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AMLO: sus cortinas de humo, cifras y confrontación

SARA LOVERA

En las últimas semanas la trampa del patriarcado es discutir, de cara a los medios, de qué tamaño estadístico es el problema gravísimo, la pandemia de la violencia contra las mujeres. Hemos caído en el garlito. Yo creo que debemos evitarlo y reflexionar.

Tenemos un presidente y un régimen que se crece en la arena pública cuando se trata de crear espacios de confrontación. No hay forma de que el régimen actúe de otra manera.  Es como su sello de nacimiento. Muy parecido a la explicación de cómo funciona el patriarcado. Y el machismo que necesita siempre con quien medir su fuerza.

Así que bien preocupada por lo que sucede. Los dichos y la confrontación, como cortina de humo, ante la crisis que vivimos, una situación muy grave, de múltiples efectos. Uno, el más grave, es el sanitario. Si logramos salir de la pandemia, no sabemos los resultados en materia de salud, de recomposición del sistema o su empeoramiento. Muy grave no saber con transparencia cuáles serán los pendientes, de una enorme lista de necesidades: el asunto de los cánceres femeninos; la mitigación de la diabetes y los impactos diferenciados entre hombres y mujeres; la vacunación masiva, no sabemos si creció o no la crisis de sarampión que asomaba por allá por enero, etcétera.

El otro gravísimo problema es el de la economía. ¿En qué creer? Desde los anuncios angustiantes de que al final tendremos 12 millones de nuevos pobres o los anuncios optimistas del gobierno de que antes de diciembre habrá 2 millones de empleos más. A quién creer qué es o no catastrófico lo que sucederá con la productividad, el cierre de empresas o se trata, como dice el presidente, de exageraciones del empresariado. Lo que parece cierto es que habrá consecuencias económicas en todo el sistema del mundo, todo capitalista.

Agreguen ustedes un parámetro en materia de salud mental, resultado de la angustia, el miedo, el encierro en cuarentena, la pérdida de educación presencial, la impronta de una convivencia en millones de hogares, difícil de calificar. Y encima la evidencia de la recarga emocional y física para millones de mujeres, quienes, además, de perder su trabajo, viven situaciones desestabilizadas y de distintos niveles de violencia.

Me parece que hay una estrategia de bolas de humo. Una puede ser esa discusión de las cifras. Por eso me parecen tan importantes algunas iniciativas de legisladoras, del Congreso Nacional y los Congresos locales que tienen que ver con no detener las demandas de las mujeres, en el terreno de la violencia y la impunidad, hay crecido o no, sabemos perfectamente que es muy alta y muy grave, hace mucho tiempo.  De la misma manera muy importante parar los intentos de echar atrás los avances. La iniciativa en Nuevo León por conculcar el aborto, no se ha dejado de lado por feministas y legisladoras.

Más importante que la discusión de las cifras es que no se cierren programas ya presupuestados. Están al pendiente algunas diputadas y muchas feministas. Ese es un problema central, porque el cierre de programas específicos ha sido una tentación materializada y peligrosa del gobierno actual. Recuerden el tema de las estancias infantiles; el cierre de los programas de cánceres femeninos y el intento de desaparecer los refugios para mujeres violentadas. Se suma ahora la falta de los recursos para las Casas de la mujer indígena o Afromexicana. Es decir, asuntos que, en la nueva realidad, pueden sufrir daños irreparables. Centrarnos en ello, es fundamental.

Al mismo tiempo, como lo hemos hecho sin eco hace más de 30 años en el tremendo fenómeno de la violencia machista. Logramos, antes de la pandemia, hacerla completamente visible. Tenemos que seguir denunciando la impunidad y la simulación. Tal es el caso de la campaña de justicia para María del Sol, asesinada en junio de 2018 en Juchitán, Oaxaca, por mencionar un asunto que duele personalmente, pero como el de ella y el sufrimiento de miles de madres, no puede obviarse, dejar que lo banalice la política y el dicho del primer mandatario del país, que ya sabemos no entiende nada.

Es importante pensar cuánto estarán batallando las mujeres del régimen. Algunas de nuestras aliadas antiguas. Pensemos que tejen, ponen valladares y están solas. Otras, dentro del gobierno, son las de siempre aliadas del patriarcado, ni cómo ayudar, ni como cambiarlas. Así que debemos estar muy atentas para salvar todo lo que se pueda de los programas que nos han costado años.

Hay más. Cómo enfrentar la intolerancia los medios de comunicación, poblados de mujeres y buenas periodistas, hoy en la mira del poder, consideradas conservadoras por no aplaudir al presidente de la República. No podemos hacer esto a un lado.

Tras la pandemia, si hay un detrás, tenemos que pensar en formar una fuerza que logre la justicia para todas las Ma. Del Sol del país, que cierre los intentos depredadores de la política de género que ha horadado a todas las instituciones del pasado, ahora inconvenientes. Hacer fuerza porque el cierre de los fideicomisos también afecta la creatividad de miles de mujeres; la investigación científica, algunos programas en educción y otros en las nuevas energías limpias.

Ello requerirá de mucha fuerza. No son suficientes, aunque importantes, los desplegados y las campañas donde nuestras voces pueden influir. Ahora requerimos con toda seriedad profundizar en cada asunto. No tengo idea cuántas parturientas se infectaron en estos días, ni cuántas mujeres no han contado con los medicamentos para el cáncer de mama, ovario o cérvico uterino; no sé cuántas sufrieron crisis mentales y por la cuarentena no han sido atendidas.

En lo ideológico, donde trabaja diariamente el presidente Andrés Manuel López Obrador, con cuatro conferencias de prensa al día, usando todos los medios públicos, reduciendo los tiempos oficiales para los partidos políticos. Este es otro foco rojo, expresado claramente en el caso de Notimex, ni hablar. La estrategia de las cortinas de humo nos ha invadido.

Mientras, ya lo verán, mientras los que menos sufren son las y los políticos que serán beneficiados por el gobierno -ya sabemos dónde van los contratos- y aquellos otros, los que detentan el gran capital, los de siempre, los que, reconvertidos por la pandemia, siguen con su dinero depositado en los bancos extranjeros, y con sus bienes resguardados. Veremos.









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