Los niños soldados de la sierra de Guerrero

RAÚL MANDUJANO SERRANO

El hacedor de los estribillos desvergonzados presume su esencia guerrerense, sus orígenes de un lugar de la sierra llamado Teloloapan, quizá alguien lo conozca por su delicioso mole rojo y su gloriosa Tecampana, esa piedra que canta y llora, pero que realmente ocupó la atención social por la presencia y ejecuciones del narco que se oculta en las montañas de Ixcateopan, Pedro Ascencio, Apaxtla, Iguala, Taxco y Cocula –allá donde supuestamente quemaron a los 43 de Ayotzinapa para desaparecerlos-. Seguramente pocos saben de ese Guerrero que ha sido descuidado, saqueado y despojado.

Los recursos federales para impulsar su desarrollo se quedaron en Acapulco y Chilpancingo, y aquellos destinados a los servicios públicos de sus rancherías y comunidades se los apropiaron alcaldes y gobernadores, porque a las rancherías de la montaña nadie se ha dado cuenta que existen.

¿Sabe usted a que se dedican los niños de las montañas de Guerrero? –cuestiona el malabarista de la información- a sembrar y a construir, a prepararse para ser campesinos y albañiles… Si quieren estudiar deben caminar kilómetros para llegar a una escuela comunitaria. Sólo primaria, no hay secundarias ni prepas. En el municipio José Joaquín de Herrera, los niños se han visto obligados a tomar las armas. Y es que, para llegar a la escuela, debían cruzar caminando un campo que “Los ardillos” -una banda de sicarios y narcotraficantes que operan desde hace más de 30 años en esa región-, tienen bajo su control”.

Para hacerles frente y acabar con las violaciones y homicidios de estos criminales, los pobladores conformaron la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias y Pueblos Fundadores, una policía comunitaria conformada por adultos, así como niños y adolescentes de 6 y hasta 16 años, originarios de Chilapa y José Joaquín de Herrera.

Pero apenas ahora Usted y muchos nos enteramos de que hay niños armados en la sierra de Guerrero, y nos espantamos de una niñez perdida, nos alarmamos de aquellos infames padres y madres de familia que les dan armas a sus hijos, y acusamos que las niñas y los niños deben portar libros y no rifles, que “abrazos y no balazos”, en fin. Mire, la guerra con estos grupos criminales tiene más de 50 años, y apenas ahora nos damos cuenta, es más, quizá ni sabíamos que existía José Joaquín de Herrera o Chilapa, creo que ni su gobernador Héctor Astudillo.

En 2017, el fiscal guerrerense, Javier Olea, reconoció la existencia de 10 cárteles que operaban en esa entidad y al menos 40 bandas delincuenciales que se disputaban el control del mercado de las drogas. Desde 2015, la violencia ha dejado más de 6 mil personas ejecutadas, entre ellos una treintena de políticos y se descubrieron nexos de autoridades de los tres niveles y las fuerzas armadas con la delincuencia. Actualmente, existen 20 “grupos civiles armados” y una organización denominada “policía comunitaria” que operan en el 50 por ciento del territorio guerrerense -40 de los 81 municipios-, donde 18 bandas crimínales controlan y mantienen una brutal disputa por el control de las zonas de producción, trasiego y venta de droga en las siete regiones de la entidad, pero parece que nadie se ha dado cuenta de esto.

Por eso la comunidad de la montaña les abrió su puerta a los medios de comunicación y que estos le dijeran al mundo que, ante la impunidad, son niños soldados quienes deben proteger con armas a su familia… No nos espantemos, sólo estamos descubriendo un México que parecía no existir… pero que existe.

Twitter: @raulmandujano

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