Atropellos e indefinición en el Gobierno del DF

SARA LOVERA

¿Quién puede exigir resultados? Si sólo los nuevos gobiernos de la República, algunos estados y el Distrito Federal tienen apenas 50 días en el poder. Lo que si podemos es observar algunas inclinaciones, supuestos, anuncios, decisiones…y hay casos verdaderamente graves.

Hace casi cinco años el gobierno del Distrito Federal inició una aventura. Muy trascendente. La posibilidad de que los ciudadanos de la capital del país contaran con una televisora ciudadana y eficaz. Un medio de comunicación capaz de contar cosas, de evaluar situaciones, de ampliar los derechos de la libre expresión y un espacio de conocimiento y cultura.

Era una locura. ¿Cómo empezar? Hace muchos años, tal vez más de 20, en el Distrito Federal había una radiodifusora que por razones poco explicables se perdió. Cuando se planeó la construcción del Canal 22 de televisión, recuerden que se llama Televisión Metropolitana S.A. de C.V.,  se pensó como un medio para la capital y su región metropolitana. Las decisiones políticas la llevaron a ser lo que hoy es: una televisión cultural patrocinada por el gobierno de la República y dependiente de CONACULTA.  Nada que ver con su origen, pero un espacio sin duda de excelencia.

Los capitalinos tuvimos que recorrer un largo camino para solicitar a las autoridades de Comunicaciones un canal para la ciudad. El permiso o concesión a contrapelo de la lucha por espacios entre empresarios televisivos. Algo muy difícil si consideramos que el gobierno federal estaba en manos de Acción Nacional y en el DF, desde 1997, un gobierno perredista, de izquierda, con un proyecto democrático y ciudadano. Fue ese gobierno, en tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas el que comenzó a abrir espacios ciudadanos y de libertad que se han desarrollado por 15 años.

Pero la locura y aventura de iniciar una televisión,  por internet, fue eso. Prefigurar un medio para comunicarnos en el  Distrito Federal, para ser algún día  una televisión abierta. Esa locura estuvo llena de obstáculos, intereses externos que contribuían a sus dificultades y falta de voluntad política para llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias.

El Gobierno de Marcelo Ebrard dio el banderazo. Había que empezar haciendo y tramitando. Así nació Capital 21, el Sistema de Radio y Televisión Digital del Gobierno del Distrito Federal por internet. Surgiría también La Capitalina, una radio, igualmente por internet.  Con todo y a pesar de todo, pensando en construir algo viable y sostenible.

Comenzó sin presupuesto. Contó con el entusiasmo de la Dirección de Comunicación Social y la Dirección a cargo de Héctor Cervera, quien prestó, por así decirlo, instalaciones, un equipo sencillo y buscó por los medios modernos su trasmisión por internet; se construyeron y deconstruyeron diversas propuestas de programación, secuencia, cobertura de acontecimientos y un par de noticieros diarios.

Sin presupuesto, Cervera y un grupo de técnicos y periodistas entusiastas, se produjeron varias series, programas de acontecimientos y entrevistas  dentro de una barra conocida como periodística; trasmisión de productos de la sociedad civil y de algunas compañías. Pronto ingresó al proyecto de presupuesto el rubro de Capital 21, y con ello después de algún tiempo, se empezó a pagar al personal. A veces el pago llegaba a la mitad del año. Se jalaban –como se dice- recursos de diversos sitios, hubo hasta propuestas dislocadas, como la que un día nos ofreció la actual Secretaria de Desarrollo Social, Rosa Isela Rodríguez, tanto como la colaboración en especie del Consejo Ciudadano y otros muchos cooperantes.

El grupo encargado por Ebrard comenzó los trámites oficiales para obtener el permiso de una señal. Eso duró mucho tiempo. No parecía sencillo. Cuando se obtuvo hace como dos años, empezaron otros trámites, la colocación de la antena en un cerro, y eso significó conseguir la anuencia de ejidatarios o dueños de la tierra para contar con ese pedacito indispensable. Y conseguir el financiamiento para la antena misma.

En los corrillos interesados se llegó a decir que Capital 21 no existía.  Hubo quien se ufanó, sin fundamente, de ser el director de un proyecto que decía inexistente.  Pero ahí estábamos, amarrando, textualmente, hilitos de toda clase para producir, armar una videoteca, entrenar personal con muy poca paga, inventar los sets, muebles prestados, traídos de las casas de los funcionarios del canal, de los conductores de varios programas, etcétera.

A Capital 21, a través de sus espacios, llegaron toda clase de personajes varones y mujeres. Las y los conductores, profesionales de la televisión o el periodismo le daban vida. En tiempos de gran audacia, casi sin recursos, incluso periodísticamente fueron cubiertos, como se dice, o grabados miles de acontecimientos. A veces se lograban algunas cosas espectaculares, como ir a cubrir reuniones de mujeres en el extranjero, sin que nadie reconociera o apoyara decididamente el proyecto/aventura.

Nunca se inauguró oficialmente. Era una lástima. Una televisión pude ser una gran pantalla de participación ciudadana. Algunos reportajes fueron en los espacios capitalinos o en el extranjero y cotidianamente Capital 21 dio apoyo sistemático a proyectos gubernamentales y a promociones del mismísimo jefe del gobierno, como cuando él viajaba y desde Capital 21 se facturaban las imágenes que luego se retrasmitían en las televisoras comerciales. Etcétera.

Hubo en este tiempo dos sedes. La casa de Cervera en Coyoacán, casi tres años, y luego un “espacio prestado” en el Centro Cultural Futurama, administrado por la Delegación Gustavo A. Madero. Teníamos lo más elemental. El servicio de maquillaje era una mesa improvisada; los sets se armaron con tablas repintadas; se usaba mucha imagen de YouTube o películas y materiales de la sociedad civil.

Programas como Periodistas, Todas las Voces, Diálogos entre Mujeres, Plaza de Armas, Después de la Letra la Palabra, Jóvenes, 21noticias y otros 40 más, se fueron construyendo con ganas y cooperación. En 2012 incluso se instaló un consejo ciudadano para analizar contenidos y dar caminos. Se tuvieron que contratar empresas para tener al menos tres cámaras y un estudio. Un par de otras cámaras para los noticiarios y entrevistas especiales. Se conformó una idea de comunicación libre, a pesar de que  tuvo limitaciones tanto técnicas como de contenido y de producción.

Lo que hubo ahí siempre fue espacio, libertad de expresión y un proyecto  que fue lentamente abandonado por el gobierno. En los últimos años el pírrico presupuesto fue disminuyendo. El nuevo jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, conoció el asunto. Pero nada, este año el presupuesto fue nuevamente disminuido.

Se sabe, aunque nada es oficial, que hay nueva dirección, a cargo de Marcela Gómez Zalce, quien durante los últimos años fue jefa de la oficina de Marcelo Ebrard. Desde el 30 de noviembre se hizo cargo, una semana antes del cambio de gobierno, pero no ha sido presentada.

¿Pero qué pasa? Que esta funcionaria nunca se reunió hasta hoy con ese grupo de trabajadores y trabajadoras que construyeron la televisora. Esos que en la aventura se lanzaron a cooperar en un proyecto ambicioso que no tuvo nunca el apoyo requerido y sin más, las y los trabajadores viven la angustia, natural, de su futuro laboral; que están dispuestos a continuar con nueva dirección, pero que no son invitados al, si lo hay, nuevo proyecto. Es decir hay una indefinición total y sin explicación alguna.

La omisión es fenomenal. Lo peor es que las y los trabajadores contribuyeron, cargaron escritorios y cajas, para a la instalación de una nueva sede; esto es no hubo recursos ni para el cambio. La nueva sede se encuentra  en el centro histórico. En cambio, las y los trabajadores  son llamados a explicar qué hacen, cómo lo hacen,  pero sin contrato, algunos, muchos productores, sólo les han pedido sus datos y por todo reciben un mensaje: es probable que les llamen. Hace más de 20 días que la programación se repite. Se hacen castings para jóvenes muy jóvenes, se entiende, sólo de imagen. Decenas han acudido, imaginen que hay miles de desempleados en este ramo, por supuesto.

Como en los viejos tiempos del PRI, cuando sucede un cambio de gobierno, a todos los directivos se les pide una renuncia. Aquí ni renuncia ni nada. Silencio absoluto. Lo que contrasta con lo que sucede en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

En Canal 11, hubo un cambio, perfecto. Nueva directora, pero ¿Qué creen? El día del cambio se trasmitió un resumen de los avances del Canal 11 en los 12 años panistas, reconociendo que fue premiado y obtuvo gran independencia económica. El cambio fue terso y respetuoso, nadie ha sido despedido aún y las y los trabajadores tranquilos. Eso en el gobierno del antiguo régimen, que con frecuencia consideramos como autoritario.

En el Distrito Federal, el gobierno considerado democrático y socialmente progresista, nada. No hay política pública de un medio conseguido casi con sangre, ni respeto a sus trabajadores y trabajadoras. Una nebulosa de proyecto, ya que la señora Gómez Zalce, de casi nula experiencia en televisión, además de venir del despacho de Marcelo Ebrard, tiene como carta de presentación su experiencia en organizar espectáculos ya que trabajó en OCESA, una empresa subsidiaria de Televisa, que organiza teatro, conciertos y toda clase de centros de entretenimiento.

Es claro que el proyecto se ha desdibujado y no existen indicios de cuál será la política del gobierno del Distrito Federal para este caso, como otros, igualmente nebulosos como el del Instituto de las Mujeres; la política de Derechos Humanos y la que tiene que ver con la ciudadanía.

Lamentablemente tampoco parecen importantes para el nuevo gobierno los derechos de las y los trabajadores en tiempos de cambios administrativos y compromisos ciudadanos. Habrá que observar y dar seguimiento a tamaño asunto. Mientras tanto esperamos, y nos indignamos por el mal trato y la indiferencia.

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