Se agudizan los problemas sociales, el gobierno fortalece programas electoreros

JACOBO CRUZ

Estamos rebasando la mitad del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y no hay señales de viraje en las políticas aplicadas por el gobierno federal a pesar de que hay indicadores de estancamiento y de franco retroceso en el bienestar del pueblo de México.

Los datos son fríos, ahora hay más de 3.8 millones de personas pobres que en 2018 cuando inició la 4t a pesar de la dispersión monetaria que recibe la población a través de los programas del bienestar y del aumento progresivo en el monto económico, es innegable que se han agudizado los problemas que se manifiestan en otros fenómenos como la delincuencia, la migración o el comercio informal que surgen de la pobreza y la falta de ingresos suficientes de la gente.

Además, hay que sumarle casi cuatro millones (tres millones 943 mil 764) de contagios por el virus SARS-CoV-2 que produce la Covid-19 y que nos ha llevado a casi 300 mil muertos (298 mil 508), ocupando nuestro país la cuarta posición a nivel mundial. La suma de estos factores hace que México esté lleno de contrastes y desigualdad en el mundo, “donde el 10 por ciento de la población más rica concentra el 79 por ciento de la riqueza, mientras el 50 por ciento más pobre tiene cero riquezas”, según World Inequality Report 2022.

Y la inseguridad sufre la peor crisis pues la suma de asesinados es de 109 mil 691 en lo que va del sexenio, es la más alta de la historia desde que se lleva registro superando con mucho a los gobiernos del periodo neoliberal a cargo del PRIAN y según cálculos, el promedio de homicidios ocurridos en el país es de cuatro por hora, 95 por día o 2 mil 850 al mes; el 70 por ciento de los asesinatos se comete con arma de fuego sin que se vea una solución en un futuro cercano.

En 2022 estamos cursando el cuarto año del gobierno de la transformación, un experimento social implementado por AMLO que está dejando resultados adversos en cuanto al desarrollo social ocasionado por el recorte de recursos del erario, por lo que ya no existe la posibilidad de construir obras de infraestructura en los municipios a pesar de que urgen hospitales, escuelas, carreteras, etc. Esto ocurre porque el dinero que es de todos los mexicanos ahora se canaliza a la entrega de efectivo que llega a un sector del pueblo produciendo buenos resultados electorales a Morena por lo que a medida que se acerca el proceso electoral de 2024 se irán fortaleciendo económicamente, lo que no significa que sea la solución a la desigualdad porque se deja en la orfandad al resto de la población.

Pero AMLO no puede cambiar de estrategia, tras unos 12 años de campaña política fue ideando la manera de convencer a los votantes de que los problemas se resolverían acabando con la corrupción de los gobernantes para que con esos ahorros se pudiera apoyar a los pobres, pero hoy vemos que en su gobierno sigue imperando la corrupción que es más notoria en funcionarios del más alto nivel como Manuel Bartlett, titular de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) e irónicamente el Santiago Nieto, ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), es decir, se trata del encargado de investigar y combatirla; pero no es todo, es un hecho muy conocido que hermanos e hijos del primer mandatario están envueltos en presuntos actos de corrupción, que desde luego son desmentidos por el presidente.

Por otra parte, la semana pasada fue muy comentado el tema del alza de los precios en el país y López Obrador tuvo que aceptar que la inflación registrada en su cuarto año de gobierno es la más grave superando a los sexenios que tanto ha criticado. Durante la mañanera del pasado jueves se proyectó una gráfica que demostraron lo dicho, en diciembre de 2017 con el gobernante priista fue de 6.77 %, mientras que en diciembre de 2008 con el panista fue de 6.53 % siendo estos los picos más altos y graves de las dos administraciones que le precedieron.

El fenómeno económico que afecta sobre todo al pueblo pobre es la elevación sostenida de los precios de los bienes y servicios, lo que genera una disminución o caída del poder adquisitivo de la población afectando sobre todo a la gente que sobrevive al día, quienes sí deben apretarse el cinturón comprando lo más elemental con las marcas de menor calidad y en porciones menores para llevar algo que comer a su mesa.

Ahora vemos a más gente recorriendo  calles buscando cosas que vender recicladas de la basura: botes de aluminio, cartón, papel, en fin todo aquello de lo que pueda sacar unos pesos, mientras que el otro fenómeno muy visible es el aumento de trabajadores informales en los cruceros de las ciudades de todo el país porque para pagar el precio de los alimentos, de los combustibles y de los impuestos que se lanzan sobre un pueblo sufrido que no tiene otra salida más que comprarlos al precio que sean.