Complicado escenario en Zacatecas

La actual administración de Miguel Alonso Reyes se ubica en un periodo harto difícil a causa de las amenazas que se ciernen sobre el escenario local, derivado de los problemas de inseguridad, desencuentro con los alcaldes de oposición, tensiones en el congreso, inestabilidad en el Partido Revolucionario Institucional y falta de recursos económicos.


Los gobiernos zacatecanos priistas en su primer año de ejercicio enfrentaban prácticamente un solo problema: el de su antecesor, lo que significaba fuertes enfrentamientos políticos que desembocaban en purgas políticas.

El mandatario en turno buscaba a toda costa desmarcarse de su antecesor –por aquello del “Maximato”- para ejercer el poder sin sombras ni atavismos y por tanto, el desencuentro era automático.

El gobierno de José  Guadalupe Cervantes Corona, por ejemplo, concluyó sin que el entonces mandatario pudiera influir en la designación de su sucesor. Genaro Borrego llegó en línea directa presidencial, gracias a la relación de amistad con el entonces secretario particular de Miguel de la Madrid, Emilio Gamboa Patrón.

Borrego Estrada nombró  al gabinete con sus amigos del “Margil” mientras que el ex gobernador Cervantes Corona criticaba, al inicio, la precaria obra pública que en el primer año no despegaba, a causa de la contracción económica en la que se encontraba el país.

El caso de Arturo Romo y Ricardo Monreal fue muy distinto. El primero había perdido el poder en Zacatecas y lo entregaba a la oposición, en tanto que el segundo colocaba en su gabinete al grupo de ex priístas que se habían ido con él a la campaña.

A los perredistas de viejo cuño, Monreal Ávila les dio la Secretaría General de Gobierno (con Raymundo Cárdenas a la cabeza) y la Secretaría de Educación y Cultura, a cambio de quedarse con el PRD y colocar ahí a Pedro de León Mojarro, el actual delegado especial del PRI en la entidad.

El escenario actual es diferente pero en esencia guarda algunas similitudes: Miguel Alonso no ha tenido la necesidad de desmarcarse de su antecesora, puesto que la derrotó en las urnas, pero en cambio ha entrado en un pleito jurídico-político tan desgastante como políticamente innecesario.

Los Jinetes del Apocalipsis

Miguel Alonso Reyes llega a la gubernatura de Zacatecas con la más copiosa votación ciudadana que se haya registrado en la historia de la entidad. Logró estimular la voluntad de los zacatecanos y en ese sentido, influir para que otros candidatos y candidatas lograran llegar a algunas presidencias municipales y al congreso del estado, lo que en otras circunstancias no hubiesen tenido éxito.
Miguel Alonso ganó  la legitimidad social y política en las urnas. El amplio margen electoral le dio un triunfo inobjetable. De eso no hay duda.

El problema es que el poder desgasta desde el primer día en el que el gobernante asume la titularidad del mandato.

Y el mandatario ha empezado a registrar ese deterioro natural que se da en el ejercicio del poder.
El problema que hoy experimenta el gobernante en turno es la aparición de nuevos fenómenos sociales, políticos y económicos que emergen en Zacatecas, en un escenario atípico que evolucionó, en algunos aspectos, influenciado por la crisis que hoy enfrenta el país, como el caso de la inseguridad.

El estado de Zacatecas se había caracterizado por muchos años como uno de los rincones de la provincia mexicana más apacibles. Hoy, sus carreteras, están entre las más peligrosas del ámbito nacional.

Recuerdo que era severamente criticado por la sociedad zacatecana el hecho de que el Jefe de la entonces Policía Judicial anduviera armado durante el servicio. La ostentación agredía a los zacatecanos. “Eso no es necesario, Zacatecas es muy tranquilo”, argumentaban con enfado.

Hoy el número de personas “desaparecidas” y secuestradas es incuantificable. La “cifra negra”, ha dicho el Procurador Arturo Nahle, supera sustancialmente a los 32 plagios registrados.

En lo político el gobernador no ha podido tener acuerdos con la oposición en la LX legislatura, lo que se traduce en la aprobación de un Presupuesto de Egresos hecho en una sede alterna, en medio del escándalo y la confrontación de las fracciones parlamentarias. Otro ejemplo lo constituye sin duda, el freno a las iniciativas que interesan al Ejecutivo y que en este momento están frenadas en el Poder Legislativo.

El PRI merece un capítulo aparte, pero basta recordar que la imposición del actual dirigente Juan Carlos Lozano y el nombramiento de consejeros ex perredistas, fue un golpe al hígado de los priistas de viejo cuño. Esa historia está por escribirse, cuando sean designados los candidatos al Senado de la República y al congreso federal. Al tiempo.

Pero independientemente de todo este escenario lo que más preocupa en este momento al ciudadano, además de la inseguridad, es la falta de recursos que se está entreverando con una prolongada sequía que golpea al campo zacatecano, a productores y ganaderos.

La falta de recursos ha impedido que hasta este  momento, luego de nueve meses de iniciada la actual administración, el programa de obras públicas no arranque con la fuerza que se requiere. De acuerdo a la Unión Ganadera Regional de Zacatecas, se han perdido 100 mil cabezas de ganado, lo que representa más de 400 millones de pesos.

Pero no solamente es el ganado lo que se está perdiendo, también los productos que tanto han caracterizado la aportación de los esfuerzos de zacatecanos a la canasta básica, como es el caso del frijol.

Es preocupante escuchar que se tiene que pedir un crédito fiscal a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para “prestarle” a los alcaldes para pagarle al Seguro Social, cuando ni siquiera se tiene disponible en las arcas estatales 98 millones de pesos para evitar que se suspenda el servicio médico.

La federación no ha enviado con fluidez los recursos a Zacatecas, ese es un hecho. Se observa difícil que lo vaya hacer cuando estamos a poco más de dos meses de que el Ejecutivo del estado rinda su primer informe de gobierno que, dicho sea de paso, ya no presentará ante la soberanía legislativa. Solo lo enviará a través del Secretario General de Gobierno.

Si los recursos de la federación no fluyen con prontitud en las próximas semanas, prácticamente habremos perdido un año importante no solo para el mandatario en turno, sino para el estado, pero además el próximo año habrá elecciones presidenciales y los recursos, además de estar condicionados políticamente, estarán retenidos estratégicamente para garantizar evitar una merma a la reserva nacional del Banco de México, por aquello de las malditas dudas de una devaluación o de fuga de capitales, que para el caso es lo mismo.

Así que habrán sido dos años perdidos, si es que las circunstancias no varían en los próximos días.
Además del rezago que se resentirá en la entidad, la actual administración entrará  en su primer proceso electoral estatal con un severo desgaste y un gran descontento social que podría manifestarse fuertemente en las urnas en el año 2013, sí es que no se manifiesta antes en las calles. Esperemos que no.

Todos perderíamos.

Al tiempo. 
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