Jerez… Miel y veneno a la vez

RICARDO EVODIO CABRAL VERA

Urgencia por legitimarse

Nunca como ahora ha sido tan marcada la necesidad de legitimarse, tanto del que se va como del que llega, esto en referencia a los presidentes municipales, el que aun está en funciones y el electo.

El primero José Manuel Viramontes Rodarte, luego de que ninguno de sus candidatos alcanzó el resultado en el reciente proceso electoral, ha puesto en marcha el Plan B de su propuesta Jerez es Mejor, a través de una intensa campaña de difusión sobre las diversas acciones, especialmente en materia de obra pública. La estrategia de tipo mediático, incluye un comparativo de cómo era la situación antes de su llegada y cómo es ahora.

Se hace evidente la urgencia de que la memoria de la población no sea tan endeble como suele serlo cada fin de trienio y si bien no fue posible que ello se reflejara en el electorado el pasado 5 de junio, hoy por lo menos se busca un cierre que impresione y sobre todo que convenza y haga creíble el llevado y traído eslogan.

Cuidando la popularidad

Viramontes Rodarte, afronta de esta manera el desgaste natural que casi invariablemente se da cada tres años con respecto a la figura presidencial, ocasionada por el posible desencanto de algunos sectores no tan favorecidos con el gobierno en turno e incluso la molestia de quienes no vieron el beneficio de sus intereses.

A ello se agrega la incansable tarea de los detractores naturales u opositores al partido en el poder (en algunos casos hasta de su mismo partido), quienes –para variar—, tampoco en esta ocasión dudarán en echarle a perder el buen cierre de ejercicio que el alcalde y su equipo pretenden.

De alguna manera el propio gobierno le abona a que el cierre no sea de la manera que se plantea, con acciones fuera de toda lógica, como los despidos movidos más por actitudes de tipo visceral que por una razón justificada y es que siendo momentos poselectorales, una medida de esta especie siempre se asociará con venganza partidista.

En contraparte la obra pública no se ha detenido y se anuncia que vienen más recursos para el cierre de ejercicio.

La esperanza en el que llega

En la normal disyuntiva que se establece en la frase muerto el rey viva el rey, el gobierno saliente lleva siempre la desventaja debido a que al que se va, le restan pocas dádivas y promesas por repartir y regularmente deudas que ahora –se especula–, podrían ser más de lo acostumbrado.

En ese sentido llega mejor parado el que entra; cual juguete nuevo, alentando otra vez la esperanza que se reinventa cada tres años, pero siempre con una sombra de duda regularmente impulsada por los perdedores, con respecto a un proceso electoral, quizá no tan regular, aunque en algún sentido normal.

Pareciera que Fernando Uc Jacobo no tendría ninguna necesidad de legitimarse tras un triunfo contundente, que le permitió ganar con un número de votos suficientes, pero muy por debajo de las últimas elecciones y con una ventaja quizá no tan cómoda pero ya irreversible, sin embargo, también parece tener un plan para no enfriar el ánimo en las semanas que faltan para asumir el cargo.

Sin embargo deberá ser muy cuidadoso, tanto en la selección de su equipo, descartando toda duda de que todos sus colaboradores le serán impuestos o serán puros perredistas. Y por otro lado, es importante que no pierda el piso, como algunos aseguran que está ocurriendo.

El tiempo apremia

Sin siquiera haber rendido protesta y restándole un trimestre al actual Ayuntamiento, a Uc Jacobo se le acorta el tiempo y es que el ejercicio para el que fue electo, es sólo de dos años y muchos apuestan a que no le dará para mucho, sobre todo, por la creciente especulación de una deuda que pintan como impagable, no obstante que José Manuel Viramontes asegura que los pendientes económicos que heredará, serán muy por debajo de los que recibió, lo cual –de ser cierto–, sería casi nada.

Para el Ayuntamiento electo no puede haber tiempo de triunfalismos ni lamentaciones; el festejo debe darse por terminado y poner manos a la obra; lo reducido de su periodo no le permitirá el famoso año de aprendizaje ni el trimestre de acomodo que siempre se aduce, entre los meses de septiembre y enero.

Contrario a ello, debe estar trabajando desde ahora, aun sin ser gobierno y su gabinete tendrá estar listo a la brevedad, aunque no lo haga público pero sí buscando la manera de anticipar –sin salario claro está–, parte del trabajo que se realiza en los primeros días, para que una vez tomando protesta, ya se note el trabajo.

Entrega-recepción

La especulación respecto de como recibirá el gobierno, no debe de momento distraer la atención del presidente electo, aunque sí es necesario que su equipo de transición esté al pendiente, se ocupe del tema y que una vez que la realidad se haga pública, no le tome por sorpresa.

Por su parte, el gobierno saliente, deberá asumir el compromiso ciudadano de entregar lo mejor posible el mando, pues a final de cuentas, poco podría agradecérsele la cantidad importante e innegable de obra pública, la calidad de la feria y otros aspectos, si al final se descubre que todo fue a costa de un sacrificio innecesario al erario.

Ojalá la fase de transición incluya a ambos presidentes y que maduramente logren construir acuerdos, sin el ánimo de venganza pero tampoco de solapar, sino de trazar puentes comunes que permitan recuperar la confianza casi perdida de la ciudadanía hacia toda la clase política, incluidos naturalmente, los gobernantes y sus partidos.

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