Una reforma para reformar

Aunque la mayoría de los intelectuales (encabezados por los integrantes del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM) se han pronunciado a favor de la iniciativa para crear gobiernos de coalición que presentó Manlio Fabio Beltrones en el Senado, hay algunos analistas que la rechazan.

El argumento más recurrente es que es innecesaria. Que hoy, con las actuales reglas del juego, es posible conformar un gobierno de ese tipo, con una mayoría política en el Poder Legislativo, un gabinete pactado y un programa de gobierno común. Según ellos, lo que ha faltado es “voluntad”.

Yo no estoy de acuerdo con ese argumento, que minimiza los efectos políticos de una disposición jurídica (específicamente, de una disposición constitucional). Discrepo, porque bajo esa lógica también sería absurdo que en la Constitución se estableciera, por ejemplo, el derecho a la educación. Finalmente, estando o no en la Carta Magna, las políticas públicas en materia educativa también son cuestión de “voluntad”.

Y, especialmente, no estoy de acuerdo con que la conformación de un gobierno de coalición sea una decisión tan simple. Tan no es así, que en 14 años de gobiernos divididos en el país, y 13 años de la alternancia en Zacatecas, este tipo de acuerdos de fondo, para compartir programa de gobierno, gabinete que lo ejecute y legisladores que le den viabilidad institucional y presupuestal, no se ha dado.

Y no se ha dado porque la ventana para producir transformaciones es muy corta. Es normal que un gobernante se decepcione rápidamente del tortuoso camino de construir acuerdos legislativos y termine optando por gobernar “con lo que tiene”. Ha pasado en los 3 sexenios de gobiernos democráticos en Zacatecas y en los 3 gobiernos con Congreso dividido que ha tenido México.

Ese fenómeno no es novedoso ni excepcional. Lo explicaba, ya, Nicolás Maquiavelo en “El Príncipe”: “No existe nada de trato más difícil, de éxito más dudoso y de manejo más arriesgado que la introducción desde el poder de nuevos ordenamientos, porque el que introduce innovaciones tiene como enemigos a todos los que se beneficiaban del antiguo ordenamiento, y como tímidos defensores a todos los que se beneficiarían del nuevo”.

Por eso, aunque de inicio la reforma en materia de Gobiernos de Coalición parezca una amenaza para quienes detentan del Poder Ejecutivo (por “acotarlos”), son estos los que deberían de tener mayor interés en impulsarla.

Me explico: al inscribir un programa común de gobierno y una agenda legislativa, los acuerdos políticos tendrían objetivos claros; la sociedad podría conocer qué propuestas privilegió cada una de las fuerzas políticas que se integró al “gobierno de coalición”, por qué razón y cuáles fueron desechadas.

De esta manera, si un partido, grupo político o individuo, dejara de ser consistente en su respaldo al programa de gobierno, el costo sería asumido por ese actor o conjunto de actores, y no solamente por quien encabeza el Ejecutivo.

Lo mismo sucedería en la conformación del gabinete, como no sucede actualmente.

Al día de hoy, ¿Qué exigencias programáticas puede hacer públicamente Felipe Calderón a Elba Esther Gordillo? ¿Qué reproches puede plantear?

Si algún día hay un diferendo entre ambos, ¿Cómo sabremos quién incumplió?, ¿Cuáles fueron los compromisos para ceder posiciones estratégicas del gobierno federal a Elba Esther? Si los cambios al sistema educativo no han sido los idóneos, ¿Ha sido por la decisión de quién?

Lo mismo aplica para el caso de Zacatecas. Parece evidente una ruptura entre el gobierno estatal y el Partido del Trabajo, pero: ¿Por qué se generó? ¿Quién no cumplió acuerdos? ¿Cuáles reformas legales y políticas públicas se pactaron para conformar esa coalición? ¿Qué implicaciones tiene que militantes y simpatizantes de esa corriente política sigan ocupando posiciones en el gabinete de Miguel Alonso?

La voluntad no basta para sostener acuerdos de largo plazo. La naturaleza de la política es dudar, sospechar; y lo único cierto es la incertidumbre. Si los referentes y los compromisos son endebles, siempre se podrá esgrimir un desencuentro momentáneo o un malentendido para romper los pactos más profundos. Siempre hay grupos que se benefician de las rupturas y la falta de reformas, como explicaba Maquiavelo, y ellos siempre harán lo que les corresponde.

El reto de los reformistas es diseñar el mejor marco institucional posible para generar acuerdos. Y Zacatecas requiere de un bloque político unitario que le permita incidir en el concierto político nacional, para proponer, por ejemplo, adecuaciones al sistema fiscal, impulsando una visión federalista más solidaria.

Y lo mismo sucede en el país. Mientras seamos incapaces de recaudar más del 15% del Producto Interno Bruto en impuestos, jamás podremos contar con un Estado de Derecho, en el que cuando menos podamos contar con seguridad, educación y salud de calidad.

Muchas reformas son necesarias en México y jamás podremos tener un consenso sobre cuál sea la más importante de todas. Pero creemos que un buen inicio para cambiar es, precisamente, devolverle a nuestro régimen la capacidad de reformar.

*Diputado local

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