CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
La oposición todavía no tiene candidato. Tiene dos coordinadores, dos partidos que se miran de reojo y una mesa nacional donde, según dicen, habrá de resolverse quién llevará la bandera de la alianza en Zacatecas.
El PRI ya puso su ficha sobre la mesa. Adolfo Fito Bonilla fue presentado por Alejandro Moreno como coordinador de los Defensores de Zacatecas y el priismo estatal cerró filas alrededor de él.
El mensaje fue deliberadamente claro: el tricolor tiene candidato, estructura y voluntad de competir.
Pero el PAN no parece dispuesto a recoger las fichas de la mesa y marcharse.
Miguel Varela Pinedo también es coordinador de su partido en Zacatecas. Y, a diferencia de lo que algunos intentan instalar, no ha anunciado que vaya a ceder el paso a Fito Bonilla. Tampoco ha cerrado la puerta a una alianza. Ha dicho algo bastante más incómodo: esperará la decisión de la dirigencia nacional y, si el PAN encabeza, espera que el PRI tenga la misma generosidad que él ofrece si la candidatura corresponde al tricolor.
No es una amenaza. Es una negociación. Y quizá ahí esté el verdadero problema.
Porque mientras los equipos políticos empiezan a vender la idea de que Fito es ya el candidato natural de la oposición, los números cuentan otra historia.
La última medición de Rubrum coloca a Morena en 29.7 por ciento de intención de voto; al PRI en 20 y al PAN en 19.3. La diferencia entre priistas y panistas es de apenas siete décimas, dentro del margen de error reportado de 3.8 puntos.
No hay, pues, un propietario evidente de la oposición. Hay dos partidos prácticamente empatados. Y dos hombres que saben perfectamente lo que eso significa.
Fito tiene el respaldo público de la dirigencia nacional priista. Varela tiene detrás a la dirigencia nacional panista y, por si alguien lo había olvidado, gobierna la capital del estado. Ahora aparece además en Aguascalientes, junto a dirigentes nacionales y figuras panistas, en un momento en que Tere Jiménez ha mostrado cercanía política con su proyecto.
La fotografía importa. No porque una fotografía gane elecciones. Nunca lo hace. Importa porque muestra dónde están buscando refugio los actores cuando todavía no existe una candidatura común.
El discurso oficial habla de unidad. La realidad habla de negociación.
Y aquí aparece la parte más delicada: la decisión podría terminar tomándose en las cúpulas nacionales. Varela lo ha dicho públicamente. Incluso ha aceptado que, si el acuerdo nacional determina que Zacatecas corresponde al PRI, respaldará esa definición.
Pero también ha dejado claro que, si corresponde al PAN, espera que Fito y el priismo hagan exactamente lo mismo. Ahí se sabrá cuánto pesa realmente la palabra “alianza”.
Porque aceptar una coalición cuando uno encabeza es fácil. Lo difícil empieza cuando toca perder la candidatura. Y esa prueba todavía no llega.
El PRI tiene razones para sentirse fuerte. El PAN también. La encuesta no permite establecer una superioridad contundente de uno sobre otro. Mucho menos permite suponer que los votos de ambos partidos se sumarían automáticamente como si fueran piezas de Lego. La política no funciona así. Los electores tampoco.
Por eso resulta prematuro declarar vencedor a Fito o dar por derrotado a Varela. La batalla apenas cambió de escenario.
Ya no se trata solamente de quién tiene más simpatizantes en Zacatecas. Se trata de quién tendrá la capacidad de convencer a su partido de que ceder puede ser más rentable que competir solo.
Morena ya tiene coordinadora. Verónica Díaz Robles ocupa ese lugar y el partido comienza a ordenar su maquinaria rumbo a 2027.
La oposición, en cambio, todavía tiene que resolver una pregunta mucho más sencilla y mucho más difícil:
¿Quién está dispuesto a no ser candidato para que la alianza sobreviva? Ahí empieza la verdadera negociación.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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