JUAN DEL REAL SÁNCHEZ
La reciente polémica sobre la titulación de la coordinadora de la 4T en Zacatecas coloca sobre la mesa una discusión que va mucho más allá de una persona o de un partido: ¿qué tan importante es la honestidad con la que quienes ejercen cargos públicos presentan su trayectoria?
De acuerdo con información difundida recientemente, Díaz obtuvo su título y cédula profesional como licenciada en Administración de Empresas el 2 de octubre de 2026. El cuestionamiento surgió porque documentos públicos anteriores la identificaban como licenciada, mientras que hasta fechas recientes no aparecía una cédula profesional registrada. Lo mismo se le pide al presidente municipal de la capital y de Fresnillo.
Hay que hacer una precisión fundamental: no tener una licenciatura no impide, por sí mismo, ocupar un cargo de elección popular. Tampoco convierte automáticamente a una persona en incapaz para gobernar. El problema comienza cuando alguien se atribuye públicamente una profesión o utiliza un título profesional sin tener derecho a ello.
La legislación de Zacatecas establece expresamente como infracción ostentarse o actuar como profesionista sin tener esa calidad, y el artículo 228 del Código Penal estatal contempla incluso el delito de usurpación de profesión en determinados supuestos.
Por eso, el debate no debería ser clasista ni reducirse a quién tiene más diplomas. El verdadero tema es la congruencia y la confianza pública.
Todos tenemos el derecho de votar y ser votados, con independencia de nuestro nivel académico. Pero también tenemos la responsabilidad de decir la verdad sobre quiénes somos y qué credenciales tenemos.
Sobre la Firma
Jurista, académico y dirigente de Movimiento Ciudadano.
delrealjf@gmail.com
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