Ser institucional y su etiqueta

JULIETA DEL RÍO VENEGAS

Con cada relevo de sexenio llegan los cambios normales producto de la transición en el sector público, sobre todo a nivel de secretarios de los gabinetes legal o ampliado, ya que son estos nombramientos los que invariablemente tienen fecha de término, a menos que haya un relevado antes de la fecha constitucional por malos resultados o porque el funcionario decide lanzarse a una contienda electoral; pero de que estos nombramientos tienen fecha de inicio y de conclusión no hay duda.

Los servidores públicos de mandos medios suelen permanecer, aunque algunas veces son removidos por ajustes al interior cuando llega un nuevo titular o simplemente son liquidados, sobre todo los titulares de direcciones.

Al paso de los años, existen servidores públicos que logran permanecer en sus lugares de trabajo en cualquier transición de Gobierno, eso habla de sus conocimientos, eficiencia e institucionalidad porque son elementos valiosos para la administración pública.

La institucionalidad es el conjunto de valores y creencias de una persona que lo lleva a entregarse a su trabajo y se aplica en un estado de derecho, palabra corta que encierra un alto grado de responsabilidad.

Un problema al que se enfrentan los trabajadores gubernamentales es la etiqueta que les imponen al mantener una relación laboral en una determinada administración, porque resulta, y sobre todo en nuestra entidad, que laborar durante un sexenio, o en varios de ellos, trae consigo las descalificaciones de los que buscan incorporarse traídos con los aires de cambio.

 En Zacatecas existen, a juicio de los que poco tienen que hacer y no dan resultados, grupos de servidores públicos: romistas, monrealistas, amalistas, y ya habrá ahora alonsistas, y así seguirá la lista, con etiquetas innecesarias.

Eso ha llevado a que varios servidores públicos eficientes y conocedores de la administración pública sean marginados sin que se deje ver y se aprecie que simplemente fue un servidor público institucional que ha trascendido por eso.

En algunas ocasiones, la «institucionalidad» sufre ciertas variaciones o desviaciones, en virtud de que el término se empieza a confundir pasando de ser institucional a servil o sumiso. Cuando esto pasa, el servidor público equivoca o desconoce el concepto como tal, ya que considera que nada ni nadie puede ni debe estar por encima de «su autoridad», aún por encima de otros niveles jerárquicos.

Es aquí cuando la formación profesional que se tiene debería ayudar al servidor público para ubicarlo en su lugar real; sin embargo, existen innumerables ejemplos de gente que demuestra que su educación no va de acuerdo con su profesión, ya que hacen uso de la «institucionalidad» para allegarse de un séquito de seguidores que lo alaban sin mediar razón y lo llevan al grado de perder el piso, o mal aconsejar para lograr objetivos personales y maquiavélicos.

La institucionalidad debe ser ejercida responsablemente, delegando funciones a sus subalternos de manera diligente para poder llevar a cabo el orden y la cooperación necesaria para el correcto desempeño de las funciones.

En la actualidad impera la lucha por la superación personal, siendo este un proceso de transformación y desarrollo a través del cual las personas tratan de adoptar nuevos estilos de vida y de pensamiento, y de adquirir una serie de cualidades para mejorar su calidad de vida. Hay gente muy eficaz y eficiente, pero también se requiere de astucia, imaginación y creatividad para llegar más lejos.

Una persona que sólo trabaja para cumplir la jornada diaria y no se esfuerza en buscar su constante capacitación, aprendizaje y tener la capacidad de trabajar bajo presión y relacionarse con otras esferas, jamás obtendrá lo que aspira o lo que sueña, si es que se atreve a soñar.

La administración pública ha evolucionado, ya no es como en el pasado, tampoco es para gente improvisada, es una carrera y se requiere el conocimiento de ella, y la apertura a nuevas generaciones.

Se dice que en ocasiones somos nosotros mismos los que conspiramos en contra de nuestra superación personal, dejándonos llenar de temores y presiones, y esto da pauta a que se cree un ambiente de rumorología a nuestro alrededor, teniendo como efecto un falso descrédito que muchas veces termina retirando a buenos elementos por propia voluntad o por descarga de malas energías de otras personas que en definitiva no son los mejores para la empresa o institución.

La prudencia y discreción hablarán bien de cualquier persona para su contratación, sobre todo para su permanencia, aunado a su capacidad y talento claro, pues la institucionalidad es el accionar del Estado, ya que los servidores públicos brindan un servicio de utilidad social y de responsabilidad para el Gobierno.

Cumplir en el tiempo que estés laborando y demostrar institucionalidad siempre será la mejor carta de presentación ante la llegada de un nuevo superior o de un nuevo reto, más allá de lo mediático, pues así como el servidor público actúo en su anterior tarea debe responder ante cualquier régimen y que ante todo promueva permanentemente los principios y valores éticos que les exige el ejercicio de la gestión pública, teniendo la certeza de que seguirá siendo un buen elemento que responderá cabalmente con los planteamientos de la sociedad, de lo contrario, se pensará que actúa conforme a intereses  y no será confiable en lo subsecuente.

El ser humano no es propiedad de nadie, la propiedad es de sí mismo y debe responsabilizarse de sus actos, buenos o malos, dejando a un lado el pensamiento de que la lealtad es sólo de manera ascendente, pues debe existir reciprocidad. Si trabajar y ser institucional genera una etiqueta: ¿Cuántas marcas existen en el mercado laboral?

* Presidenta del IZAI

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