Pensionados, otra más en el ISSEMYM

RAÚL MANDUJANO SERRANO

Centro de Pensionados, nepotismo hiriente. – Y mi súper héroe no volaba, pero con sus palabras mis sueños navegaban cielos. FRMS… El ISSEMYM es una institución creada para que, en los dolores clínicos del ciudadano, fuera una institución humanista. Pero tiene en sus oficinas hombres y mujeres que pueden equivocarse. Lo malo es no corregir. Mahatma Gandhi decía: “Nunca hay que pactar con el error, aun cuando parezca sostenido por textos sagrados”, y pareciera que, en áreas de ese instituto, como el Centro de Pensionados algo así ocurre. Ya se creyeron que hacen bien las cosas, pero ciertos detalles les debieran inferir que no es así.

Mientras degusta de una dona de chocolate con su café americano sin azúcar, el amanuense recoge de su buzón electrónico nuevos mensajes para denunciar algo que ocurre en el Centro de Pensionados del ISSEMYM, donde todo un núcleo familiar halló nicho laboral con el consentimiento eclesiástico de una tal Olga Lidia Villalobos, de la Coordinación de Seguridad Social y claro, del párroco de prestaciones de esa iglesia, Mauricio Martínez Sánchez. Todo se arreglaría con una auditoría, sin duda. Se callarían esas bocas que acusan desde el anonimato y se daría por desechado el nepotismo, la contratación suspicaz de plazas, comisionar a empleadas a otros lados para ocupar sus plazas, la violencia verbal, el acoso laboral y la misoginia.

¡Ahí le va! Platican al escribano que, en ese lugar, con la venía de los citados Mauricio y Olga Lidia, una tal Brenda Orozco González, con plaza de analista auxiliar, incorporó en ese lugar a Andrea González Quintana; Brentha González Mondragón, suplente lavandería y a Ana Belén Orozco González, secretaria de apoyo en dirección. “¡Las González” primero! Y no es que estás personas sean malas en su trabajo, pero la manera en que les arrebataron el lugar a sus antecesoras fue cruel. Existe algo que se llama «formas». El bien tiene sus formas, el mal las suyas.

Ese lugar aloja actualmente a unos 13 inquilinos de la cuarta y quinta edad, pero recibe un presupuesto como para 540 residentes, además del personal que deben tener, entre mantenimiento –creo-, enfermería –creo-, nutrición –creo-, y cocina –creo-. Los habitantes reciben alimentos ‘de primera’ (carne, y otros, aunque no puedan morder) de una proveedora de nombre Laura Piña. Hay mucho dinero por ahí que no se aprovecha (o tal vez sí), como pasa en los hoteles, donde las habitaciones “siempre están reservadas”; o en las instancias infantiles. Una de ellas, a cargo de doña Rosa María Sánchez, que trabaja muy coordinada con Beatriz Morales Reyes, para dominar con soberbia la rotación y contratación de plazas, como la de una tal Karen Ovando, familiar del señor Mauricio Martínez –dicen-. Esperemos que eso no sea nepotismo.

Por cierto, «ya hay algunas medicinas» –explica emocionada la señora detrás del teléfono-. En medio de la crisis por desabasto, una expresión amable para esas empleadas puede ayudar a resolver el estrés que les generan funestos directivos que además se ofenden cuando un medio informativo se vuelve voz de personas con miedo… Salgado y su intrascendente comunicadora deberían saberlo.

Las palmeras de Hidalgo

El periodista se dirige al Congreso local mexiquense. En el trayecto brigadas trabajan para darle “guapura” a Toluca –diría su apasionado alcalde Ricardo Moreno Bastida-. ‘Ahí la lleva’ pero ¡señor edil! las palmeras de Hidalgo están muriendo. ¡Échele un ojo! ¡Ayúdelas! Son las que se ubican en los camellones en la entrada de Toluca. Muestran deterioro en sus raíces. Podrían estar enfermas y albergando a la plaga del “picudo rojo” (Rhynchophorus ferrugineus) … Hasta otro Sótano.

X: @raulmanduj