Debate o debacle

SOLEDAD JARQUÍN 

Lo dice el refrán, mucho ruido y pocas nueces. En eso quedó el debate, el muy esperado debate.

Los siete candidatos hablaron durante dos horas, en las cuales las mujeres recibieron menciones aisladas y hasta estereotipadas; en tanto las acusaciones de corrupción permearon, porque la descalificación es, ante la falta de argumentos, la mejor arma.

Eso y claro, mucho cinismo.

Tal parece que algunos candidatos se olvidan que de una u otra forma han sido parte del desastre que vive hoy la gran mayoría de la población oaxaqueña. Sufren de olvido conveniente y tienen el ego más grande del mundo, se limpian sus culpas y se vuelven salvadores.

La decepción fue para la gente que no milita en ninguno de los 10 partidos políticos.

Los candidatos que salieron de la actual administración, más temprano o mas tarde son Benjamín Robles, Salomón Jara y José Antonio Estefan Garfias.

Benjamín Robles ha sido diputado, senador y varias veces funcionario público; Salomón Jara también sido diputado, senador y funcionario. El candidato de la coalición formada entre el PAN-PRD, Pepe Toño, ha sido parte de los tres últimos gobiernos estatales y también diputado federal.

Murat fue legislador y ha tenido cargos públicos locales (en el Estado de México) y federales; de los partidos estatales Manuel Pérez Morales, del Social Demócrata, ha sido legislador, no una sino al menos dos veces. Javier Jiménez Jiménez, por el Partido Unidad Popular por lo menos ya fue regidor de la capital. Y el último, muy cuestionado porque encontró su modo de vida en política, es Joaquín Ruiz Salazar, del Partido Renovación Social que no ha sido funcionario ni legislador, pero ha tenido en sus manos dinero público.

En resumen, intermedio, todos tienen cola que les pisen. Pero se les olvidó la noche del viernes cuando llegaron santos y puros.

Algunos fantasmas rondaron por el foro: uno José Murat, quien le hace mucha sombra a Alejandro Murat, candidato de la coalición PRI-PVEM-PANAL; otro más fue Andrés Manuel López Obrador que se apoderó del cuerpo y mente del abanderado de Morena, Salomón Jara, que está totalmente mimetizado, una copia; uno más fue Heladio Ramírez López, también ex gobernador de Oaxaca y de quien Pepe Toño tomó una de sus célebres frases: “Estamos pobres pero no somos pobres” (aunque seguimos pobres después de casi tres décadas desde que el Ramírez López pronunció dicha frases); otro ex gobernador que estaba ahí fue Diódoro Carrasco Altamirano y claro que no faltó a esta cita el todavía gobernador Gabino Cué Monteagudo, a quien se le fueron de entre los dedos dos  de los siete candidatos, un tercero recibe su incondicional apoyo, de acuerdo con algunos medios.

Los nervios no dejaron de traicionar a unos y otros, que dijeron una cosa por otra (como eso de traer la cabeza en los pies de Alejandro Murat), y en algunos momentos se volvió una especie de  monólogos y solo se escucharon unos a otros para atacarse, olvidaron los acuerdos previos.

Bañados de honestidad y sin culpas hablaron de sus propuestas de seguridad, economía y desarrollo social. Hablaron de lo que no pudieron hacer desde sus puestos públicos o desde sus curules cuando tuvieron esa oportunidad.

Por lo pronto, era obvio, hablar de las mujeres en tiempos de la paridad, de la no discriminación y a favor de la igualdad, bueno parecería normal, natural, estamos en pleno siglo XXI y por tanto existimos quienes creemos que eso debiera ser. ¿Acaso no hay mandatos internacionales, nacionales y demás que se acumulen en la semana, que hablan de la obligatoriedad de la inclusión,  de la igualdad, hasta en el lenguaje? Pues sí ¿verdad? Como decimos las feministas “si no es por amor es por fuerza”.

Pero nada, a los candidatos se les pasó, se les olvidó por tantito. Por ahí dijeron algo, pero no suficiente, no hay profundidad, se olvidan que las mujeres son el colectivo mayoritario de la población, se impuso el patriarcado que insiste en ligar mujer con maternidad para armar sus proyectos, dispuestos a dar caridad y no a garantizar los derechos.

A mitad del debate mi abuela Lucha, tan atenta como siempre, se había dormido. Pobre. No era para menos.

Así sin mas el debate, que no era debate, sino diálogo, o más bien monologo, se convirtió en una debacle y pese a todo y como estaba previsto los candidatos salieron a festejar. No cabe duda, cada quien ve lo que quiere ver. Por eso, como pregunté la semana pasada ¿a quién le importan las mujeres?

Twitter: @jarquinedgar

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