SILVIA MONTES MONTAÑEZ
ULISES MEJÍA sabe que hay decisiones que cambian una carrera política. Otras, el destino de un hombre. Y algunas pueden cambiar la historia de todo un pueblo. Él enfrenta quizá el momento más difícil de su vida política: una encrucijada entre la lealtad, sus convicciones y la esperanza de miles de zacatecanos.
SIGUE firme. Contra todos los pronósticos y frente a una estructura política que parecía controlarlo todo, construyó un movimiento respaldado por la confianza ciudadana. Durante más de un año encabezó distintas encuestas rumbo a la gubernatura con ventajas cercanas al dos a uno.
DE PIE supo que el desenlace fue otro. Y quedó una pregunta inquietante: ¿cómo pudo revertirse en apenas tres semanas una tendencia sostenida durante tantos meses basada en trabajo y honestidad? Lo ocurrido significa una imposición que exige transparencia.
REPRESENTA Ulises lealtad a la Presidenta de México a quien respaldó cuando otros guardaban distancia y surge una pregunta: ¿hasta dónde debe llegar la lealtad cuando comienza a comprometer la dignidad? No debería significar someterse a los intereses de un grupo político local.
UN MOVIMIENTO apegado a sus ideales también puede defenderse desde otras trincheras y aparecen dos caminos: permanecer en Morena y alcanzar un acuerdo verdadero, con espacios, capacidad de decisión y futuro no un cargo para guardar silencio y permanecer donde mismo, sin ser parte de lo mismo.
LLEGÓ LEJOS y el otro camino es más incierto, pero quizá más trascendente: construir un frente amplio ciudadano, acompañado de otras fuerzas políticas. Vendrían críticas y acusaciones de traición. Pero ¿quién traiciona realmente sus principios?
QUÉ SIGUE Una interrogante ¿Quién cambia de partido para defender una causa o quien abandona a miles de ciudadanos para conservar una militancia? A veces, la historia exige cambiar de camino sin cambiar de convicciones. Ulises dijo alguna vez: «Yo ya no me pertenezco.
ES HONESTO podría elegir la tranquilidad, aceptar un acuerdo y esperar seis años. Pero hay oportunidades históricas que no regresan y esperanzas que, una vez apagadas, difícilmente vuelven a encenderse. Sería un error confundir su prudencia con debilidad, su silencio con resignación o su reflexión con derrota.
TIENE fuerza y perder una candidatura sería doloroso. Perder un movimiento, devastador. Pero perderse a sí mismo intentando alcanzar el poder sería la verdadera derrota. El destino político de Ulises Mejía está por definirse. El futuro de Zacatecas sigue abierto.
DIGNIDAD valor irrenunciable. Las páginas más importantes de esta historia quizá todavía están por escribirse pero cualquiera que sea el camino que elija, Ulises no pondrá a negociación su dignidad ni el propósito que lo ha llevado hasta aquí: regresarle la grandeza a Zacatecas.
Sobre la Firma
Periodista de oficio y carácter crítico que conoce el poder por dentro
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