Migrantes, el fin del sueño americano

RAÚL MANDUJANO SERRANO

Para el hacedor de las prolijidades perturbadoras, la crisis migratoria tiene un origen y piensa en la cómoda situación de los presidentes de Honduras, Guatemala, el Salvador, Venezuela y ahora Haití. No tienen que preocuparse de nada, la bronca es de México, que los recibe y, de Estados Unidos, que no les permitirá entrar. Fíjese Usted, entre enero y agosto pasado, fueron detenidos por la migra mexicana 117 mil ilegales, de los cuales 20 mil eran menores de edad y 795 iban ¡solos!

De esos, 56 mil provenían de Honduras; 35 mil de Guatemala y 9 mil del Salvador, pero ¡ojo! éstos son los que agarró la migra, porque se habla de otros 250 mil que deambulan en la frontera en espera de brincar a los unites, cosa que se agrava con la presencia ahora de más de 15 mil migrantes haitianos que eligieron el puente Internacional de las ciudades fronterizas de Del Rio, Texas y Ciudad Acuña, en México, para acechar y pasar “del otro lado”. Y mientras muchos juzgan a “los gringos” por detener su paso con caballos y a latigazos, la pregunta, al mero estilo de Pena Nieto sería ¿qué hubiera hecho usted?

Es aterradora su situación. Sin comida ni agua; con sus hijos en brazos; siendo víctimas de delincuentes y policías, insalubres, pero, México no puede seguir recibiéndolos, aunque duela, porque esto es responsabilidad de los presidentes Orlando Hernández, Alejandro Giammattei, Nayib Bukele, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, charlatanes que solo se ríen y culpan a los Estados Unidos y al neoliberalismo porque, eso es bien fácil.

Colofón. – Ayotzinapa, la otra verdad 

Mientras degusta de un café de olla y una rebanada de pan tostado con cajeta, el juglar irreverente reflexiona: 7 años han pasado desde esa noche del 26 de septiembre de 2014, en Guerrero. Nunca vimos los cuerpos de esos 43 normalistas de Ayotzinapa, por ello, cualquier historia que se cuente es inverosímil. En la novela colombiana “Las horas secretas”, de Ana Jaramillo, se cita: “sin ver el cadáver, nadie puede dar por muerto a un ser querido. No hay un punto final. El duelo queda en un suspenso, a la muerte no le sigue un llanto cierto sino un limbo. Las puertas y ventanas quedan siempre abiertas a la espera de un quizá no, o un quizá sí”.

Por eso debemos ser solidarios con esas 43 familias que reclaman una nueva narrativa, más clara y justa. Las nuevas investigaciones encabezadas por Alejandro Encinas, apuntan que a los muchachos los “levantaron” policías municipales, quienes los entregaron a sicarios de “Guerreros Unidos” que los llevaron a distintos puntos de Cocúla para ejecutarlos y desaparecerlos. Ya lo sabíamos. También que están identificados Jhosivani Guerrero, Cristian Telumbre y Julio Mondragón. Mire, el 27 de septiembre de 2018, Andrés, entonces presidente electo, se comprometió con las familias de esos estudiantes a hallarlos. «Vamos a conocer lo que realmente sucedió –dijo-, que se sepa dónde están los jóvenes y se castigue a los responsables» pero, en 3 años, solo justifican su fracaso acusando a peritos y ministerios públicos por haber manipulado evidencias que les impiden avanzar.

Ojalá –de verdad- se esclarezca esto y se encierre a tantos culpables que hay detrás de estos atroces y criminales vínculos de autoridades con la mafia mexicana. Le doy otro dato: entre 1964 y este 2021, han desaparecido 172 mil personas. De ellas, 73 mil no aparecen. Así que no sólo son 43 y México, hoy, ora porque aparezcan, vivos o muertos, para darles paz a sus familias. Hasta otro Sótano.

Twitter: @raulmanduj