familia que domina la escena política estatal. Esa apuesta le funcionó.

Hoy la repite.

En su discurso, no hubo matices. Señaló a la familia Monreal como eje del problema político en el estado y responsabilizó directamente al todavía inquilino de La Casa de los Perros de cualquier riesgo a su seguridad y la de su familia. La política dejó de ser sólo competencia: se volvió frontera.

Ese gesto tiene doble filo.

Por un lado, consolida una identidad: la del opositor frontal, el que no negocia, el que nombra lo que otros esquivan. En un electorado cansado de ambigüedades, esa claridad tiene valor.

Por otro, eleva la tensión a un terreno donde los márgenes se estrechan. Porque cuando la política se personaliza, el debate se reduce y el riesgo crece.

El PAN, en voz de Jorge Romero Herrera, respalda la apuesta. Habla de eficiencia administrativa, de datos que sostienen la gestión municipal, de un proyecto humanista que busca sumar a sectores diversos: jóvenes, empresarios, campesinos, migrantes. Intenta construir una alternativa amplia.

Pero la amplitud, en Zacatecas, tiene un límite evidente. La oposición sigue fragmentada.

Ayer lo mostró el PRI con su terna cerrada. Hoy lo confirma el PAN con su propio proyecto. Dos rutas paralelas que, por separado, no alcanzan a cruzar la meta. Dos apuestas legítimas que, juntas, serían competitivas. Separadas, son testimoniales.

La aritmética es brutal y conocida. Pero la política, otra vez, se resiste a aceptarla.

Porque unir implica ceder. Y también, claro está, negociar candidaturas, espacios, protagonismos. Involucra, sobre todo, renunciar a la idea de que uno solo puede ganar.

Y esa renuncia, en política, es la más difícil.

Varela Pinedo avanza. Tiene visibilidad, estructura en construcción y ahora, posiblemente, un vehículo ciudadano que amplifique su mensaje. No es poca cosa. Es, incluso, una estrategia coherente.

Pero no es suficiente.

Porque en 2027 no bastará con tener el mejor discurso ni la mejor estructura parcial. Hará falta algo más simple y escaso: capacidad de sumar.

Zacatecas se acerca a una elección donde todos se preparan para competir, pero pocos parecen dispuestos a ganar juntos. Y en esa contradicción se juega el resultado.

Porque al final, la política no castiga la falta de ambición. Castiga la incapacidad de compartirla.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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