La Caída de Gadafi

Hace apenas unos días una revolución derribó a Hosni Mubarak, el viejo gobernante egipcio que durante 30 años gobernó su país con una mezcla de autoritarismo, modernidad y pragmatismo. Hoy el líder libio Muamar el  Gadafi, que hace 41 años llegó al poder, enfrenta la rebelión de su pueblo con una brutalidad nunca antes vista.
Durante muchos años fue un cercano aliado de la Unión Soviética, financió movimientos guerrilleros, revolucionarios y terroristas en varias partes del mundo.
También se dio a conocer por su vestimenta estrafalaria que incluía su gusto por disfraces y sus costumbres exóticas como viajar siempre acompañado por decenas de mujeres guardaespaldas supuestamente vírgenes montadas en camellos. Cuando sale al extranjero lo hace en varios aviones e instala campamentos beduinos.
Llegó al poder en 1969 al frente de una rebelión del ala izquierda del Ejército en el que era coronel. Se presentó al mundo como seguidor ideológico del presidente egipcio Gamal Abder Nasser, ambos hablaban de un nacionalismo árabe que tenía como fin último crear una sola nación, muy parecido al discurso bolivariano de Hugo Chávez. Pero Nasser murió muy pronto, con sólo 14 años en el poder, probablemente de tristeza por su derrota en la guerra de los seis días contra Israel.
Gadafi plasmó su personal teoría política en El Libro Verde que publicó en tres volúmenes: La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo; La solución del problema económico: el socialismo, y El fundamento social de la Tercera Teoría Universal.
Creó un régimen tan particular que los manifestantes ni siquiera pueden pedir su renuncia porque en sentido estricto no ocupa ningún cargo de gobierno. Sólo se hace llamar líder de la revolución. Afirma que si algo sale mal en el país, la culpa es del pueblo porque él humildemente ya entregó el poder absoluto a las masas desde la instalación de la Jamahiriya, supuestamente un estado democrático de masas.
Durante muchos años Gadafi fue un símbolo revolucionario. Amigo de Fidel Castro, la Unión Soviética y Yasser Arafat. Libia sirvió de refugio para entrenamiento de guerrilleros de muchos países. Se enfrentó a los Estados Unidos a tal grado que Ronald Reagan se empeñó en destruirlo por medio de bombardeos aéreos a sus palacios en los que murieron miembros de su familia.
En los últimos tiempos el viejo dictador se dedicó a reinventarse. Se hizo amigo de José María Aznar a quien regaló un caballo. Visitó Roma para abrazar a Silvio Berlusconi. Apareció junto con Hugo Chávez en eventos internacionales. Sus hijos han estudiado en Europa y Estados Unidos. George W. Bush levantó el embargo contra su país y le dio la bienvenida como hijo pródigo a la comunidad de países civilizados.
Gadafi dio la vuelta al mundo para presumir que Libia tiene el producto interno bruto más alto de la región. Su régimen permite la igualdad de la mujer, el crecimiento económico ha permitido a muchos jóvenes acceder a educación superior y las  ventas de petróleo le permiten contar con un ejército moderno.
Sin embargo, la rebelión de estos días ha demostrado quien es Gadafi. Ni revolucionario, ni estadista maduro. Simplemente un dictador que no ha dudado en utilizar aviones para bombardear las calles de sus propias ciudades. Ha contratado a cientos de mercenarios africanos para que masacren a sus opositores casa por casa. No duda en combatir manifestaciones pacíficas con balas y cañones de tanques.
Su gobierno se cae a pedazos. Han renunciado altos mandos militares, el ministro del interior y la mayoría de sus embajadores y funcionarios diplomáticos en todo el mundo. Pero el dictador se niega a ver su propia realidad y afirma que morirá como un mártir masacrando a los rebeldes hasta el último momento de su vida.
El año apenas empieza, pero 2011 pasará a la historia como el 1968 de Europa Occidental y América Latina y el 1989 de los regímenes comunistas. Los dictadores árabes han caído en rápida sucesión ante las ansias de cambio de sus pueblos. La gran lección para los mexicanos es que los pueblos son, a pesar de todo, los dueños de su destino y aunque su paciencia puede ser grande, no es infinita.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *