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María del Socorro Castañeda Díaz

La pesada carga de la obesidad en México

MARÍA DEL SOCORRO CASTAÑEDA DÍAZ

Comienzo esta colaboración recordando que, hace casi 12 años, en octubre de 2008, en el Semanario Punto, que se edita en la ciudad de Toluca, en un artículo de opinión, dediqué un amplio espacio a hablar de un tema que ya en aquellos días me alarmaba, porque la Organización Mundial de la Salud (OMS) daba a conocer que México ocupaba el décimo sexto lugar por su porcentaje de personas obesas.

Entonces, 68.1 por ciento de la población manifestaba este problema, lo que representaba casi 70 millones de personas en tal situación. Y si entonces la realidad ya se antojaba preocupante, para enero de 2020 nada había mejorado, muy al contrario, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señalaba en un documento titulado “La pesada carga de la obesidad: la economía de la prevención”[1], datos todavía más alarmantes relacionados con el problema de la obesidad en nuestro país: “[…] Cerca del 73% de la población mexicana padece de sobrepeso […] Además, 34% de las personas obesas sufren obesidad mórbida […] De acuerdo con nuestras proyecciones, las enfermedades relacionadas con el sobrepeso reducirán la esperanza de vida en México en más de 4 años durante los próximos 30 años.”

Como sabemos, la obesidad trae consigo muchos daños colaterales, como la diabetes, la hipertensión o los problemas cardiovasculares. Lo que nunca imaginamos fue que justamente este infausto año trajera, además de la pandemia, el cobro de la factura por haber normalizado la gordura en nuestro país. Lo sabemos: para muchas personas con sobrepeso el COVID-19 ha sido fatal.

El problema es serio, hace décadas que lo es. Siempre he pensado que en México comer es el deporte nacional. Desayunamos, almorzamos, comemos, merendamos y cenamos. No tenemos el menor problema para atiborrarnos de cualquier cantidad de alimentos ricos en grasas, somos muy dados a la comida chatarra y, sobre todo, somos particularmente afectos a comer cantidades descomunales de azúcar, ya sea en refrescos, golosinas o pan dulce. Y quienes, por el contrario, no se pueden dar el lujo de alimentarse cinco veces al día, llenan sus estómagos con comida de ínfima calidad, porque no les alcanza para más y porque nadie se ha preocupado por enseñarles a alimentarse mejor aunque tengan pocos recursos. Parece solamente una frase trillada, y, sin embargo, es una triste realidad que en muchos hogares pueden faltar los alimentos básicos, pero, en cambio, hay siempre una Coca Cola, unas papas fritas o un “Gansito” para mitigar la sed y el hambre.

Los gobiernos pasados y, por supuesto, la 4T, parecen haber minimizado las consecuencias que tendrá para la economía el aumento de la obesidad. El ya citado estudio señala, entre otras consecuencias, que la enfermedad podría reducir la fuerza laboral mexicana en el equivalente a 2.4 millones de trabajadores de tiempo completo por año, sin contar con un aumento de 8.9 % del gasto en salud anualmente entre los años 2020 y 2050, lo que implica 5.3 puntos porcentuales menos en el Producto Interno Bruto. Claro que dichas cifras son proyecciones pre-COVID y muy probablemente en este momento el panorama sea todavía más desolador.

Por primera vez coincido plenamente con el Subsecretario Hugo López-Gatell, quien en su reciente gira por Chiapas (que resulta ser la región donde más Coca Cola se consume a nivel mundial) aseguró que “México es el país que sufre la mayor mortalidad en adultos jóvenes por COVID-19, porque COVID afecta a personas con este tipo de enfermedades. 81 por ciento de las personas que fallecen por COVID tienen una de las enfermedades crónicas que se las ha causado estos modelos de alimentación que predominan en México desde hace más de 30 años”.

Y, sin embargo, el mismo funcionario del sector salud ha sido testigo como todos los mexicanos, de que, a pesar de que se ha establecido un impuesto a las bebidas azucaradas y los alimentos con alto contenido calórico, además de que las etiquetas de los alimentos y bebidas ya tienen información nutricional, la epidemia de obesidad no se ha frenado, porque falta lo principal: educación.

No hay otra manera de hacer entender a los mexicanos que es necesario comer menos y movernos más. La realidad es que las campañas como “pésate, mídete, muévete” no han tenido los resultados deseados, y pocas personas se preocupan realmente por mantener su peso forma.

Es difícil hacer entender a quienes tienen la posibilidad de alimentarse que deben hacerlo con mesura, y todavía es más difícil cambiar los hábitos de quienes apenas tienen lo indispensable para nutrirse y eligen mal lo que comen y beben. En ambos casos parece que falta información y formación. Y la responsabilidad es, además de individual, gubernamental, pues hasta por su propia conveniencia sería necesario que las autoridades de todos los niveles fomentaran una cultura de la alimentación que paulatinamente nos dé la salud que en este momento hace tanta falta.

Ahora mismo el sistema sanitario mexicano se está tambaleando, digan lo que digan nuestras autoridades, y una de las principales causas es la mala alimentación de las personas que, por desgracia, están muriendo porque su problema de peso no les permite resistir el ataque del COVID.

Además de la reflexión individual, hacen falta políticas públicas serias e importantes para que los mexicanos aprendamos nuevamente a comer y obviamente, son necesarias también estrategias de comunicación efectivas que de una vez por todas contribuyan a erradicar los malos hábitos alimenticios que nos están costando tanto en términos económicos, pero también, a causa de la pandemia, representan un tremendo desgaste en el aspecto emocional, por las pérdidas de familiares, amigos y conocidos, que no resistieron el embate del virus.

Si hacemos un recuento de las lecciones que esta pandemia nos está dejando, sin duda debemos considerar plantearnos seriamente que la obesidad no es normal, que no es justificable y, sobre todo, que estamos a tiempo de terminar con ella, sobre todo entre niños y adolescentes que, además de una vida cada vez más sedentaria, están creciendo sin tener claro lo que es la sana alimentación. La lección está siendo muy dura, ojalá, por nuestro propio bien, sepamos asimilarla a plenitud.

[1] https://www.oecd.org/about/secretary-general/heavy-burden-of-obesity-mexico-january-2020-es.htm











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