Inclusión educativa, cambio de actitud hacia la diversidad

En los últimos tiempos, todos aquellos que pertenecemos al sistema educativo, nos hemos topado con reformas, cambios, reconceptualizaciones y muchas cosas más, las cuales en ocasiones nos cuesta trabajo entender, aceptar y sobre todo aplicar en nuestra realidad escolar.
Pero hay que preguntarnos el por qué pasa ésto, muchos culpamos a la falta de capacitación, otros por el miedo al cambio, al mismo sistema, pero la mayoría nos olvidamos de nuestra propia responsabilidad y compromiso con la educación y sobre todo con los alumnos y la sociedad en la que nos desenvolvemos.
En este momento, la innovación y tema central del sistema es la calidad educativa, para llegar a ella nos dan como objetivo la inclusión educativa.
A partir de ésto, creo que es conveniente analizar el papel del docente en los cambios educativos para así brindar una educación de calidad, dejando de lado, aspectos del sistema y gubernamentales que en realidad no podemos cambiar y mucho menos ingerir en ello, por lo tanto sólo me enfocaré en aspectos del profesorado.
Muchas veces la comunidad docente no se encuentra en la disposición de tener un cambio de actitud, lo cual limita una inclusión real de toda la comunidad en edad escolar, para así contribuir a una inclusión social.
La realidad en las instituciones y aulas nos tiene inmersos en necesidades específicas de nuestros alumnos, llenándolos de diversidad, por lo tanto tenemos que buscar herramientas, estrategias, apoyos y recursos para atender a todos los niños que demanden el servicio de manera adecuada, ésto no es nada fácil ya que se requiere un esfuerzo, disposición y flexibilidad en nuestras acciones pedagógicas.
Por lo que es importante una capacitación constante la cual nos ayude a fomentar y construir herramientas que den una respuesta eficaz a las necesidades específicas de los niños que atendemos, ubicándonos en la realidad que nos desarrollamos.
En base a nuestro contexto escolar y social, creemos que es importante trabajar en el fomento de valores, para construir una comunidad escolar más inclusiva, que dé cabida a toda la diversidad que presenta el alumnado, contribuyendo así a una escuela que dé cabida y respuesta a las necesidades propias de todos los agentes que participamos en la educación.
De la misma manera, propiciaremos un cambio de actitud hacia la diferencias, dejando de verlo como una limitantante y dándole el valor que realmente merece, contemplándolo como una riqueza para apoyar el aprendizaje de todos los alumnos.
Por lo anterior se puede echar mano del empleo de estrategias diversificadas que den respuesta a las necesidades propias e individuales de cada uno de los miembros de nuestro alumnado, con el empleo de instrucciones claras y breves, uso de material visual, señas, recursos auditivos, dialectos, libros traducidos y con la flexibilidad de implementar otros elementos que den solución a lo que la situación que se nos presente en su momento.
Éste también tendrá impacto en la organización del personal de la escuela, en cuanto a infraestructura, formación de grupos y criterios de selección o inscripción, teniendo así una institución más equitativa y sobre todo sentando las bases de una verdadera escuela inclusiva.
Todo ésto no es un proceso fácil, al contrario, implica un trabajo constante, permanente, empeñoso y prolongado, por parte de los agentes que participamos en la educación, con el fin de lograr unas culturas inclusivas que nos lleven a construir escuelas y sociedades inclusivas, promoviendo así calidad en la educación, lo cual impactará en una vida de calidad para todos.
Por Claudia Alejandra Estrada Rodríguez
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