Los mareos de Mario: la falaz conspiración contra Zacatecas

MIGUEL ÁNGEL REYES

Arrastrando un profundo y lastimoso síndrome de deslealtad, de la vulgar falta de compromisos, haciendo un caso totalmente indolente a los preceptos de la Cuarta Transformación, Mario Delgado Carrillo, el voraz y pseudo dirigente nacional de Morena, cual jovencita quinceañera encinta que busca una protección maternal disfrazada de hipocresía, para que le ayuden a parir un proyecto que nacerá sietemesino, es ya visto como un hereje y traidor y, en su traición, se ha obsesionado en responder a los intereses más impuros muy contrarios a los de todos los zacatecanos.

Cuando menos se lo esperaba, Mario Delgado se le ocurrió venir a Zacatecas, encerrado en un pusilánime terror en el momento menos indicado, pues unas horas antes la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le exigió el expediente completo sobre la dañada encuesta con la que validó un triunfo mezquino y subordinado a una marca, no a un partido ni a la opinión de la militancia, ni mucho menos tomar en cuenta a la dirigencia estatal, como fue su compromiso de unas semanas antes. Buscó la salida fácil y cobarde.

Las mentes perversas desde la corrupción política y que mutan conforme a los intereses económicos y acuerdos oscuros teledirigidos desde una oficina del Senado de la República, no tienen ya cabida en el estado de Zacatecas; sin embargo, la militancia de a deveras lo espera para que venga a explicar sus motivaciones que lo orillaron y presionaron, junto con una caterva de ladrones, a tomar tal decisión y limpiar un proceso interno que en estos momentos se encuentra en terapia intensiva, gracias a “su vulgar ambición” (se vio en su propio espejo) de sostener un movimiento ya desterrado y enterrado en nuestra entidad.

En tanto, los aún precandidatos de Morena a la gubernatura del estado: José Narro Céspedes, Luis Medina Lizalde y Ulises Mejía Haro -éste último ya vencido y que se conformará con que su padre Antonio Mejía le negocie migajas- no ceden ni lo harán para que de buenas a primeras acepten una imposición que refleja el espíritu carroñero de unas huestes monrealistas disfrazadas de cordura, de voluntad de negociación, de lealtad y de respeto a la militancia como lo quiere hacer ver el pregonero de un triunfalismo malbaratado y espurio como Mario Delgado.

Y no es que se quiera decir que lo que pasa en Zacatecas es una situación inédita; digamos que ya se veía venir un cochinero como el que Mario Delgado originó al recibir las órdenes de sus patrones políticos y, en respuesta a la imposición, ya tuvimos en Zacatecas dos acontecimientos que, por un lado, muestran el músculo político de las bases de militantes de Morena y del Frente Popular de Lucha de Zacatecas (FPLZ), el último justo en su aniversario número 47, como rechazo a la voraz legitimación y el enojo mostrado con dos grandes caravanas vehiculares, en las que participó la militancia de cerca de 45 municipios del estado y arropando al ‘testarudo’ Narro.

Y sí, como lo dijo el propio senador luego de la visita fugaz y rapaz de “Mario el Pordiosero”: “los zacatecanos tenemos ambición de Justicia, de sacar de Morena a los corruptos; de dar la voz a los militantes, mientras dirigencias insensibles los ignoran. Tenemos la ambición de acabar con la imposición. Nuestro presidente nos enseñó el camino. No olvidamos nuestras luchas a su lado contra la violencia institucional que hoy se quiere instalar en nuestro partido. Somos ambiciosos, pero ambiciosos de justicia, de erradicar la corrupción desde las cúpulas maquiavélicas”.

Pero llegó el autoritarismo, el incómodo rencor de marginar a los que piensan diferente, a los que no están de acuerdo en una sintomatología de enfermedad cancerígena que quiere sentar sus reales en nuestro Zacatecas: sí, el autoritarismo que viene con una malformación intrauterina y rodeada de una carcoma que se niega a ser extirpado de Zacatecas.

Pero llegó y se fue (Mario Delgado) con el miedo, el temor, con la insípida moral que lo traiciona; con el rencor envuelto en una carta a Santa Clos y redimido a una mojigata intolerancia que no le permite actuar con honestidad y sin traicionar sus propios principios, porque eso le han enseñado las huestes de aquel lado: a seguir robando, mintiendo y traicionando… porque se ha convertido en un porro más de la falsa 4T.

Este remedo de presidente, éste norteado defensor de la ignominia, éste que repta, culebrea a los pies de los dueños de Puebla del Palmar, se le requiere en Zacatecas, aunque lo pensará dos veces antes de volver a venir alimentar una conspiración manchada de violaciones y agravios, abusos y deshonestidad, mentiras y traiciones, y a marearse cual quinceañera encinta para tratar de dignificar un proceso electoral que desde ya hace rato, lo tiene metido en una encrucijada, de esas que dan asco y a la vez lástima, por el entreguismo podrido a una cúpula partidista que vomita odio y “una vulgar ambición” de repartirse el pastel completo. Zacatecas lo espera señor Mario Delgado Carrillo…