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María del Socorro Castañeda Díaz

El nueve ninguna se mueve. Por qué decir que sí

MARÍA DEL SOCORRO CASTAÑEDA DÍAZ

En esta ocasión, lo que pretendo reflejar en este espacio es mi profunda indignación porque al parecer, algunas personas en este país no han entendido muy bien que las mujeres tenemos una gran capacidad de discernimiento, que podemos distinguir lo genuino de lo falso, y que en realidad, la decisión de participar o no en el tan llevado y traído paro nacional es un acto de conciencia que pretende hacer visible la importancia que tenemos ya no digamos en el ámbito social y cultural de la nación, porque eso parece que no tiene trascendencia, sino más bien mostrar que también hacemos falta en donde al parecer duele más: en la economía de nuestro amado y muy patriarcal país.
En resumen, diferentes grupos feministas decidieron convocar a las mexicanas a un paro nacional que se realizará el próximo 9 de marzo, primer día hábil después de la conmemoración del Día de la Mujer. A través de las redes sociales, fue difundida la idea que finalmente tuvo mucho éxito cuando una colectiva de Veracruz decidió compartir una imagen en la que, en fondo violeta, se ven cuatro manos levantadas y la frase “el nueve ninguna se mueve”, rematada con el hashtag #undíasinnosotras.
La intención es que las mexicanas de todas las edades no asistamos a nuestros trabajos ni a las escuelas, y tampoco compremos nada. Además, se invitó a nuestros empleadores a no descontar el día a quienes decidamos participar.
Yo quisiera invitar a quienes tienen la paciencia de leer estas líneas a imaginar salir a la calle y ver que de repente las mujeres estamos desaparecidas. Seguro nos van a extrañar. Y eso que en México las mujeres todavía no tenemos un alto porcentaje de participación en el mercado laboral. Así, por ejemplo, en 2019 se reportaba que a pesar de que las mujeres representamos 48.9 % de la población económicamente activa mexicana, solamente cuatro de cada 10 estamos inmersas en el mercado laboral, mientras que ocho de cada 10 hombres trabaja[1].
Pero lo de las mujeres tampoco es por falta de ganas, aclaro. El gran problema es que muchas empresas al buscar personal, caen en el estereotipo de que nosotras potencialmente tenemos complicaciones de tiempo sobre todo porque debemos cumplir una doble tarea dentro y fuera de casa. Si tan sólo los señores contribuyeran en el trabajo doméstico, probablemente el estereotipo comenzaría a perder fuerza.
Además, tiene que ver con que, siempre siguiendo la misma absurda idea, son los hombres quienes más buscan empleo, particularmente porque nosotras, en muchos lamentables casos, tenemos casi que pedir la autorización de un señor (padre, marido, hermano) que nos diga que sí podemos trabajar fuera de casa. Y sí, estamos en el 2020, pero en México, en más de un sentido, parece que vivimos como hace 100 años.
Como sea, en el caso de que todas las mujeres cumpliéramos cabalmente con el ya mencionado paro, y decidiéramos no hacer absolutamente nada por un día, habría repercusiones en la economía, desde el momento mismo en que, aunque no estemos en el mercado laboral, dejaríamos de hacer el trabajo doméstico y, entre otras cosas, no saldríamos a comprar ni un solo producto que pudiera servir para realizarlo. Eso, sin contar con lo lindo que sería que las madres trabajadoras mexicanas, que son 73 por ciento del total de mujeres que tienen un empleo[2], decidieran así, con la conciencia del valor que tienen sus actividades, dejar de hacer todo tipo de esfuerzo, también dentro de casa, solamente durante 24 horas.
El problema es que no a todas les parece una buena idea, y para algunas, trabajar como siempre ese día es el ejemplo mayor de lucha que pueden dar. Respetable su postura, pues el paro no es obligatorio. Lo malo es que, de esa forma, mis congéneres dan muestra de que no tienen siquiera el mínimo grado de rebeldía y justo por eso, por no ser rebeldes, por quedarnos calladas, por años y años las mujeres, sin importar nuestra condición socioeconómica, hemos sido sometidas y violentadas en más de una manera.
Que cada una tome la decisión que mejor le plazca. Que si puede parar y no lo hace, esté convencida de las razones que la motivan a seguir trabajando, y si por el contrario, decide no moverse el nueve de marzo, lo haga plenamente consciente de la importancia que tiene su negativa a participar en la productividad de ese día.
Dice el señor Peje que en realidad, el paro nacional de mujeres es una trampa, que está orquestado por una derecha disfrazada de feminista, que no es que quieran apoyar esta manifestación, sino que están empeñados en hacerle un un desprecio a él, que es el centro del universo, la luz que ilumina este país y que entre otras cosas, determina hasta cuando tiene que cambiar de opinión la no primera dama[3].
El nuevo Rey Sol, por llamarlo de una manera menos ofensiva que su nuevo apodo oficial que no repetiré, dice que hay “mano negra” y que hay conservadores detrás[4]. ¿Sabe qué, señor presidente? Aunque sea usted omnipotente, esta vez le pido que, si no nos ayuda, al menos no nos estorbe. Muchas mujeres ya sabemos que para usted hablar de feminicidio es opacar los grandes logros de su gobierno, por eso ya no nos extraña nada cualquiera de sus declaraciones. De todas maneras, con su permiso o sin él, y aunque sea algo absolutamente intrascendente, yo ya tenía ya intenciones de parar.
Y bueno, debo decir, aunque a nadie le interesa, que ya tengo la “bendición” de mi centro de trabajo, que, como otros, benévolamente anunció que si quiero puedo unirme a la manifestación y me van a pagar el día. ¿Será que soy afortunada? No lo creo, porque en realidad esa decisión tan bondadosa más bien se antoja falsa. Sobre todo porque por ahí escuché la tremenda tontería de que en una de esas, a todos y todas nos permiten faltar ese día. Vaya, vaya. Entonces resulta que, si nadie va a trabajar, más que una protesta femenina va a ser un día de asueto para todos, y por supuesto, de esa forma no se va a valorar realmente la necesidad de que las mujeres estemos ahí, para realizar lo que nos toca y que sin nosotras probablemente no será tan sencillo llevar a cabo.
En una palabra, a lo mejor van a apagar toda la maquinaria para no ver (otra vez) cuáles son los engranes que faltan para hacerla funcionar. Bonita manera de ser solidarios. Ojalá me equivoque y esta posibilidad esté sólo en la mente distorsionada de alguien que no ha entendido el sentido de vivir un día sin mexicanas.
No haré una apología de la iniciativa. No me interesa. Se trata de una decisión individual que nadie tiene derecho a manipular en ningún sentido. Solamente puedo hablar por mí y explicar (aunque nadie me lo ha pedido) que en este momento es necesario tomar posturas, concretar acciones, actuar sin miedo mientras podamos. El paro no es una cuestión de partidos. Hay sectores políticos que bien harían en quedarse callados. El paro es mi derecho sacrosanto a hacer valer mi presencia. Y no, francamente no tengo intenciones de trabajar el doble para que me vean. No ese día. No es ignominioso dejar de trabajar 24 horas. Más bien diría que es un deber hacerlo, para que nos vean, para que se den cuenta de que estamos en una coyuntura importante que nada tiene que ver con tendencias políticas.
Hasta ahora, las mexicanas somos sólo visibles cuando nos matan, cuando nos violentan, cuando nos hacen daño. Mientras tanto, nadie, (muchas veces ni siquiera las demás mujeres) se digna darnos siquiera un momento de atención. Por eso voy a parar. Le guste a quien le guste. Le duela a quien le duela. Porque como ya lo dije hace una semana en este mismo espacio, a mí, como a muchas mujeres, ya se me acabó la tolerancia.

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