El México del 11 de mayo

Desde temprano cayeron las felicitaciones por doquier. En la plaza pública de la élite, que son las redes sociales Facebook y Twitter, amigos, conocidos y personajes de la vida pública se desvivían por repetir lugares comunes acerca de la importancia de las madres en la vida del estado y en sus propias experiencias de vida. Así se construye el altar virtual alrededor del 10 de mayo que sigue siendo la fecha en la que los mexicanos consumimos más y gastamos más, según las mediciones reales.
Ante la avalancha de mensajes y dichos uno se pregunta si todo eso sucede en el país que vivimos el día anterior. El país del 9 y el 11 de mayo, en el que siete de cada 10 mujeres sufren de violencia intrafamiliar, según el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM).
¿Todos esos discursos que reconocen el aporte de las mujeres suceden en México? ¿Suceden en un país en el que solo 6 entidades (entre los que no se encuentra Zacatecas) han reglamentado la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia?
En 3 años, la violencia intrafamiliar ha aumentado un 20% en el país; un país, por cierto, en el que las instituciones carecen de confianza, y prueba de ellos es que solo una de cada 10 mujeres denuncia estos abusos que, en la mayor parte de los casos, vienen de su pareja.
Cuando une lee mensajes, observa a la gente comprando flores y escucha a los mariachis, se pregunta: ¿Estos individuos son los que golpean y agreden a las mujeres? ¿Es el 10 de mayo una especia de lavatorio colectivo de culpas al que nos entregamos con devoción para olvidarnos de nuestra vergonzosa realidad?
La violencia intrafamiliar es en México la primera causa de muerte entre mujeres de 25 a 45 años, y además de la que tiene que ver con gritos, golpes y humillaciones, hay otro tipo de violencia estructural que afecta a nuestras madres: la económica.
Y de una vez les pido que no me salgan con que, al igual que nuestros otros problemas nacionales, la violencia contra las mujeres es un asunto “cultural”, ligado a las raíces de los latinoamericanos.
El porcentaje de mujeres que forman parte de la Población Económicamente Activa es más bajo en México que en Perú, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Guatemala, Colombia, Republica Dominicana, Ecuador, Panamá, El Salvador, Venezuela, Nicaragua, Costa Rica y Argentina.
En nuestro país, en promedio, las mujeres tienen una carga de trabajo no remunerado de 5.4 horas al día. Carga que es más de 3 veces mayor a la 1.6 horas de trabajo no remunerado que, en promedio, tenemos los hombres. Mientras en México las mujeres trabajan 11 horas diarias, de las cuales solo obtienen remuneración por la mitad de ellas, los hombres trabajan solo 8.6 horas diarias, de las cuales obtienen remuneración por más del 80 por ciento.
Las mexicanas trabajan 2.4 horas más que los mexicanos, en promedio, y obtienen una remuneración por 1.4 hora menos. Son esclavas del hogar y de las necesidades de su familia, que son vistas como su obligación mínima en la sociedad por una simple condición de género.
Esta misma desigualdad no se reproduce en toda América Latina, y para muestra saltan los ejemplos de Costa Rica, Chile y Argentina que desmitifican la visión en la que todo es una cuestión de “cultura”.
No nos hagamos. Al igual que en los otros problemas nacionales, esta desgarradora realidad es consecuencia de la impunidad, de la falta de mecanismos legales e institucionales y de la complicidad social.
Si queremos festejar a las madres, podemos empezar por pagarles por su trabajo, formalizarlo, orientarlas a un esquema de igualdad de oportunidades (especialmente en la educación y el rezago educativo en adultos) y meter a la cárcel a quienes las agreden física y verbalmente. Y para eso tenemos desde el 11 hasta el 9 de mayo, si queremos seguir llevando flores, chocolates y mariachi el día 10.
*Diputado local

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