Los gobierno de Zacatecas y el Distrito Federal

JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX *

Habían competido Cuauhtémoc Cárdenas contra Alfredo del Mazo y Carlos Castillo Peraza por el gobierno de la Ciudad de México en su primera elección, pues con el argumento de ser la capital de la República –como lo es Washington en los Estados Unidos- no era electo hasta entonces, el responsable de conducir la vida de casi 10 millones de ciudadanos.  Por aquellos ayeres, quien quedaba al frente lo era a resultas de una designación directa del Gobierno Federal para convertirse en un burócrata más, que acotado por las normas, podía permanecer en el encargo –como Ernesto P. Uruchurtu- el tiempo que el tlatoani mayor determinara.

La estructura administrativa de la Ciudad de México se asemejaba a la de una secretaría de estado, Los delegados de las demarcaciones tampoco eran electos y la toma de decisiones no estaba en el ámbito real de sus responsabilidades.

Cuauhtémoc derrotó2 a1 al PRI,3 a1 al PAN y se convirtió en el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, que no gobernador, estatus que aún se preserva a la fecha.

Sin Cámara de Diputados pero con una Asamblea Legislativa acotada, había que hacer que este monstruo de la administración funcionara con la eficiencia que requiere una de las ciudades más grandes del mundo. 117 mil trabajadores con 39 secciones sindicales, 11 tipos de nóminas –en virtud de que existían desde listas de raya cuando, por ejemplo, en una delegación alejada se descomponía una tubería, hasta 9 mil asesores y 13 mil funcionarios de jefe de departamento a jefe de gobierno-  Los salarios estaban homologados a los del régimen federal:  Jefe de Gobierno = a Secretario de Gobernación, Secretarios = a los Secretarios Federales, Delegados = Director General de la Federación, sin importar que se tratara de Ixtacalco, de la Delegación Cuauhtémoc o de Ixtapalapa, todos ganaban lo mismo, sin que valorar volúmenes poblacionales o retos a emprender.

Esto implicaba una gigantesca reestructuración y una reforma administrativa formidable, que debía pasar a la Asamblea en el tiempo más corto posible, para poder justificar salarialmente los nombramientos, que se extendieron de manera inmediata, sin saber los nombrados el salario que se les asignaría. Porque Cuauhtémoc Cárdenas definió tener emolumentos no superiores a los 70 mil pesos al mes, decapitando la curva salarial, lo que complicaba los tiempos y el trabajo de reorganización que debía hacerse en la administración de la Ciudad.

Yo fue nombrado Director General de Administración y Desarrollo de Personal. Tenía a mi cargo la relación con los sindicatos, la nómina, las adquisiciones y desde luego, el seguimiento de la relación del recurso humano, su capacitación, selección, etc.  Logré hacer, en 60 días, un tabulador donde los secretarios fueron clasificados en A, B y C según la dificultad de su encargo.  Las delegaciones tuvieron la misma clasificación, pues no era igual el trabajo en Ixtacalco que en la Cuauhtémoc.

Una vez hecha la reforma administrativa, elaborado el tabulador con la homologación de secretarios particulares, secretarios auxiliares, asesores, etc., pudo pasar a la Asamblea para convertirla en norma.

El gobierno de Zacatecas acaba de hacer una reforma a la Ley Orgánica que debió de haber transformado la administración pública de manera profunda.  Resultó una iniciativa de ley paupérrima, emitida por el gobernador y que “quién sabe quién” elaboró, debió pasar a la Cámara de Diputados para que el analfabetismo político la revisara.  Hoy es un ejemplo a la ineficiencia y a la confusión.  El Secretario General de Gobierno, por ejemplo, ha quedado convertido en Jefe de Brigada de “un cacho” de los trabajadores, cuando se trata del segundo puesto en jerarquía del cualquier régimen en cualquier lugar del mundo, puesto que los organigramas funcionales tienen al menos 5 niveles de mando en las administraciones públicas.

Aquí ha quedado todo al revés: Agrupados por bloque  los que nada tienen que ver entre sí, y sencillamente nombrado  uno de ellos como mando en un gabinete sin cabeza. Las jerarquías se han diluido.  Los aparentes responsables del primer nivel, tienen la misma autoridad real que los que están abajo y en ocasiones cuentan con un poder mayor estos últimos  que los otros.

Es de entenderse que los diputados, para poder haber hecho una pieza sinfónica, debieron conocer sobre Administración Pública, pero revise usted sus historias, y no hay nadie realmente con capacidad para examinar una propuesta global que ya venía del Ejecutivo, pero que bien pudo haberse perfeccionado a fin de contar con una estructura de gobierno moderna, funcional y eficaz.  La ignorancia hizo bolas el engrudo. Los que mandaban antes –que era poco- tampoco mandan ahora.  Quienes quedaron “mero arriba” no son atendidos por los de abajo.  Prácticamente el Secretario General de Gobierno ha quedado desaparecido del águila bicéfala anterior, para permanecer solamente el Gobernador como mando único.

Primero era la reforma administrativa como propuesta, que hubiera llegado como iniciativa al Congreso para que allí pudiera ser estudiado el documento para generar la norma, que obliga a los funcionarios y a los ciudadanos a cohabitar políticamente con mayor racionalidad.

La Reforma Administrativa y el tabulador salarial que elaboré  en 1997, aún prevalece en el Gobierno de la Ciudad después de 15 años.  Desde luego, conservo el documento como parte de mis vanidades profesionales de aquel infinito esfuerzo de un modelo hecho a la medida para la administración de la ciudad más grande del mundo.

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