PABLO PEDROZA
Algo no está funcionando bien, ya sea en la realidad o en la cabeza de David Monreal Ávila.
Mientras las mediciones lo colocan casi permanentemente como uno de los gobernadores peor evaluados del país, él vive en su propio mundo feliz.
Sus declaraciones —con esa sonrisa entre socarrona y cínica que lo caracteriza— fueron emitidas el lunes pasado en Fresnillo, ante un cuestionamiento del portal Hablando Claro Fresnillo. Rumbo a su vehículo, el mandatario fue abordado por un reportero del medio, quien le preguntó sobre las críticas que, horas antes, había formulado el diputado con licencia José Narro Céspedes, al advertir que no deseaba que el gobernador interviniera en el proceso electoral de 2027.
Y ahí nos regaló, probablemente, una de las declaraciones más desconectadas del año.
Pero no cantemos victoria. Entre minimizar el tema y hablar como si Zacatecas fuera un mundo mágico y lleno de color, al más puro estilo Disney, David deja claro que el año apenas comienza y que todavía puede sorprendernos.
El gobernador parece vivir desconectado de la realidad que muestran las cifras y las críticas que recibe. Ahí están los famosos ejes tractores que siguen sin encontrar el rumbo prometido. Ahí está también su libro Zacatecas, una Esperanza —que él mismo reivindica como propio—, con el riesgo de convertirse más en el recuerdo de promesas que en el balance de resultados. Y también está el calendario: el mandato concluye el 11 de septiembre de 2027 y la administración ha entrado en la etapa en la que la planeación de la entrega-recepción deja de ser una tarea lejana para convertirse en una obligación inmediata.
Mientras tanto, Ernesto González Romo, secretario de la Función Pública y responsable de coordinar ese proceso, difícilmente puede darse el lujo de vivir en ese mismo optimismo. Ordenar el cierre de una administración exige mucho más que buenos deseos.
Sin embargo, el gobernador fue más allá:
“La gente se ha portado muy bien, sabrá reconocer, sabe evaluar; siempre le he tenido mucho respeto, mucho aprecio, mucha gratitud al pueblo de Zacatecas. Luchamos mucho para estar y por eso no puedo fallar. La verdad, nos ha ido muy bien y nos va a ir mejor.”
Sí, ciudadanos de estas tierras: ese es el personaje que David interpreta. Llegó al cargo gracias a otro. Anunció que sería “David El Grande” y hoy, convertido en el principal promotor de Verónica Díaz, corre el riesgo de terminar recordado como “David El Chico”.
Dirá lo que quiera —poco serio, como suele mostrarse—, pero el estado que observan los zacatecanos dista mucho del que describe el discurso oficial. Y cada gesto del mandatario alimenta la percepción de que su prioridad ya no es sólo defender el balance de su gobierno, sino influir en la sucesión política que se avecina.
Por si quedara alguna duda sobre hacia dónde apunta su corazón político, basta observar el video de la entrevista cuando afirma: “Yo creo que todos están haciendo un buen esfuerzo; que sea la mejor.”
¿A quién se refiere cuando habla de “la mejor”? ¿A Geovanna Bañuelos, a Zaira Villagrana, a Julia Olguín o a Verónica Díaz?
La respuesta, probablemente, no esté en sus palabras. Estará en sus actos.
De Salida
UNO. ¿Y si sí…? De veras llega alguien que le dé otra cara Zacatecas.
DOS. ¿Y si sí…? Logramos encontrar motivos de alegría y celebración porque ya no hay que ir tras desaparecidos para regresarlos a sus familias.
TRES. ¿Y si sí…? Es posible mejorar superar el camino sin fachos de derecha ni de izquierda. En serio podríamos, como ciudadanos, concientizarnos de ello.
Sobre la Firma
Columnista con experiencia pública y mirada crítica.
pablorafael1966@gmail.com
BIO completa


