2016: Lo personal es político

SARA LOVERA

El tema de la democracia como piso para discutir será recurrente este año, en un contexto nacional e internacional donde las líneas ideológicas y los partidos de Estado se han desdibujado, no sé si por fortuna. Cada día nos acercamos más a un antiguo liberalismo donde lo que importan son las personas.

Y así es. La defensa de los derechos humanos; el tema de las y los derechos ciudadanos, han ido supliendo los espacios de lucha que hasta mediados del siglo XX eran fundamentales: la defensa de la clase, la creación de organizaciones colectivas; la seguridad social solidaria y la forma de llegar al poder a través del partido o como resultado de una revolución armada.

La organización social: partidos políticos, sindicatos y organizaciones profesionales dieron lugar a lo que se ha denominado corporativismo. Organismos dominados por el poder y desde el poder. Sin posibilidades de acciones individuales.

Esto ha cambiado. De modo que en 2016 en que se elegirán 13 gubernaturas, la primera en el estado de Colima, la decisión se inscribe con esta modernidad liberal: no es el partido político lo que importa, sino el personaje que nos guste o no tendrá el mando, la libertad para designar gabinete, la autoridad para distribuir el presupuesto y aglutinar el poder.

Importan las personas que habrán de elegirse,  como nunca antes, cuál su biografía, su forma actuar, su forma de conducirse en la vida privada, su carácter, su educación, sus antecedentes, su sexo, etcétera. Por eso quienes se erigieron como candidatos  independientes han logrado el poder. A nadie importa su ideología.

Para las feministas, señaladas o acusadas de liberales desde finales del siglo XIX, esto es básico. Ya en los años setenta relevamos nuestra consigna: lo personal es político.

De esa consigna sacamos con claridad que un súper macho actuará con autoritarismo sin discusión. Las cifras de los asesinatos de mujeres dejan en claro que las mujeres están en peligro en sus hogares, principalmente donde manda e impone el individuo, el marido; muchos son los casos de personajes “educados” abusadores; los vicios de otros, incluso intelectuales, capaces de minimizar a sus parejas, despreciarlas y desvalorarlas con situaciones inimaginables.

Quién no se acuerda del caso de Genaro Góngora Pimentel, ex presidente de la Suprema Corte de Justicia la Nación, que usando su poder e influencia encarceló a una mujer, madre de dos de sus hijos, negando su relación y su responsabilidad paterna. Vivo ejemplo de doble moral.

Hay otros muchos casos que nos evidencian cómo lo personal puede incidir en la vida pública. ¿Cuántos gobernadores hoy son incapaces de reconocer la desigualdad? Así que no se puede pasar por alto la conducta del candidato al gobierno de Colimma, del Partido Acción Nacional (PAN), Jorge Luis Preciado Rodríguez.

Nos  tiene que preocupar, no importa de qué partido sea. Fue militante del PRI y luego del PAN, su comportamiento es alarmante; encima si quien escribe es romántica y se cree la historia: sería un desatino llegar ahí, en Colima, en el estado donde fue electa la primera mujer gobernadora, Griselda Álvarez Ponce de León, y se creó el primer centro oficial de atención a mujeres violentadas.

¿No deseamos las feministas evidenciar a políticos que no pagan alimentos a sus familias en procesos de divorcio o separación? ¿No es importante para nosotras que un gobernante no sea golpeador dentro de  su familia, porque resulta autoritario en el gobierno? ¿Qué hacemos con los jueces que justifican el abuso a las mujeres diciendo que son ellas las culpables? De eso se trata.

Por ello pienso que durante este proceso de elección 2016 hay dos cosas sustantivas: quiénes contienden, cuál su conducta, si promueven o no la paridad en el proceso y cómo integrarán su gabinete.

Hay cosas bien claras. El señor Donald Trump, que busca la presidencia en los Estados Unidos, odia a las personas afrodescendientes, a las otras y otros y combate la migración; es como Preciado Rodríguez cuando desde la Cámara, como documenta ampliamente el periodista José Reveles, desvió los recursos para desarrollo social, total, dijo, “son inditos”.

Por otro lado, las feministas en los años setenta, y por eso nos salimos de los partidos políticos, fuimos muy molestas para los grupos dogmáticos, porque nos pareció un despropósito que los gobiernos revolucionarios como el de Cuba rechazara y encarcelara a las y los homosexuales; somos incómodas porque denunciamos al gobierno de Nicaragua que ha sido capaz de prohibir totalmente la interrupción de un embarazo, a pesar de venir del Sandinismo.

También es cierto que en Colima, se han excedido en la propaganda negra, que usa las debilidades y conductas probadas por Preciado Rodríguez poniendo en medio a las mujeres, atacando su dignidad, usándolas como carnada para las disputas políticas. Por supuesto que ello no debiera permitirse, por eso algunos grupos de mujeres en Colima están indignados por la guerra electoral, cierto, muy cierto, tanto como que Preciado Rodríguez es un peligro para la ciudadanía y para las mujeres.

Vean a Pancho Domínguez en Querétaro, eliminó de tajo las políticas públicas a favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Acuérdense del gobierno de Baja California, que atropellando la ley, obligó a Paulina a dar a luz al producto de una violación sexual y no podemos dejar de recordar la tremenda batalla contra las mujeres en Guanajuato, donde el gobierno inventó un delito para encarcelar a toda aquella mujer de la que se sospechara había interrumpido su embarazo.

Tampoco podemos dejar de recordar a Andrés Manuel López Obrador, quien como jefe de gobierno, vetó la ley de Sociedades de Convivencia, prohibió hablar del aborto y prefirió crear una casa para las prostitutas de la tercera edad, que discutir sus derechos humanos.

En resumen: sí importa quién es quién en las elecciones, no importa el partido, puesto que además estamos en otra historia, donde las ideologías no responden a las prácticas políticas y las y los individuos pueden hacer la diferencia a la hora de gobernar.

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