La Casa de los Perros | Zacatecas, el feudo familiar que desafía leyes
CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Había una vez un pequeño reino llamado Zacatecas, donde las montañas rojas parecían susurrar los secretos del poder. En este lugar, la dinastía Monreal había echado raíces profundas, tan profundas que sus ramas cubrían la política local con una sombra cada vez más espesa. Primero fue Ricardo, luego David, y ahora Saúl, todos con un sueño común: gobernar, gobernar y seguir gobernando.
La historia comienza con Ricardo Monreal, quien en 1998 conquistó la gubernatura de Zacatecas. Fue un momento glorioso para la familia, el inicio de lo que algunos llamaron «el legado Monreal». Pasaron los años y, tras un intermedio, David Monreal tomó la estafeta en 2021. Ahora, cuando las miradas se dirigen hacia las elecciones de 2027, otro Monreal, Saúl, ha alzado la mano.
Pero aquí viene el giro inesperado. En medio del calor político, el Senado aprobó una reforma constitucional para prohibir el nepotismo y la reelección inmediata. Una victoria para la democracia podría pensarse, pero con un truco: la aplicación de la reforma fue aplazada hasta 2030, justo a tiempo para que los Monreal tengan una oportunidad más de perpetuar su poder.
Saúl Monreal, con una sonrisa que mezcla seguridad y reto, ha declarado que, si el pueblo lo quiere, él contenderá por la gubernatura en 2027. «Lo deseo, lo aspiro», dijo, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum, visiblemente contrariada, hizo un llamado a que Morena no postule a familiares directos en las próximas elecciones.
La trama se retuerce aún más cuando recordamos que la reforma fue enviada por la propia Sheinbaum con la intención de que entrara en vigor en 2027. Sin embargo, los senadores de Morena y del Partido Verde decidieron, bajo presión de sus propios intereses, aplazarla tres años más. «La política es optar entre inconvenientes», justificó la presidenta, intentando matizar el retroceso.
Mientras tanto, Ricardo Monreal, el patriarca político de la familia, celebra la aspiración de su hermano. «Que decida el pueblo», repite, como si la decisión popular fuera un escudo ante las críticas de nepotismo. Pero ¿de verdad es una decisión del pueblo cuando las opciones están limitadas a un árbol genealógico?
El relato se tensa. La gente en Zacatecas, cansada de ver los mismos apellidos en las boletas, comienza a preguntarse si la democracia no es más que una ilusión envuelta en discursos grandilocuentes. «El pueblo decidirá», dicen los Monreal, pero el pueblo también murmura, cada vez más fuerte, cada vez más claro.
El clímax llega cuando la reforma, lejos de ser una barrera para el nepotismo, se convierte en un puente para que los Monreal sigan extendiendo su influencia.
Saúl Monreal, con los cambios a la reforma propuesta por la presidentA, brincaba de gusto porque, soñó, en Morena tendría la vía libre para buscar la gubernatura en 2027.
Pero nunca contó con que el gozo de un grupo de morenistas por el triunfo al llevarle la contraria a Sheinbaum se iría al pozo en un dos por tres.
Luisa María Alcalde, líder de Morena, anunció que los vientos del cambio eran imparables, por eso al interior del partido oficial se harían los cambios necesarios para impedir la participación de familiares en las elecciones de 2025 y 2027, intenado con ello salvar el espíritu de la reforma.
La moraleja es contundente: el nepotismo no sólo es una herencia política, es una dinámica que se perpetúa cuando las leyes se moldean según los intereses del momento. La lucha contra esta práctica no debería depender de fechas o transitorios, sino de una voluntad política real y una conciencia ciudadana despierta.
En Zacatecas, las montañas seguirán susurrando. Tal vez, algún día, sus ecos traerán consigo los nombres de nuevos liderazgos, lejos de las ramas de un árbol genealógico que ha oscurecido el horizonte político por demasiado tiempo.
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