PABLO PEDROZA
Es obvio por la reacción de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que, en la Secretaría de Gobernación, en el despacho de la presidencia, y en el de Zoé Robledo nadie habla danés, hablan el vario pinto caló de la cuarta transformación que minimiza todo y rara vez da causa a algo.
De entrada, la presidenta, en La Mañanera del Pueblo, rechazó que las protestas se debieran a falta de materiales o que existiera una movilización generalizada en todo el país.
Tiene razón, en todo el país no, aunque al día de ayer ya circulaba en medios y redes las inconformidades en 12 entidades, entre ellas: Ciudad de México, Chihuahua, Veracruz, Michoacán, San Luis Potosí, Coahuila, Hidalgo y Puebla, donde los trabajadores del IMSS que han protestado han sido violentados, incluso arrestados por cuerpos de seguridad, por exigencias que los benefician a ellos y a nosotros.
Los que hoy protestan y son tratados como vándalos son trabajadores del IMSS que hacen lo que pueden con lo que tienen, que sortean falta de materiales, de medicamentos en condiciones de trabajo que al final todos sufrimos.
Piense usted en toda la gente, tal vez incluido el que lee, que tiene que esperar horas o días en una silla o camilla para recibir la atención necesaria para salir medio avante en situación de precaria salud.
De esos hombres y mujeres más de cuatro mil ya no están, especialistas, enfermeras, laboratoristas y empleados de unidades médicas no alcanzaron a protestar, murieron durante la pandemia, cuando para lucirse a sus costillas les llamaban héroes y hasta hubo reconocimientos.
Para que entremos en conciencia de las condiciones en que resistieron esos muertos, en la revista Corriente Alterna de la UNAM, se registró en el 2021:“La cifra de trabajadores de la salud fallecidos por Covid-19 en México supera en 140% al número de casos registrado en Estados Unidos, el país más afectado por la pandemia a nivel mundial, en donde han fallecido mil 698 especialistas, según los registros de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), del gobierno estadounidense.”
“Eso quiere decir que en México murió un trabajador de salud por cada 59 trabajadores enfermos de Covid-19, mientras que en Estados Unidos esa proporción es de uno por cada 304 enfermos.
“Las estadísticas profesionales de la salud afectados por Covid-19 en México, divulgadas por la Secretaría de Salud federal, revelan que 240 mil trabajadores del sector han contraído la enfermedad entre 2020 y 2021”.
Esta inconformidad y protestas tuvo su chispa el 8 de octubre, tras un fallido diálogo en la Secretaría, donde no se habla danés sino caló cuatrotero.
¿Qué piden los trabajadores del IMSS?: mejora salarial en un 10%, medicamentos suficientes y materiales y condiciones de trabajo para llevar a cabo su labor.
¿Le parece a Usted demasiado?
Zoé Robledo ha salido ya a hablar de las bondades y hechos en su estancia como director del IMSS. Dice que el IMSS tiene 511 mil trabajadores, surtimiento de recetas al 94% y para el 6% restante, pone a la orden una dirección electronica mediante la cual su medicamento le llegará en 36 horas.
En mi esperiencia personal como usuario del IMSS pasaron dos meses y mi medicamento nunca llegó. ¿Cuántos así en el IMSS?
Desde 2019 se han incorporado 109 mil nuevos trabajadores, entre ellos 28 mil de enfermeria y 39 mil médicos especialistas.
El IMSS de Zoé ofrece un 6.8% de aumento (2.9 al salario tabular, el dinero constante y gastable para su bolsillo y 3.9 en prestaciones, sin decir cuáles). Eso sí, llama al diálogo democrático, lo que eso signifique para él, pero sobre las protestas y las actuales condiciones de trabajo no dijo nada.
Además del rollo de Zoé, los trabajadores han tenido como combustible la postura de si líder sindical nacional quien ha descalificado a la base trabajadora.
En la pandemia los llamaron héroes. Como siempre, tapando con la justificación que permita mantener un ánimo pro-morenista o claudista, saldrán los antolinis (trovadores mesiánicos de un mundo que sólo se mantiene entero en sus cabezas), que no les importa dejar la empatía hacia médicos, enfermeras y demás personal que integra el IMSS para defender con todo al agrietado muro morenista que entre procesos internos y loas a su indifamable mundo van como llanta en precarias carreteras o caminos de Zacatecas.
Como siempre que hay una chispa en la pradera, Claudia abandona Palacio Nacional para viajar por el país cual boy scout en busca de la respuesta a la pregunta que llega a su puerta, casi siempre de forma acalorada irá a constatar, para el circo mediático, si lo que dicen los inconformes es cierto, como justificación a modo.
En dos días, si gana la inconformidad, habrá mergamarcha y manifestación de trabajadores de todas las delegaciones del país sobre algo básico para ellos: aumento salarial, materiales y condiciones suficientes para la atención y servicio médico.
El sistema de salud, mejor que el de Dinamarca, queda en un alarido ezquizofrénico de Andrés Manuel López Obrador al que sólo le alcanzó para una inútil megafarmacia.
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Columnista con experiencia pública y mirada crítica.
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