Manolete en Zacatecas

JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX

Manolete era el hijo de un torero al que también apodaban “Manolete”, y de Angustias Sánchez, más conocida como «doña Angustias», que estuvo casada previamente con “Lagartijo Chico”, otro torero localmente afamado. De forma que la tauromaquia le venía de herencia y casi de obligación.

La máxima distinción que alcanzó en vida, fue haber sido designado con el título de «Cuarto Califa del Toreo»: es considerado por muchos como uno de los más grandes maestros de todos los tiempos. Su estilo, elegante y vertical, evolucionó el arte de la muleta, toreando de frente y citando de perfil. Llevó a la máxima expresión la revolución de José Gómez “Joselito” y la estética de Juan Belmonte, que habían transformado el toreo unas décadas antes. Si de algo puede hablarse sin controversia en la fiesta taurina, es de que hubo un «antes” y un «después» de Manolete: todos los toreros posteriores a el, sintieron su influencia y aprendieron creyéndose un poco «Manolete», el ídolo de las multitudes, que apenas estudió el arte que dominaba: pues nada más en junio de 1932 tuvo un breve paso por la escuela taurina de Buja lance en la ciudad española de Córdoba.

Tomó la alternativa el 2 de julio de 1939 en La Maestranza de Sevilla. Confirmó la alternativa en Las Ventas de Madrid el 12 de octubre de ese mismo año, aunque hubieron de pasar 5 más, para que cuajara la que se considera su mejor faena, al toro «Ratón» , durante la corrida para los periodistas, brindada al respetable en Las Ventas, precisamente. Su última actuación en el máximo coso del mundo fue el 16 de julio de 1947 en la tradicional Corrida de la Beneficencia, presidida por Francisco Franco. En su primer toro dio vuelta al ruedo y en el segundo es cogido por el astado: se levanto y continuó enfrentándolo hasta darle muerte, cortarle las dos orejas y entrar por la puerta de la enfermería.

No cabe duda de que en esa fecha fue herido de muerte, por lo menos en el corazón, pues su fallecimiento tuvo lugar a raíz de una cornada en la plaza de toros de Linares el 28 de agosto, apenas un mes después. Ese día se presentaba junto a Luis Miguel Dominguín -el más deseado por las mujeres, padre de Miguel Bosé, el artista- y el Gitanillo de Triana. El toro de nombre Islero, de más de 500 kilos de peso, le atravesó con uno de sus pitones el muslo derecho produciéndole una hemorragia incesante de la que ya no se repuso. Murió en la madrugada del día siguiente. Las únicas e impactantes fotografías que existen de la tragedia fueron tomadas por el reportero gráfico Paco Cano «Canito».

Manolete ya había hablado públicamente del retiro. Quería irse de los ruedos y colgar el capote ese mismo año. Lo hizo, sin embargo, no por propia voluntad. La muerte se lo llevó primero. El 15 de octubre de 1951, mas de 4 años después de fallecido, sus restos se trasladaron al Mausoleo de Manolete, realizado por el escultor Amadeo Ruiz Olmos, donde descansan en el Cementerio de Nuestra Señora de la Salud de la capital cordobesa.

La polémica sobre la muerte de Manolete está abierta: nuevamente ha vuelto a especularse sobre que se debió de manera indirecta no a la cornada, sino a una transfusión de sangre incompatible o, más probablemente, de plasma en mal estado que se le practicó en la misma enfermería de la plaza tras haber sido correctamente intervenido y haberse recuperado de la hemorragia que le causó la herida.

La vida de los grandes es siempre polémica: hoy todavía se culpa a su propia madre y a su amigo y albacea, Álvaro Domecq Díez, de impedir que Lupe Sino, su pareja, entrara a la enfermería y se consumara allí, la que era última voluntad del diestro: casarse con ella. Existen versiones de que ese impedimento no solamente era de su madre y de su albacea, sino del mismísimo general Francisco Franco dados los comportamientos morales y las ideologías de la dama en suerte.

Los toreros consideran de buena suerte, sin embargo -y un homenaje en si mismo- casarse en Santa Marina, la iglesia de la ciudad de Córdoba fuera de la cual hay un busto del torero mirando al templo. Muchas bodas de renombre (la de Finito de Córdoba, por ejemplo) han tenido lugar allí, con muy buena fortuna, hay que decirlo, pues el torero enamorado, que nunca tuvo la boda soñada pareciera, sin embargo, tener buena mano para bendecir matrimonios desde el cielo, en la que es una nueva leyenda que empieza a forjarse alrededor del matador, quien seguirá haciendo historia conforme las décadas pasen y su nombre, como su mito, crezcan más cada día.

Zacatecas, tierra de leyendas y de historias, guarda entre sus mitos la memoria de la actuación de Manolete en la Plaza de Toros San Pedro, donde hoy se ubica el hotel Quinta Real. No hay elementos para confirmar este hecho. Lo que si es real, porque existe una foto que da cuenta de ello en el restaurante taurino mas importante de México y uno de los mas bellos del mundo, es la amistad del torero con los dueños de la ganadería zacatecana de Torrecilla.

La foto citada, todavía puede verse en “El Taquito”, en el Barrio de La Merced, restaurante que está por cumplir cien años de vida –fundado cuando ese era el “barrio latino” de la ciudad de México, donde estaba entonces la Universidad Nacional Autónoma de México- Ese restaurante ha sido visitado por todos los toreros del mundo prácticamente. Estuvo allí para tomarse la foto el propio Juan Pablo II. La lista de las anécdotas que pueden contarse alrededor de este recinto es prácticamente infinita. Allí también se tomó la instantánea -la hizo un fotógrafo mexicano- donde se descubrió que Marilyn Monroe no era rubia: la noticia dio la vuelta al mundo. Pasaron por “El Taquito” en su momento, Gary Cooper, John Wayne, María Félix… una relación interminable de quien ha querido ir a ver y a ser visto en ese lugar atemporal y delicioso.

Con la familia de los dueños de El Taquito nos une un cariño especial. Falleció el patriarca de la segunda generación de restauranteros. Hoy van por la tercera, con Marcos Guillen a la cabeza, con quien -en una tarde de invitación gastronómica- descubrí la foto de Manuel Rodríguez, “Manolete” y don José Antonio Llaguno, en lo que pudo haber sido una visita a Zacatecas. No se muestra fondo alguno que identifique a nuestra tierra. Lo que es real, es que la participación de Manolete se dio con ganado de Torrecilla. En la insistencia del dato, hemos conocido la foto del propio Manolete con la familia Llaguno en los potreros de la ganadería. Manolete estuvo en Zacatecas, quizá no en una corrida de toros, pero si en una visita a esta tierra grande en bureles pero no en toreros.

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