Inseguridad y desaprobación popular

GABRIEL CONTRERAS VELÁZQUEZ 

En la última evaluación bimestral que México Opina y SDP Noticias realizaron acerca del desempeño de los gobiernos estatales, Alejandro Tello encontró el descenso más pronunciado en los niveles de aprobación ciudadana, hasta ahora registrado en su quinquenio.

Habíamos dicho aquí el pasado 16 de mayo (La Legitimidad Negada) que el contador concluía el 2016 con un porcentaje aprobatorio dentro de la franja de votos (en proporción a la lista nominal) que cosechó en la pasada elección: 31.6% de la población avalaba su gestión, de un universo del 37% de ciudadanos que votaron por su proyecto.

Hacia el primer bimestre del año, Tello perdió una mínima de respaldo al colocarse en 30.8% de la aprobación popular. Luego, a finales de abril (segundo bimestre), el mismo sondeo le concedió el 33% del apoyo entre quienes coincidían con su modelo de gobierno. Hoy, los datos concernientes a la calificación de los meses de mayo y junio ponen al contador contra las cuerdas del desgaste por la percepción de inseguridad en la entidad.

Apenas el 16.3% de los zacatecanos encontraron motivos para ratificar el apoyo a la gestión del zacatecano, justo durante el desarrollo de la crisis de inseguridad (mayo y junio) por el incremento de la tasa de homicidios dolosos que obligó al Ejecutivo a replantear la política de seguridad pública, comenzando con el relevo del titular en la secretaría del mismo nombre.

También habíamos apuntado aquí el pasado 20 de junio (Froylán, la esperada renuncia) que la reacción del Ejecutivo en medio del proceso de deterioro de su imagen al cargar con los negativos del General Brigadier en retiro estuvo marcada por una concepción política anticuada en la que los cambios de gabinete debían de ajustarse a los tiempos del informe de gobierno.

Alejado de la realidad que percibía la población que ahora reprueba su gobierno, Tello escuchó a quienes cuidaban las formalidades y minimizaban la incertidumbre y desconfianza que la sociedad percibía del ambiente enrarecido donde, día tras día, los homicidios se convirtieron en la constante –situación ahora agravada por la clonación de patrullas de los cuerpos de seguridad, y la serie de secuestros de los elementos de las corporaciones municipales y estatales.

No fue sino hasta que, en el pleno legislativo, a inicios del mes de junio, un exhorto de la oposición para realizar los cambios al frente de la Secretaría de Seguridad, con un manejo político descuidado, acelerara el ritmo de la toma de decisiones para favorecer la salida de Froylán Carlos, quien ponía la política de prevención por encima de la estrategia de contención.

A ello hay que sumar la batalla frontal que el gobernador encabezó a contracorriente de las percepciones públicas de inseguridad (confirmadas en la reciente Encuesta sobre Seguridad Urbana de INEGI), con notoria insensibilidad, al intentar implantar un mensaje -en el momento menos oportuno- en el núcleo de los hogares para que los padres de familia tomaran responsabilidad por educar a potenciales delincuentes.

Tello intentaba persuadir al público de modificar sus esquemas de educación y transmisión de valores, en momentos en donde las familias y la sociedad entera atestiguaban cómo los grupos de la delincuencia rebasaban a las instituciones del estado e imponían su ley en distintas regiones de la entidad.

Era el momento menos pertinente para justificar el incremento de los homicidios dolosos por la falta de valores familiares. Ese desplazamiento horizontal en la comunicación de un fenómeno delicado, soslayando la responsabilidad y verticalidad de la ejecución de las políticas de seguridad, la sociedad lo recibió con rechazo y un dejo de negligencia de parte del gobernador electo con un tercio de los votos en las urnas.

Los resultados de la evaluación de México Opina están ahí para asumirlos: 8.4 de cada 10 zacatecanos no consciente la gestión del contador Tello. El dato cobra mayor relevancia en ciernes del proceso electoral 2017-2018, la madre de las batallas electorales, ahora recurrentes, y que tiene a las autoridades electorales en vilo, tratando de mantener legitimidad después de que los comicios en el Estado de México y Coahuila se decidieron por un margen menor al 5% entre el primero y segundo lugar, y los gastos de campaña pudieran modificar los resultados en las casillas.

En el ambiente estatal y nacional se respira aún desconfianza por la actuación parcial de las instituciones electorales e inconformidad por los resultados ofrecidos y no entregados en seguridad.

La gestión del contador Tello debería proponerse llegar al proceso electoral con margen de aprobación más amplio. La numeralia de la última elección en Zacatecas (gobernador) arroja que el partido en el gobierno, sin coalición con el Verde Ecologista y Nueva Alianza, fue vencido por el Movimiento de Regeneración Nacional en al menos 6 distritos electorales.

En juego: la aprobación del Ejecutivo estatal, pero en las urnas del 2018.

Twitter: @GabrielConV

 

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