¿Quién tendría que vigilar la política de género?

SARA LOVERA

La jornada de los 16 días de activismo contra la violencia de género nos ha permitido esclarecer la condición social de las mujeres, porque la violencia que se ejerce contra ellas es un espejo/reflejo de la violación a sus derechos y de su estatus como persona en sociedades como la nuestra, donde todo conspira contra la dignidad de más de la mitad de la población.

La jornada que se realiza en todo el mundo termina este 10 de diciembre Día Internacional de los Derechos Humanos.

Si bien la información oficial reconoce que cada día siete mujeres son asesinadas en México, sólo por ser mujeres, el solo dato tendría que mover a millones de personas a la indignación, ya que revela que esto no sucede espontáneamente, sino que tras él  existe  un proceso que coloca a las mujeres en esa cúspide de una horrenda realidad.

El proceso es, sin lugar a dudas, el camino que se hace durante mucho tiempo de la vida de cada mujer. Un espacio que sociedad y gobierno podrían aprovechar para desplegar acciones de prevención. En diez estados examinados con lupa, puede apreciarse que mientras el feminicidio es foco de atención, sin duda muy trascendente, quedan en la opacidad todos los eventos que se fundan en la discriminación femenina, realmente existente.

Por ejemplo, la información estadística y sociológica sobre el embarazo en adolescentes, donde hay niñas hechas madres a los 10 años, deja claro para quienes analizan, que muchas de ellas son abusadas sexualmente, por sus  padres, hermanos primos  o conocidos.

Del mismo modo la reiterada violencia de pareja –todos los indicadores señalan que ha crecido exponencialmente- habla de cómo se establecen las relaciones en la unión de dos personas y cómo son las mujeres las que sufren agresiones cotidianas. Y si vemos el tamaño del acoso y el hostigamiento, en el trabajo, entonces estamos hablando de una situación  sistémica a la que no hemos hecho caso.

Escuché en una mesa internacional de periodistas que una mujer dijo que sí, que es grave lo que pasa pero que las mujeres son las culpables. 40 años de describir la condición de opresión femenina no han cimbrado las conciencias. ¿Quién es agredido tiene la culpa?¿A quién roban es porque lo provocó? O estamos hablando de otra cosa.

Muy importante resulta saber que la Comisión Nacional de Derechos Humanos es responsable de vigilar que en el país se apliquen correctamente las leyes y la política oficial de género. ¿Por qué a esa Comisión nadie la llama a rendir cuentas? Por oficio, tendría que ser el ojo avizor de una política emprendida por el Estado Mexicano hace 40 años.

Recién un funcionario se preguntaba porque hacíamos tantas leyes para las mujeres cuando el asesinato de hombres es tan alto y, además, decía que las mujeres son muy violentas con sus hijos e hijas.

Esta afirmación es la más evidente manifestación de lo que piensan muchas personas. Creen que defender o promover los derechos humanos de las mujeres es igual a disminuir o discriminar a los hombres.

A mí me parece que es encomiable que se defienda la libertad de expresión. Este 10 de diciembre volveremos a la plaza del Monumento a Zarco a exigir que la policía explique por qué no se resuelven los casos de asesinato, persecución, asedio contra las y los periodistas. Me parece superlativo que se haga una movilización, todos los días, para defender los derechos laborales de las y los maestros; no hay nada más sano para la democracia que empujar la transparencia en el uso de los recursos públicos. La pregunta que me atosiga y me descompone, es ¿por qué no se exige a periodistas y maestros que cumplan con el respeto y promoción de los derechos de las mujeres?

Estamos en la urgencia de un cambio cultural para transformar las condiciones de discriminación y exclusión que sufren los grupos y personas sin poder. Donde las mujeres somos mayoría. ¿Por qué la CNDH no examina las palabras y la conducta del funcionariado público? ¿Por qué no diagnostica y señala a quienes infringen sistemáticamente el artículo primero de la Constitución?

Lo digo porque es insultante y sistemática la manera como hablan muchos locutores y locutoras en la radio; tremenda la manera como se presentan hechos y fotografías de las mujeres en los medios; increíble la descalificación de las mujeres que hoy participan crecientemente en los procesos electorales y ya no digamos el golpeteo contra las hijas de políticos y políticas que quieren también dedicarse a esa actividad.

La violencia de los medios es sistémica, continuada. Hay que ver un rato la televisión matutina para oír cómo se presenta una imagen devastadora de las mujeres y cómo se venden productos con sus cuerpo; tremendo el diálogo y los comentarios de presentadores de programas en cadena nacional. No hay quien los pare y les diga que esa violencia de trato, lenguaje e imágenes promueve la violencia contra las mujeres y lo que es mucho peor la naturaliza y la justifica.

Debemos ver el comportamiento de las y los profesores en el aula. Alguien tendría que hacer algo, sin miramientos, porque esas personas, con micrófono en mano, violan la constitución. Arreciará el tema en 2016 porque en jornadas de lucha por el poder, como las electorales, “no se toca a los medios”.  Porque tienen libertad de expresión.

En la misma reunión de defensores y defensoras de periodistas, un trabajador de un medio de Guerrero, me contó que ahora las mujeres son sicarias y narco traficantes, o sea que merecen ser violentadas, porque no son buenas.  Me pregunto qué clase de nota hará ese compañero de una mujer, trabajadora del sexo que es atacada en un hotelucho de la salida de Acapulco. Usará toda clase de epítetos, o de otra que ha dejado encargados a sus hijos para ir por el sustento cotidiano.

¿Quién vigila a los medios? Ahora se discuten nuevas cuestiones sobre la Ley de Comunicaciones y la reforma que no acaba de construirse. Las diputadas, 42.2 por ciento de representación en la Cámara, han estado plausiblemente activas. ¿Cuándo le entraran a los medios?

Ningún momento mejor que este. Ahora en que las mujeres deberán incluirse al 50 por ciento en las listas electorales, en todas las listas electorales donde se renovarán Congresos y ayuntamientos.

Tiempo para que las que harán campaña, además de condolerse por la violencia de género, deban poner en la mesa la discusión a fondo sobre el papel de los medios.

Libertad de expresión no es libertad de palabra para mantener la condición disminuida de las mujeres.

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