Crisis empobreció más a trabajadoras y jefas de familia

CIMAC

México.- La crisis económica internacional redujo las oportunidades laborales para las mexicanas y centroamericanas en la industria maquiladora, y para las migrantes de la región en países desarrollados que trabajan en el sector servicios, advirtió la Red Internacional de Género y Comercio (IGTN, por sus siglas en inglés).
En su documento “Perspectivas Latinoamericanas sobre la crisis y sus impactos en las mujeres”, la IGTN señaló que en México y Centroamérica, donde la industria maquiladora demanda “significativamente” mano de obra femenina, la crisis profundizó la reducción de oportunidades de trabajo para las mujeres, toda vez que hubo una “migración de la inversión” a otras regiones.

Hasta 2004 en México, las mujeres representaban el 54 por ciento del personal no especializado en la industria manufacturera.

El análisis fue expuesto por Norma Sanchís, co-coordinadora para América Latina de IGTN, durante la 55 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que se llevó a cabo este mes en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos.
En su estudio, IGTN apuntó que la disminución de oportunidades laborales también afectó a las migrantes latinoamericanas que salieron de sus países en busca de trabajo, ya que debido al serio problema de desempleo en las naciones de desarrollo, muchas de ellas regresaron a sus lugares de origen.
Esa circunstancia provocó la disminución de las remesas que envían las migrantes a sus hogares por lo que se afectó de manera importante a varias economías de América Central y el Caribe.

Ejemplo de ello es que hasta el tercer trimestre de 2009 las remesas registraron una disminución anual de alrededor de 10 por ciento en países como El Salvador y Guatemala.

De octubre de 2008 al mismo mes de 2009 las remesas en México cayeron 16 por ciento, mientras que en Colombia la baja fue de 14.3 por ciento en los primeros siete meses de 2009.
La caída de las remesas afectó el ingreso de los hogares, especialmente de los más pobres y con jefaturas femeninas, donde el dinero que envían las y los migrantes se destina a alimentación, vestimenta, educación y salud.
Los países de la región implementaron medidas contracíclicas, cuya finalidad es ayudar a reducir el impacto de un ciclo económico que va a la baja, pero ignoraron la articulación de Estado, mercado y familias para la prestación de servicios de cuidado, capaz de disminuir la vulnerabilidad y exclusión.
En esta dinámica las más perjudicadas son las mujeres más pobres, quienes cumplen con dobles jornadas y tienen menos posibilidades de conseguir un empleo.

Ante el desfavorable panorama, es preciso impulsar las experiencias productivas de las mujeres de la región, así como la agricultura familiar en las comunidades indígenas y su participación en mercados locales, donde la relación es directa entre productoras y consumidores.

De acuerdo con la IGTN, además del beneficio económico, la amplia participación de las mujeres rurales y urbanas en estas actividades, llamadas prácticas autogestivas, “abre oportunidades y desafíos para el empoderamiento de las mujeres”.
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