jueves, octubre 15, 2026
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El pueblo bueno y el pueblo malo

JACOBO CRUZ

Resultado de la polarización social que puso de moda “ya saben quién”, es decir, el expresidente Andrés Manuel López Obrador,  hoy tenemos al pueblo bueno y al pueblo malo. El pueblo bueno es aquel que calla ante los excesos de los gobernantes en turno y lo hace por su pobreza.

Es la parte de los ciudadanos que reciben algún apoyo monetario de los impuestos de todos los mexicanos, se ven en las filas inscribiéndose en las becas, pensiones o apoyos; y luego abarrotan el banco del bienestar. Es la gente que tiene que ir a llenar los actos oficiales, aplaudir a los eternos candidatos y callar ante los excesos del partido guinda y sus amigos, que se han especializado en negar o minimizar hechos evidentes de corrupción donde están presuntamente involucrados altos funcionarios, gobernadores, diputados, senadores y presidentes municipales.

¿Y el pueblo malo?

En este nutrido grupo está no sólo la oposición, como se califica a los partidos que disputan el poder a Morena y que en todo caso tienen el derecho de hacerlo por ser instituciones legalmente establecidas para representar a una parte del pueblo de México (que acude a las urnas a elegir a los representantes populares mediante el voto), porque tenemos una sociedad democrática que tanto se presume a todo el mundo.

Parte del pueblo malo es el gremio periodístico de México que investiga, cuestiona y denuncia los excesos del poder (exponiéndose a todos los riesgos derivados de su profesión), y esto no es nada exagerado. Los datos duros sobre el ejercicio periodístico en México son escalofriantes: desde el año 2000 a la fecha se han documentado 181 asesinatos de periodistas con posible relación a su labor informativa, y en lo que va de este 2026 ya se contabilizan 8 periodistas asesinados, incluyendo casos recientes como el del fotógrafo Ricardo Zúñiga Rosas en Puebla.

¿Y saben quiénes son los principales agresores? El informe anual Estructuras del silencio de Artículo 19 señala que históricamente las autoridades y funcionarios públicos representan casi el 45% de las agresiones contra la prensa, superando incluso al crimen organizado. Tan solo en el último año completo evaluado se cometieron 451 agresiones, un ataque cada 20 horas, perpetradas en un 44% mediante amenazas, campañas de desprestigio en redes sociales y discursos oficiales estigmatizantes.

El pueblo malo, es también el médico, enfermera o camillero que de denuncia que no hay gasas, medicamentos ni estudios en los servicios de salud pública, una medida que obliga a los derechohabientes a endeudarse para curarse sus males en los hospitales privados que cada día compran aparatos modernos, arreglan sus edificios y contratan a los mejores médicos para curar a los pacientes, mejor dicho, a los clientes, porque tratándose de una empresa privada allí todo servicio es una mercancía que la compra quien tiene el dinero.

Lo es el maestro que pide que se arreglen los salones que se gotean, que exige baños dignos en las escuelas públicas donde se educa la mayoría de los mexicanos; son los activistas defensores de áreas naturales que se oponen a que la industria llegue a instalarse y contamine el medio ambiente compartiendo sólo pobreza y destrucción. .

Lo es todo aquel ciudadano mínimamente informado que cuestiona el ejercicio del poder, que opina (aunque sea en las redes sociales), que las cosas están mal en el país y que ahora Morena está reprimiendo y censurando; o al menos recibe el ataque masivo y directo de los bots del bienestar mediante empresas financiadas con el erario.

En este grupo heterogéneo también están los antorchistas, aquel sector de personas que antes de que llegara la 4t al poder ya luchaba por obras de infraestructura social básica, es decir, que mediante la gestión en los tres niveles de gobierno exige que se destinen recursos para la construcción de hospitales, carreteras, escuelas, espacios deportivos dignos para el buen desarrollo de la niñez y juventud.

Y Antorcha también tiene a sus mártires: Vlady, Meche y Conrado asesinados en Guerrero, Manuel Hernández Pasión asesinado en Huitzilan de Serdán, Puebla; y en el mes de junio pasado fue amenazado de muerte Josué Elías Velázquez Bonilla, Presidente constitucional de Huitzilan de Serdán, Puebla, por encabezar un gobierno progresista de la mano del antorchismo nacional.

Esos del pueblo malo son los peligrosos que hay que señalar, perseguir, encarcelar o asesinar por ser un estorbo para el sistema imperante.

A todos ellos, seguramente les queda claro que con Andrés Manuel López Obrador las cosas empeoraron, que los lamentables acontecimientos y el aumento del número de víctimas fue la consecuencia de la polarización que López Obrador sembró entre el pueblo de México. López Obrador igual se lanzó contra activistas sociales, en contra  defensores de derechos humanos, periodistas, magistrados de la Suprema Corte; o contra funcionarios del INE o INAI, pues le estorban e indirectamente se les va quitando del camino.

El actual gobierno sólo da continuidad a las políticas que heredó del sexenio anterior, está claro que la presidenta quedó muy comprometida con el exmandatario y el poderoso grupo que lo llevó al poder en 2018.

Y como los problemas nacionales e internacionales se han exacerbado se siguen fortaleciendo las ayudas económicas, programas estrella de López Obrador-Sheinbaum que son el corazón de la política gubernamental del segundo piso de la transformación, en cambio no se ha logrado la paz, tranquilidad y trabajo que urgen en México.

¿Qué pueden hacer los mexicanos? Estudiar la realidad, conocer los fenómenos políticos y sociales y organizarse para que con la fuerza de su número puedan defenderse de los poderosos, que una vez que llegan al gobierno se olvidan del pueblo que los eligió y con el respaldo del estado se vuelven los enemigos de la gente que dicen representar.

Sobre la Firma

Ingeniero, docente, voz del antorchismo.
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