La iniciativa ciudadana

JUAN GÓMEZ

 El dominio de los partidos políticos sobre los procesos electorales  ha restringido una mayor participación de ciudadanos que consideran, existe un agotamiento en la credibilidad e independencia en los dueños de la democracia en el país y en los estados.

A partir de las reformas políticas que se iniciaron en 1977 con el entonces Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles -uno de los políticos e intelectuales del liberalismo mexicano- el sistema político mexicano inició un proceso controlado de apertura a las expresiones político ideológico marginadas, tanto de izquierda como de derecha, para incorporarlos a la lucha electoral y evitar, el crecimiento de la guerrilla armada tanto rural como urbana, que ya despuntaba en el escenario para empujar cambios en el autoritarismo político.

La Reforma Política de 1977 es la Madre de las siguientes modificaciones que sufrió la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales y que permitió, veinte años después, que la LVII legislatura se conformara con una oposición mayoritaria que sería el preámbulo de la alternancia en el poder presidencial el dos de julio del año 2000.

Previo a estos cambios en la legislación formal que no fue obra de un solo hombre del sistema político gobernante que tuvo la sensibilidad para plasmar estas modificaciones, se generaron varias luchas campesinas, de ferrocarrileros, maestros, estudiantes universitarios, guerrilleros, algunos medios de comunicación, que presionaron a los hombres del sistema político gobernante para obligarlos a plasmarlos en la legislación electoral.

Empero el constructor del partido hegemónico que gobernó al País por más de 70 años ha regresado a la Presidencia de la República, y como lo definió Lorenzo Meyer la noche de la presentación de su libro en Zacatecas “Nuestra tragedia persistente; la democracia autoritaria en México”, es un híbrido, una mezcla de autoritarismo con una pizca de democracia.

La alerta roja se encendió con la iniciativa del Presidente Enrique Peña Nieto en la reforma en materia de telecomunicaciones, que pretendía censurar a los usuarios de Internet, así como regular los contenidos e invadir la privacidad de los ciudadanos, entre otros factores que desataron no solo una fuerte polémica política, sino entre la sociedad en general que se movilizó para frenar estos intentos autoritarios.

Las protestas, críticas y defensa de la libertad de expresión especialmente en la Red obligó al gobierno federal y al PRI a dar marcha atrás en el contenido de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones, voluntad que después fue reiterada por el propio Presidente Enrique Peña Nieto, quien garantizó la libertad de expresión en México.

Por ejemplo en el 152 aniversario de la Batalla de Puebla, el Presidente de la República afirmó que “somos un gobierno que escucha. Somos un gobierno comprometido con el diálogo, el entendimiento y el acuerdo entre los actores y fuerzas políticas”. (http://www.informador.com.mx/mexico/2014/526383/6/somos-un-gobierno-que-escucha-pena-nieto.htm)

Los cambios en la democracia mexicana no han sido gratuitos, han exigido de la participación y no en pocas ocasiones, del sacrificio de muchos ciudadanos, que con convicción en el ideal del ejercicio de las libertades humanas han decidido avanzar en esa dirección.

El último acontecimiento social que hemos observado es el de la movilización a través de una cadena humana para evitar que las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones fuesen aprobadas por el Senado de la República.

Para algunos analistas la intentona fue solo un elemento distractor para permitir el avance de la reforma energética y su legislación secundaria, pero para otros, es el reflejo del nerviosismo que priva entre la clase política gobernante ante un medio libre, sin control, que crece exponencialmente en México.

La iniciativa ciudadana, sin duda, es la clave para frenar los intentos de autoritarismo, de censura a la libertad de expresión y de control de contenidos en los medios de comunicación impresos y electrónicos.

El País y Zacatecas requieren de un mayor compromiso social para que los cambios democráticos permitan una apertura a ideas renovadas, frescas, creativas, y den paso a un estilo socialmente comprometido en el ejercicio del poder.

El modelo de subordinación de un poder a otro poder que se vive en México, está debilitado y es ya infuncional.

Es la oportunidad de que surjan nuevos liderazgos, nuevas propuestas de desarrollo y crecimiento humano, nuevos rostros…

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