Jerez… Miel y veneno a la vez

RICARDO EVODIO CABRAL VERA

Donde duela para que aprendamos

No pocas veces y en diversos Ayuntamientos hemos escuchado aquello de que para que la población entienda, hay que pegarle donde le duela que es en el bolsillo y sin más análisis que la teoría del coercitivo, se elevan multas a niveles que para algunas familias resultan impagables, aunque tienen razón en el sentido de que los infractores difícilmente lo volverán a hacer, pero no es la solución.

Pareciera que en este país, se copian mecanismos de captación de ingresos, de sistemas de primer mundo y se ponen en marcha sin considerar que la economía es tercermundista o posiblemente más abajo.

Y el municipio no ha escapado a esta tentación de pegar donde duele; la aplicación del Reglamento de construcción, que –hay que decirlo–, no lo inventó el actual gobierno, pero es el que lo está aplicando; los costos de los permisos para la feria que se dispararon de manera excesiva, aunque tampoco faltaron los interesados en cubrirlos y ahora, las sanciones anunciadas para el reglamento de tránsito, que de entrada suenan exorbitantes.

Ni de golpe ni a golpes

Nadie puede negar que Jerez vive un desorden vial absoluto, donde la corrupción a través de la llamada mordida, la anarquía, el influyentismo y hasta la falta de conocimiento del reglamento, han generado una descomposición absoluta, que requiere con urgencia de cambios profundos y, en ese sentido, la decisión de municipalizar tránsito, tomada por el Cabildo puede ser acertada.

Aunque no es un caso particular de Jerez, pues de acuerdo con datos recientes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), dentro de la percepción ciudadana, es la policía de tránsito la menos confiable en diversas partes del país.

Pero los cambios y sobre todo aquellos que son de mentalidad, no pueden ni deben presentarse de golpe ni a golpes y menos cuando a lo que se le pega es a la economía de los ciudadanos, entre los que empieza a haber un hartazgo de tener que pagar por todo, hasta por lo más elemental.

Desgaste de imagen menor

De acuerdo con números que arrojan ciertos sondeos, el acalde José Manuel Viramontes Rodarte se encuentra en buen sitio de aceptación política, el nivel de credibilidad que de forma natural baja conforme pasan los meses de toda administración, según algunas fuentes, se mantiene arriba de la media, respecto a algunos de sus antecesores.

Pero las cosas pueden cambiar y de hecho sus detractores que no han descansado en los dos años anteriores, intensificarán el nivel de descrédito conforme se acerquen los destapes y las elecciones, cualquier circunstancia, incluyendo las excesivas multas de tránsito, serán un buen motivo de grilla.

Autoritarismo y antipopularidad

Aunque ya se vio que esos toros le gustan al alcalde para darles de capotazos, no debe desestimar que uno pueda darle la cornada.

Seguramente la autoridad y su equipo de asesores tienen fríamente calculado el riesgo, pero desde nuestra percepción, no era del todo necesario, no al menos en la medida un tanto agresiva que se presenta.

Golpear la economía del particular, si bien puede ser una buena medida para hacer entender a la ciudadanía infractora, toma tintes de autoritarismo y lleva a la antipopularidad, así se tenga la razón. Es –por llamarlo de alguna manera–, rudeza innecesaria.

No existen condiciones urbanas

 Por otra parte, la infraestructura vial con que actualmente cuenta el municipio, no está preparada con lo mínimamente necesario para aplicar a rajatabla un reglamento surgido desde lo local y seguramente respaldado en la Ley Estatal, no puede ser de otra manera.

Pero para aplicar una norma, debe haber –en contraparte, un cumplimiento de parte de la autoridad que tiene además obligación de generar las condiciones para que todo transcurra de la mejor manera, pero en Jerez existe un atraso en la materia que debió resolverse  al menos en lo elemental, de lo contrario sólo tendrá objetivos recaudatorios y eso no resulta ser muy bien visto.

Sancionar a un conductor por no hacer alto en un tope, debería considerar el hecho de que ese bordo de los que hay cantidades absurdas en Jerez, cuente con un señalamiento visible o por lo menos estar pintado de acuerdo con los colores que las normas establecen, pero nunca se hace y cuando ello ocurre, utilizan materiales tan corrientes que en pocas semanas se despinta; lo mismo ocurre con los cajones para discapacitados, aunque en este caso no debe haber pretextos.

No se puede sancionar el mal uso de los semáforos cuando estos pasan la mayor parte del  tiempo descompuestos, o exigir respeto a los carriles de circulación cuando se tiene que adivinar la delimitación de los mismos.

La aplicación de toda ley y reglamentos menores, debe tener primeramente una fase de apercibimiento y concientización; pese a que, –hay que decirlo–, en materia de uso de cinturón, casco para motociclistas y circulación en el sentido correcto por parte de los ciclistas, son aspectos en los que se ha insistido demasiado a través de los años y se respetan por unos días, mientras prevalecen las sanciones, luego se olvida.

Pero valdría la pena insistir nuevamente e incluso aplicar una metodología diferente, que lleve a tomar conciencia del riesgo que se corre contra la integridad propia y la de los demás, antes de aplicar la dureza de las multas.

Sin embargo pareciera que por encima de lograr un cambio de mentalidad, de poner orden en la vialidad local, la verdadera urgencia de municipalizar la instancia, es la parte recaudatoria y la cero tolerancia anunciada, prevé que será de manera implacable.

Finalmente, son decisiones que se tienen que tomar, pero consideramos que  el trabajo de los nuevos agentes de tránsito no debe ser buscar con lupa las faltas e incluso provocarlas y forzar la culpabilidad de los conductores, sino más bien prevenir.

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