Por la memoria…

Sin importar en qué lugar del mundo sea ni la razón por la cual exista conflicto armado o guerra, el cuerpo de las mujeres sigue siendo el campo de batalla a través del cual se combate.
Sus cuerpos son testigos vivos de las guerras y también son la voz de la memoria  y cuerpo de la libertad. Son la voz que rompe el silencio en el II Festival regional por la Memoria que se realizó del 24 al 27 de febrero en Chimaltenango, Guatemala.
Nativas de Guatemala, Colombia, Ecuador, India y Serbia, poco más de un centenar de mujeres, compartieron sus dolores para sanar el cuerpo y el alma. Arrancar del olvido lo que ha sido y sigue siendo la violencia sexual como estrategia de guerra.
Convocado por Actoras de Cambio, colectivo feminista fundado en 2004 para romper el tabú y silencio en torno a la violencia sexual que se cometió de manera sistemática contra las mujeres durante la guerra en Guatemala, el festival buscó sanar para transformar la vida de las mujeres y de los países, para hacer de ellas y sus pueblos espacios de paz y libertad.
Festival multicolor no sólo por los bordados guatemaltecos o los idiomas, ni por las distintas memorias de los crímenes sexuales, sino también por las experiencias y las propuestas.
Hablar de lo sucedido no tiene ninguna vista de victimización, por el contrario romper el silencio sobre la violencia sexual cometida en contra del cuerpo de mujeres y niñas implica un proceso para comprender lo sucedido y resignificarlo.
Es dejar el olvido y el silencio como mecanismos para la victimización. Es traerlo a la memoria, hablarlo y hacerse cargo de la historia personal para trascender en lo colectivo. Es romper con la amnesia colectiva y dejar de repetir la historia.
Nombrar la violación sexual es fundamental para romper con la impunidad, develar a los agresores para que sus crímenes sexuales sean motivo de vergüenza y castigo, como un mecanismo de justicia feminista, que sin duda conlleva la justicia penal, la justicia restaurativa y la sanación del cuerpo.
Es reconstruir la identidad, es politizar la violencia contra las mujeres como un asunto que le compete a la sociedad.
Acá hay víctimas pero no victimismo, no se regodea el dolor y la minusvalía. Por el contrario, sus cuerpos y sus mentes están construyendo los caminos para que no se repita ni se silencie el crimen sexual en las guerras y conflictos armados.
Acá los perpetradores tienen rostro, nombres, insignias, religión, nación, grado militar, son ejército regular y combatientes, ninguno se salva de la vergüenza de haber usado la violación como estrategia de guerra para someter, aniquilar, intimidar, obtener información, acallar a lo que ellos denominan enemigo.
Acá en Chimaltenango el cuerpo de las mujeres se yergue para hacerse cargo de su propia historia, para romper el silencio, alzar la voz, demandar justicia y seguir construyendo la paz con justicia y dignidad.
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