Indiferencia y prejuicio ante el problema del matrimonio infantil

ARGENTINA CASANOVA

La indiferencia frente a la violencia sexual contra las niñas hace que esta se vea y se asuma como “natural”. Sucede a tal grado que, incluso cuando se trata de defender a las niñas, se dan argumentos que, más que ayudar, las dañan, como cuando se dice que “ya son mujeres” al cumplir 12 años y tienen su primera regla, obligándolas  a asumir un papel y un rol social que no les corresponde.

La realidad es que, frecuentemente, ni siquiera cuando llegan a la mayoría de edad alcanzan la tutela sobre sus propios cuerpos, incluso en el caso de que quieran interrumpir un embarazo o continuar sus estudios.

Es por eso que cuando el  Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche presentó un proyecto contra el Matrimonio Infantil forzado, la opinión pública se dividió. Por un lado, están las legisladoras con las que la organización ya se reunió, quienes se mostraron muy interesadas y dispuestas a la escucha y a la intervención. Y, por otro… dudas, muchas dudas, la mayoría de ellas fundadas en prejuicios o ideas respecto a lo que ya pueden decidir y hacer las niñas, es decir, las menores de 18 años.

Conforme más argumentos escucho y leo en favor del   ‪#‎MatrimonioInfantil, me queda claro que son muchos los  prejuicios que existen sobre el tema: se sigue vinculando la sexualidad con el matrimonio y el embarazo se sigue considerando   como algo inherente, consecuencia “natural” de la práctica sexual.

Prevalece la idea, por ejemplo, de la pareja de adolescentes que viven la historia de Romeo y Julieta, por lo que su amor “debe ser respetado y salvado”, apoyado con el matrimonio, aunque sean llevados a él por obligación “moral” o con amenazas de sacarlos de la casa materna-paterna.

La realidad es que este escenario de las parejas adolescentes es bastante complejo y hay muy pocos casos de menores de edad que solicitan a los jueces autorización para unirse en matrimonio. Y es que los jóvenes quieren tener práctica sexual, pero muy pocos están pensando en “casarse”.

La opinión pública, sin embargo, no se acerca (¿intencionalmente?) a la realidad de las niñas que son obligadas a casarse con hombres mucho mayores que ellas, a cambio de una vaca o de un cartón de cerveza para el padre o la madre, quienes afrontan así su pobreza extrema. Una práctica que también es tolerada por un Estado indiferente.

Muy frecuentemente, la opinión generalizada ante las relaciones sexuales “fuera del matrimonio” o ante un embarazo adolescente es “ya lo hizo, ahora que se aguante y se case”, aunque tenga 12, 13, 14 años. Poco se piensa en la realidad que viven esas jóvenes, quienes a los 19 años tendrán ya 3 ó 4 hijos, quizá ya sin la misma pareja y con escasas probabilidades, quizá de 20 por ciento, de tener un empleo y educación.

En el caso de que un embarazo sea consecuencia de un acto de violencia sexual, no es extraño escuchar expresiones como  “ella se lo buscó», «así lo quiso” “ella lo provocó” o “sabía bien a lo que iba”. Se dice todo eso, menos reconocer que esas niñas,  víctimas de violencia, son con esos dichos sometidas a otra victimización. Y sin tomar en cuenta que antes, en los hogares de donde provienen, seguramente vivían en condiciones de violencia, lo que obliga a muchas a huir, aunque sea a una situación peor.

Los argumentos contra las niñas no varían tampoco en los casos en que son sacadas de la escuela y obligadas a trabajar, expuestas al acoso, al abuso y a las redes de prostitución. Y en el caso del acoso que viven las niñas en la calle,  se ha “naturalizado” tanto, que casi nadie lo objeta.

Cuando la sociedad  cuestiona nuestra propuesta de poner fin al matrimonio infantil, el argumento se parece mucho al que se usa frente a otras formas de violencia: “sí, es verdad que hay violencia contra las mujeres, pero también hay hombres maltratados. Y en el fondo la postura es la misma: es el patriarcado que habla y  se defiende con garras y dientes a través de hombres… pero también de mujeres.
 
* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche

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