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Encuestas, lo que cada uno quiere leer…

VERÓNICA ARREDONDO LUNA*

La medición de las preferencias colectivas es fundamental para mejorar la toma de decisiones y tener mayores probabilidades de éxito en temas y sectores diversos que resultan relevantes para desarrollarnos como sociedad. Por ejemplo, es importante determinar hasta qué punto una campaña de salud pública ha influido en la conducta social; también cuantificar y/o cualificar los antagonismos políticos en una contienda electoral y con ello encaminar las acciones en el proceso de elección, si es pertinente, para optimizar los resultados finales. Es decir que podemos identificar algunas variables y relacionarlas para comprender cómo se desarrollará un hecho.

De cara a las elecciones correspondientes a 2021, las más grandes en la historia de México, se ha puesto en marcha una maquinaria para evaluar el avance o retroceso de partidos políticos y -por ahora- los posibles candidatos(as). Una de las técnicas más usadas para ello son las encuestas o estudios demoscópicos,.

Es posible que los electores(as), y por supuesto los precandidatos(as) y candidatos(as), se pregunten: ¿Con cuál encuesta me quedo? ¿Cuál de todos los resultados es el bueno? ¿Cómo determinar la calidad de los números que resultan de las encuestas? ¿Hasta qué punto podemos confiar en el análisis estadístico respectivo?

En respuesta a esas preguntas les comento lo siguiente: El diseño y resultados de una encuesta es un proceso sistemático (in put–out put) que inicia con la formulación de preguntas, el tipo de muestreo, el tamaño de la muestra. En esta etapa se determina el nivel de confianza y el error estadístico calculado sobre la pregunta principal del cuestionario. El error estadístico permitirá leer el rango en el que se encuentra cada dato que se presenta. Se estima que el valor real de cada dato se encuentra en el intervalo que resulta de restar el error a dicho dato y  el obtenido de sumar este error al dato en cuestión.

Otros elementos del proceso y aspectos técnicos tomados en cuenta para la realización de la encuesta son el tipo de recolección, la forma de supervisión de su levantamiento, el procesamiento de recolección, el software de procesamiento datos, la interpretación de los resultados, la presentación y, en su caso, la difusión de los mismos.

En este sentido es que las encuestas realizadas en forma presencial tienen la posibilidad de obtener una muestra que represente mejor a la población que aquellas que son vía telefónica o a través de redes sociales -por ejemplo, se critica a las encuestas telefónicas porque dada su alta tasa de no respuesta es casi imposible en países como México obtener una muestra representativa de la población-. Porque cuanto más objetivo sea éste y el resto de los elementos mencionados, y la interrelación entre ellos, más precisos serán los resultados que se obtengan.

Los resultados de una encuesta con una muestra bien representada de la población son efectivos, y evidencian lo que la población, con sus características sociodemográficas, opina en el momento de la realización de la encuesta, no lo que una sola persona, o un grupo político, opine.

Ahora bien, si las fórmulas matemáticas y las técnicas estadísticas son las mismas en todos los casos, ¿por qué las encuestas para medir preferencias en comicios electorales son tan cuestionadas, y algunas veces atacadas, mientras que las que se relacionan con otros temas no lo son?

Por ejemplo, los implicados en los procesos electorales cuestionan las estimaciones obtenidas en las encuestas, pero casi nadie discute las mediciones sobre la viabilidad de un programa social, o la evaluación de la calidad de fabricación de un producto. Es claro que no genera tanta controversia toda medición que no esté relacionada con los comicios electorales, porque no tienen que ver con el control del poder político, pero, en el complemento de circunstancias en que las encuestas tienen inferencia, lo que importa es medir eficiencia y encaminar los procesos hacia las acciones que contribuyan a que todo en su conjunto alcance la excelencia. Cada persona que quiera interpretar una encuesta observará un sinnúmero de datos y realizará inferencia de los mismos, sin embargo, según sea la situación particular de estudio e interés de análisis, serán esos números en los que prestará mayor atención.

Lo que digo se sostiene cuando sabemos que desde el inicio de las mediciones electorales hay un candidato con mayores preferencias; si hay dos o mil aspirantes, solo uno va a la cabeza. Por esta razón las casas encuestadoras padecemos los cuestionamientos que padecemos.

También son cuestionados nuestros resultados porque, lo digo bajo mi experiencia, las encuestas no están hechas para satisfacer los deseos particulares. Los resultados son datos que arrojan las técnicas estadísticas aplicadas a los comicios electorales, en los que se hace inferencia de una muestra de la población como representativa de la población misma. Es el lenguaje estadístico matemático que habla noblemente y nos dice de alguna manera cómo proceder.

Así que cuando usted, amigo lector o lectora, decida prestar atención a quién interpreta los resultados de una encuesta, le recomiendo primero observar que no hable el deseo propio de quien habla, los números son los números y es lo que se refleja en el momento de la recolección de datos.

En el tema electoral, si bien la presentación de datos nos ayuda a observar cómo avanzan los candidatos en las contiendas electorales es de suma importancia para la sociedad -dado que la información podría definir el voto y alentar la participación ciudadana en las elecciones-, la interpretación de los números es una gran responsabilidad, que en los tiempos actuales recae no solamente en la casa encuestadora, sino también en quienes comentan los resultados.

Esta responsabilidad es también de los candidatos(as), actores políticos, medios de comunicación porque difunden las mediciones de forma masiva, propagan algunas veces como verdades lo que mejor consideran, por decir lo menos, pero también en ocasiones declararán desaciertos, inexactitudes, vaciedades y hasta falsedades; lo digo sin el afán absoluto de juzgar el trabajo de nadie.

La correcta interpretación de los resultados de una encuesta puede ser la diferencia entre ser participes de una contienda electoral informada, justa para los competidores y, por supuesto, con un compromiso real, sensato, serio, maduro para el electorado.

¡Ojo, estimados amig@s, información precisa es lo menos que merecemos!

*La autora es profesora-investigadora de la UAZ y directora de Sin Sesgo Consulting,  SC, especialista en el área  de medición de preferencias, elección social y sistemas  electorales.











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