OSVALDO ÁVILA TIZCAREÑO
Desde nuestro nacimiento como organización política, hemos tenido claro que la naturaleza de nuestra lucha contraviene los intereses de quienes tienen el poder económico y político, toda vez que con facilidad coinciden los propósitos de ambos entes, cebándose sobre los humildes que son por quienes luchamos.
Sobre los primeros no resulta difícil entenderlo, pues su propósito es acumular riqueza, y en la sociedad capitalista esta sólo se puede incrementar mediante la explotación de la clase obrera, por ello al encabezar reivindicaciones mínimas de los trabajadores, comerciantes o maestros, se contraviene a los deseos de atesoramiento desmedido, resulta obvio entender las acciones represivas o los ataques de este sector cuando ven en riesgo sus intereses.
En relación a los Gobernadores, Presidentes o funcionarios públicos en general, pareciera que aquellos que hablan del pueblo en una campaña y dicen sólo trabajar en beneficio de las mayorías, en la práctica divorcian las palabras de los hechos, pues al recibir algún reclamo o exigencia ciudadana, de inmediato vienen las justificaciones, excusas y ataques para no atender.
Se entiende también que en muchas de las ocasiones, al llegar algún reclamo al poder público los funcionarios se desorbitan y se pone al descubierto la vanidad personal o la cerrazón a colectivizar las decisiones gubernamentales, pues se considera que es facultad de la autoridad decidir el destino de los recursos; y cuando acuden los “molestos antorchistas” les cambian los planes a los señores o interceden en sus determinaciones, por tanto resulta explicable, (aunque no racional, ni justificada), la resistencia a resolver las peticiones ciudadanas o los ataques emanados desde las oficinas gubernamentales, pues con facilidad los incondicionales se lanzan con todo para defenderlos y negar soluciones, aduciendo oscuros intereses o lanzando las peores calumnias.
En suma, el poder político y el económico, coinciden para frenar al antorchismo o para deslegitimarnos y justificar la falta de solución a las peticiones expuestas por la organización.
La embestida aniquiladora emprendida por el anterior Presidente de la República, que repitió una y otra vez aseveraciones sin aportar ninguna prueba, acrecentaron el núcleo de incondicionales que repiten hasta lo mismo hasta el cansancio, e incluso se puede demostrar que se crearon en las redes sociales perfiles falsos o “anónimos”, que calumnian y descalifican sin mostrar el rostro, pues el anonimato ayuda a ensuciar y desprestigiar a quien consideran un enemigo, sin dar la cara.
Por tanto, al encabezar las legítimas demandas de nuestros compañeros, de inmediato se manifiestan los elementos anteriormente mencionados y particularmente los últimos: bots y fanáticos irracionales se lanzan con todo para deslegitimar nuestra gestión.
Esa táctica ha adquirido impulso en los últimos días, ya que con motivo del inicio de año los antorchistas zacatecanos hemos acudido a presentar los pliegos petitorios a distintos municipios; hasta ahora en Vetagrande y Trancoso, donde una comisión de ciudadanos desfilan por la calle y al llegar a la sede del gobierno municipal solicitan respetuosamente interlocución con el Alcalde y la recepción formal de la petición. Tales acciones han provocado de inmediato reacciones en las redes, que más que contestar tales improperios me interesa traer a cuenta algunas reflexiones que sustentan nuestra labor:
1. Nuestra lucha no es capricho de los líderes, o estrategia electoral para adquirir posiciones futuras (el león cree que todos son de su condición), en una sociedad inequitativa donde existen múltiples carencias: colonias sin servicios, escuelas precarias, sectores de la población que no acceden a las políticas sociales, pueblos en el olvido y así un largo etcétera, por tanto, más que atacarnos deberían aplaudir nuestra labor, pues a través de ella se identifican las necesidades y sirve como válvula de escape ante el malestar social.
2. Nuestra actividad está amparada en la Carta Magna, que consagra el derecho de asociación y permite la libre manifestación, convendría que dejen de lado el sectarismo y entiendan que son derechos consagrados; y si no les agrada nuestra existencia, muy simple, que las mayorías en el Congreso se quiten la máscara y deroguen esas leyes.
3. Apostando a la máxima de “calumnia que algo queda” se repiten aseveraciones falsas y fantasiosas para deslegitimar: se nos acusa de invasores, ladrones, flojos e intermediarios que pretenden apropiarse de recursos públicos. No se aportan pruebas, solo dichos, conviene aquí recordar que desde siempre la entrega de los programas la efectúan de forma directa los funcionarios luego de cumplirse la normatividad, y que además los líderes no pedimos nada a título personal, que sea directa o como gusten y manden, pero que se incluya a los mexicanos organizados en nuestro movimiento que también tienen derecho a ser atendidos.
Lo anterior es un apretado resumen de lo que acontece en días recientes en las redes sociales y en palabras de algunos opinadores, deben saber que tal circunstancia no nos amedrenta, por tanto, nuestras jornadas continuarán porque nos asiste la razón y el derecho, pues los municipios ya transitaron en su primer año de ejercicio, y se equivocan si consideran que calumniando vamos a arredrar. Una vez más viene a cuenta aquella frase de V.I. Lenin contenida en el ¿Qué hacer?: “Marchamos en grupo compacto, asidos con fuerza de las manos, por un camino abrupto e intrincado. Estamos rodeados de enemigos por todas partes, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego”. Así hemos caminado desde siempre, apretemos el paso, más temprano que tarde venceremos.
Sobre la Firma
Columnista social con formación y militancia
osvaldo_avila@hotmail.com
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