Breves Recetas de Economía. ¿Es malo aspirar a algo? 

JAVIER LARA CABALLERO 

Esta semana, el presidente se lanzó contra los “aspiracionistas”, culpándolos indirectamente de los males que achacan a nuestro país todos los días. ¿Es malo aspirar a mejorar, a tener una mejor vida, a acumular un patrimonio, a ser más culto, etc.?

Entendamos el por qué nos dice eso nuestro presidente: El Plan Nacional de Desarrollo del actual sexenio, es muy claro en materia de política económica: El objetivo de la política económica no es producir cifras y estadísticas armoniosas sino generar bienestar para la población. Los macroindicadores son un instrumento de medición, no un fin en sí. Retomaremos el camino del crecimiento con austeridad y sin corrupción, disciplina fiscal, cese del endeudamiento, respeto a las decisiones autónomas del Banco de México, creación de empleos, fortalecimiento del mercado interno, impulso al agro, a la investigación, la ciencia y la educación”. 

En estas líneas podemos definir la concepción que tiene el actual gobierno acerca del funcionamiento de nuestra economía: la prioridad es el bienestar de la población, por lo tanto, lo más importante no es el crecimiento, si no el desarrollo, entendido como una mejor y más justa distribución de la riqueza. Por lo tanto, las cifras no importan y las estadísticas son solamente unos elementos de medición irrelevantes, porque no reflejan la situación real de las familias y de los individuos que habitan en en este país.

Podemos coincidir en cierto grado con esa afirmación. Supongamos que reunimos en una fiesta de cumpleaños a 100 personas y en iun momento de éxtasis, partimos un enorme pastel de fresa. Los que se encuentran más cerca, reciben al principio  las rebanadas más grandes, hasta que nos damos cuenta que si no las hacemos más pequeñas, no alcanzará para todos, e incluso, en un caso extremo, algunos se quedarán sin probarlo. En esa situación, de nada sirvió tener un pastel enorme si lo repartimos de manera desigual y unos terminarán siendo ganones sobre otros.

¿Qué resultará más importante al final? ¿Qué es lo que comentará la gente? ¿Qué el pastel estaba enorme o que el pastel no alcanzó para todos? Evidentemente la respuesta dependerá de como nos haya ido en lo personal, si fuimos de los afortunados o si nos tocó estar del lado de quienes no alcanzaron rebanada.

Eso mismo sucede en la economía real y en ello, tiene la razón el presidente, de poco sirve que nuestra economía crezca si ese crecimiento no se reparte de manera equitativa y esa es justamente la base del concepto rector del sexenio: el bienestar.

El problema está en que esa consideración no toma en cuenta el esfuerzo personal para lograr las cosas. Para mí está claro que quien trabaja más, merece recibir más que quien hace todo por no trabajar, es decir, no hay nada malo en aspirar a vivir mejor, a tener más, a disfrutar de un patrimonio derivado del esfuerzo. Lo malo es cuando ese patrimonio se generó por corrupción, por actos ilícitos o por abusos. No todo puede ser medido con la misma vara, y por supuesto que nunca esta mal aspirar a más. Ahí si disentimos. No hay nada malo en el aspiracionismo que tanto critica nuestro presidente, o ¿Ustedes que opinan?