OSVALDO ÁVILA TIZCAREÑO
Los grandes cambios históricos no son obra exclusiva de individuos excepcionales, sino resultado de las circunstancias sociales y de la acción colectiva. Ningún líder, por brillante o inteligente que sea puede transformar por sí solo la realidad, es decir, detrás de cada movimiento capaz de cambiar el rumbo de una sociedad existe un pueblo que participa, se organiza, sostiene la lucha y siempre pone a los mártires.
Algunas interpretaciones de los movimientos revolucionarios del mundo atribuyen el triunfo a las cualidades personales de los héroes, como la inteligencia, el valor y las virtudes individuales, sin embargo, esta visión deja de lado un elemento fundamental: los individuos son, ante todo el resultado de sus circunstancias, que a su vez son producidas por las relaciones de producción que se establecen entre las clases sociales de un modo histórico determinado.
Cuando una persona logra dar un paso al frente e incidir en un proceso histórico, es porque existen condiciones materiales y sociales que hacen posible su participación. Es decir, las circunstancias no son un elemento secundario, sino la base sobre la cual se construyen las posibilidades de transformación.
La Independencia de México permite ilustrar esta idea. Miguel Hidalgo y José María Morelos encabezaron etapas fundamentales de la lucha por la independencia, pero su participación no habría sido suficiente sin el respaldo de quienes se incorporaron al movimiento con valor y determinación. Detrás de ellos estuvo el pueblo, cuya intervención fue indispensable para sostener la lucha. Tras de nuestros héroes estaban campesinos esclavizados, sin derechos y despojados de sus tierras que se armaron con machetes y piedras para liberarse del yugo español.
El proceso no concluyó con la muerte de sus primeros dirigentes. Hidalgo y Morelos murieron antes de que se consumara la Independencia, en 1821, después de once años de lucha. Vinieron otros líderes que continuaron el movimiento, pero también lo hicieron respaldados por la participación popular.
La historia muestra así que el liderazgo individual puede tener un papel relevante, pero no sustituye la fuerza de la acción colectiva. Las revoluciones no dependen únicamente de quien encabeza un movimiento, sino de la participación del pueblo oprimido y despojado quienes la hacen posible y le dan continuidad hasta lograr el objetivo planteado.
Esta reflexión conserva vigencia frente a los problemas de la sociedad actual. Los antorchistas tenemos claro que la preparación teórica y la convicción profunda de los líderes sociales son cualidades determinantes para la conducción del proceso revolucionario, y aunque esto es importante, por sí solos, los individuos no pueden superar todas las dificultades ni modificar las condiciones que afectan a una comunidad.
Nosotros sostenemos que se necesita organización y voluntad compartida para incidir sobre la realidad, porque por muy grandes que sean las capacidades de una persona el esfuerzo individual tiene límites, por eso en Antorcha impulsamos la unidad y la acción colectiva como motores del cambio histórico en favor de la clase social desposeída de México
Sobre la Firma
Columnista social con formación y militancia
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