Con Estados Unidos, de lo surreal a lo patético

MARIA DEL SOCORRO CASTAÑEDA DÍAZ

Indudablemente, los hechos que se han suscitado esta semana respecto a la relación de los gobiernos de México y Estados Unidos tienen de todo: van de lo surreal a lo patético, pasan por lo divertido y terminan por ser definitivamente preocupantes.

Debo decir ante todo que en estos tiempos de redes sociales, en que hay un auge del uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) se ha llegado a límites impresionantes en los que parece que da lo mismo hacer anuncios a través de los medios formales que usando el teléfono inteligente. Es el caso de Donald Trump, a quien por muy presidente de Estados Unidos que sea, alguien debería prohibirle el uso indiscriminado de Twitter, porque, al paso que va, uno de estos días nos puede dar un susto de dimensiones impredecibles.

Por lo pronto, el pasado 30 de mayo, el presidente estadunidense tuvo una de sus geniales ocurrencias y una vez más a través de su cuenta de Twitter hizo un anuncio francamente amenazador para nuestro ya de por sí maltrecho y preocupado país. “El 10 de junio, Estados Unidos. impondrá un arancel de cinco por ciento a todas las importaciones que lleguen desde México, hasta que los inmigrantes ilegales dejen de llegar a nuestro país”[1].

Luego de este golpe del que es testigo en tiempo real todo el mundo conectado a Internet, lo primero que se me ocurre es preguntar si Andrés Manuel López Obrador todavía piensa que las redes sociales son “benditas”.

Para Trump seguramente Twitter es una obsesión, como tantas otras que aparentemente tiene y que refleja en sus mensajes escritos y verbales. A la fecha, el hombre tiene 60.8 millones de seguidores en todo el mundo, y hace mucho tiempo que emplea dicha red social como su instrumento favorito para emitir sus mensajes. Al parecer, al presidente del país vecino no le agradan las cadenas de televisión, excepto Fox News, y obviamente la prensa ni la mira, porque la considera “la moribunda industria de los periódicos”[2].

Como sea, a partir de su tremendo mensaje, que refleja su intransigencia hacia la presencia de personas migrantes indocumentadas en el país que gobierna, Trump ha puesto de cabeza al gobierno mexicano.

Lo que creo que se nos está olvidando es que sólo siete días antes, el funcionario más fifí de la administración federal, Marcelo Ebrard Casaubon, fue con toda la ilusión y las buenas intenciones a presentar al Departamento de Estado de Estados Unidos el plan de desarrollo para Centroamérica de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Dicho documento muestra un plan que tiene como objetivo que Guatemala, Honduras y El Salvador, países expulsores de migrantes indocumentados, tengan la posibilidad de formar parte de la región económica norteamericana.

Pero desde el inicio la cuestión parece que no le interesó mucho al gobierno de Estados Unidos y en lugar de que fuera el jefe del Departamento de Estado, Mike Pompeo, quien recibiera a Ebrard y su propuesta, fue John Sullivan, el número dos de esa área del gobierno de los vecinos del norte quien lo atendió[3]. Total, que nuestro canciller regresó sin pena ni gloria y probablemente lo que menos esperaba era una respuesta tan drástica a una propuesta que evidentemente no será tomada en cuenta, así que ni por error Estados Unidos desembolsará los mil millones de dólares para ayudar a los gobiernos centroamericanos. Obviamente el plan presentado fue insuficiente, como al parecer lo han sido también las acciones de la actual administración federal, no obstante que, durante su visita al país vecino, Ebrard haya informado que en estos momentos hay 24 mil migrantes centroamericanos en México, de los cuales unos seis mil han sido devueltos a nuestro país y han presentado solicitudes de asilo, pero deberán esperar atención a éstas en territorio mexicano. En realidad, hay que considerar que la situación en las fronteras mexicanas en este momento no es de lo mejor, y que, a decir verdad, se hace lo que se puede ante un fenómeno de lo más complicado que obviamente no se resuelve de la noche a la mañana, mucho menos sin recursos y sin la colaboración internacional.

El tema es que para Donald Trump no es suficiente y por lo mismo, decidió emitir el mensaje amenazador que, sin embargo, ha encontrado sólo amorosas, por no decir desconcertantes y casi ridículas respuestas por parte de nuestro mandatario.

Vamos por partes, porque tampoco es que toda la respuesta sea incoherente. En lo que tiene razón el de Macuspana es en su afirmación de que “los seres humanos no abandonan sus pueblos por gusto sino por necesidad[4]”. También es cierto que ha propuesto desde el inicio a Estados Unidos “optar por una cooperación para el desarrollo y ayudar a los países centroamericanos con inversiones productivas para crear empleos y resolver de fondo este penoso asunto”. Digamos que, en este sentido, el mandatario mexicano dio una respuesta más bien razonable que debería ser considerada por el simple hecho de que, efectivamente, hubo una propuesta concreta a la que todo parece indicar que nadie en el vecino país le hizo caso.

Otro de los puntos importantes de la misiva tiene que ver con una pregunta que el presidente mexicano hace a Trump y que encierra una gran verdad respecto al origen migrante de la nación que se ha autonombrado como la más poderoso del planeta. “¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío”.

Preciso y certero golpe a la política migratoria hostil de un país cuyo crecimiento mucho tiene que ver con la presencia de personas migrantes de todo el mundo, aunque vale decir que el problema ha sido, con el tiempo, el ingreso sin control de personas indocumentadas que han ciertamente han causado problemas y que ese quizá sea el problema más importante que debe enfrentarse y para el que Trump exige injustamente una solución unilateral, como si el gobierno mexicano fuera el único responsable de la cada vez más dramática situación.

Donde de plano se acaba el breve y raro ataque de coherencia de AMLO, es en una afirmación que honestamente no se puede sino poner en duda, dadas las circunstancias reales de quienes vivimos en este país y ya tenemos seis meses preocupados por una situación económica que no da buenas señales. Me refiero a un párrafo que, con todo respeto, da más risa que vergüenza, o quizá un poco de ambas reacciones: “No está demás recordarle que, en poco tiempo, los mexicanos no tendrán necesidad de acudir a Estados Unidos y que la migración será opcional, no forzosa. Esto, porque estamos combatiendo la corrupción, el principal problema de México ¡como nunca! Y, de esta manera, nuestro país se convertirá en una potencia con dimensión social. Nuestros paisanos podrán trabajar y ser felices donde nacieron, donde están sus familiares, sus costumbres y sus culturas”.

Es en serio, aunque usted no lo crea, eso le dice el Peje al presidente de Estados Unidos, como si estuviera dirigiéndose a uno de sus seguidores, o peor aún, como si siguiera en una campaña que lo obliga a convencer de las grandes posibilidades que su gobierno tiene y que convertirán a México en un paraíso en menos de lo que imaginamos. ¡Por Dios, señor presidente! Si ni siquiera una buena parte de los mexicanos le creemos, imagínese si Donald Trump va a tomar mínimamente en serio sus dichos casi electoreros. Indro Montanelli, un gran periodista italiano, decía que Berlusconi es un “mentiroso sincero” porque cree en las mentiras que cuenta. La verdad es que el concepto le queda como hecho a la medida a nuestro presidente. Lo malo es que esas mentiras en las que cree, se las cuenta ni más ni menos que al presidente de Estados Unidos en un momento de crisis.

Eso, aunado a una frase que parece completamente fuera de lugar, en términos de mera diplomacia. Un jefe de Estado no debería decirle a otro algo siquiera parecido a: “[…] y, por favor, recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato sino que actúo por principios: creo en la política que, entre otras cosas, se inventó para evitar la confrontación y la guerra”. Suena a bravuconada, con todo respeto, y a una bravuconada un tanto infantil. Parece que le está diciendo: “No soy cobarde, tengo con qué, pero si no te pego es porque hay que arreglarlo por las buenas”. Y sí, lo hizo, esto también es en serio.

Como sea, la situación comienza a ser preocupante porque se nota a leguas que Trump pretende darnos un buen susto. Las consecuencias de lo que podría pasar en el caso de que cumpla su amenaza el próximo 10 de junio, según algunos especialistas, son desastrosas, porque México podría entrar en recesión[5], y no se ve ni por dónde pueda comenzar un diálogo productivo que lleve a una solución.

Y es que luego de la carta, se prepara una delegación mexicana que se reunirá el miércoles 5 de junio con el secretario de Estado, Mike Pompeo, y con el yerno y asesor de Donald Trump, Jared Kushner. Lo malo es que, al respecto, Trump ya habló a través de su medio favorito y con un Twitter enfrió las esperanzas de los mexicanos: “México está enviando una gran delegación para hablar de la frontera. El problema es que han estado “hablando” desde hace 25 años. Queremos acción, no hablar. Ellos podrían solucionar la crisis de la frontera en un día si así lo desearan. ¡De lo contrario, nuestras empresas y sus puestos de trabajo estarán regresando a Estados Unidos”[6].

Y mientras, nuestro amoroso presidente tiene dos superplanes que no le pueden fallar, en caso de que la delegación, como parece que sucederá, fracase en su intento. En una segunda etapa, acudiría a tribunales internacionales de comercio, y, por si fuera poco, en una tercera fase, en caso de que los aranceles aumenten, tiene pensado un plan para impulsar la economía y resistir los embates del gobierno estadunidense[7]. Como se puede ver, no tenemos de qué preocuparnos, ¿verdad?

AMLO ha llamado a la unidad nacional independientemente de nuestras diferencias políticas, ideológicas, de nuestras corrientes de pensamiento y religiones y ha invitado a defender a México porque, dice, nuestro país no merece ese trato por parte de Donald Trump.

La situación es complicada, eso no puede negarse. Pero tampoco se puede poner en duda que el problema se complica porque se ha presentado en un momento en el que lo que menos hay en el país es unión y tranquilidad. Y no es mi deseo poner el dedo en la llaga, pero me estoy preguntando cuántas de las personas agraviadas con hechos y palabras, cuántos fifís y conservadores tienen buena disposición para “defender” al país, sobre todo cuando las respuestas del presidente que no eligieron no están a la altura de las circunstancias, particularmente considerando que, dirigiéndose a los estadunidenses, el de Macuspana tuvo la puntada de pedirles: “juremos que nada ni nadie separará nuestra bonita y sagrada amistad”. Ni hablar, en esta primera crisis internacional de su gobierno, el presidente de México sencillamente nos vuelve a quedar a deber. Y ahora sí, ni cómo ayudarnos.

 

[1] Disponible en https://www.lavanguardia.com/internacional/20190531/462576802105/trump-aranceles-mexico-eeuu-inmigracion-muro.html

[2] Disponible en https://elpais.com/elpais/2018/09/02/opinion/1535902392_382295.html

[3] Disponible en https://www.proceso.com.mx/585367/ebrard-presenta-a-eu-plan-de-la-cepal-para-contener-el-flujo-de-migrantes-centroamericanos

[4] Disponible en https://lopezobrador.org.mx/wp-content/uploads/2019/05/30-05-2019-Carta-al-presidente-Trump.pdf

[5][5][5] Disponible en https://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2019/06/01/5cf1b29afdddffbc368b4679.html

[6]Disponible en  https://twitter.com/realDonaldTrump

[7] Disponible en https://www.eluniversal.com.mx/nacion/politica/hay-plan-en-caso-de-que-eu-aplique-aranceles-amlo

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