Los tres años de Andresito

RAÚL MANDUJANO SERRANO

Resulta que Andresito cumplió 3 años y ahora alista su primera comunión para santificarse, bajo el auspicio eclesiástico del INE, en ceremonia de confirmación a la que llama “revocación de mandato”, aunque en las calles, en la consulta, sus feligreses la denominan “ratificación”. Aún falta tiempo para ese evento del 27 de marzo del 2022 pero el miércoles, –dice el constructor de los sueños guajiros- se revivió aquella escena memorable del Rey León, en la que Rafiki levanta por los brazos a Simba, y ante la mirada orgullosa de sus padres, grita: “Sithi uhhmm ingonyama” (si, es un león), mientras que, en la planicie, miles de animales aplauden y gritan emocionados.

Algo así pasó acá, Andresito fue encumbrado por el Rafiki Mario Delgado, ante la mirada de sus orgullosos hijos putativos, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, sin la presencia de “Scar” Ricardo Monreal, y teniendo como testigos a miles de chairos morenistas provenientes quién sabe de dónde, que llegaron en cientos de autobuses al puro estilo de acarreo priista, para abarrotar el Zócalo y alabar al Mesías que les llevó la palabrería manipuladora, envolvente y soñadora.

Su cabecita blanca –para miles de chairos- enmarcaba a ese paladín de la justicia que todos los días enfrenta a los ricos neoliberales y conservadores, pero, dígame usted, hablando con seriedad, la neta del planeta ¿en qué ha cambiado su vida? ¿O la de su familia? ¿Cómo se ha transformado? Con datos reales, no con sus “yo tengo otros datos”.

Verá Usted, refiere el hacedor sotanero mientras degusta de un plato con fruta y yogurt, la democracia es ese instrumento político manoseado del que se agarran todos. No sólo Andrés, también la utilizó Peña, Calderón, Fox, Juárez en su tiempo y el mismísimo Porfirio Díaz. La usaron victimizándose, como lo hace hoy el gobierno comunista de López Obrador, comunista o humanista, como él lo llama, es sólo un manejo de palabras a conveniencia.

La gestión del fundador del Movimiento Regeneración Nacional se ha caracterizado por la polarización del país y los choques con sus opositores, sin duda, su mejor arma para tapar la falta de resultados. De qué podría presumir este cómico y contradictorio gobierno. A tres años, quizá en lo social, en esa colecta de votos con beca y premios, y en echar al suelo la reforma educativa de Peña, pero ¿y en lo demás? Si vemos la inflación, estamos en el punto más alto de los últimos 20 años, con un 7 por ciento; han ocurrido 104 mil 200 homicidios durante este sexenio; afirmó que regresaría a los soldados cuarteles y ha desplegado a más de 200 mil elementos para hacer labores de seguridad pública.

Combatiría la corrupción y «barriría las escaleras de arriba para abajo» pero México es el país peor evaluado entre los 37 integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); abrió las puertas a la migración diciendo que «donde come uno, comen dos»; restó importancia al coronavirus con estampitas y hoy tenemos casi medio millón de muertos; el crecimiento de los cárteles intensifica la inseguridad y los asesinatos; el avión presidencial no se rifó, ni se entregaron los premios, y ahora se sortearán helicópteros; aseguró que México respetaba la vida interna de otros países, bajo los principios de autodeterminación de los pueblos, pero dio asilo al dictador Evo Morales y exigió a Estados Unidos suspender el bloqueo económico a Cuba. La lista de contradicciones y errores es larga, pero, me pregunto ¿qué tendríamos que festejar? y, como lo cuestionó Krause, por qué, sin resultados, sigue teniendo tanta aprobación.

Twitter: @raulmanduj