Japón admite que fuga radiactiva "que pueden afectar a la salud"

El País

Tokio.- La alarma de un desastre nuclear crece en torno a la central de Fukushima, afectada en cuatro de sus seis reactores por el terremoto que devastó el país el viernes. Un incendio se ha desencadenado en el reactor 4 y continúa activo, mientras que en el número 2 se produjo una explosión.
El Gobierno japonés admite que «puede haberse producido una fuga de materiales radiactivos», especialmente por causa del incendio, «que pueden afectar a la salud humana».
El primer ministro japonés, Naoto Kan, ha comparecido para hacer un llamamiento a la población y anunciar nuevas evacuaciones. La de los residentes de la zona que viven a 10 kilómetros de la central Fukushima I ya está completada; los que viven entre a 10 y 20 serán rescatados en breve; y los que residen entre 20 y 30 kilómetros de la central no deben salir a la calle.
El Gobierno japonés dio la impresión esta madrugada de perder por momentos el control sobre la situación. El portavoz del Ejecutivo que sucedió a Naoto Kan en la tribuna de oradores pasó del mensaje de calma de los días previos a inequívocas señales de alarma. «Cuanto más lejos estén de la central, más seguros estarán», advirtió Yukio Edano, que apareció ante las cámaras con muestras evidentes de sudor en la frente.
La radiación en los alrededores de la central ha llegado a sobrepasar 10 mil veces los límites legales. La situación ha generado una gran preocupación en el país; locutores repiten en televisión mensajes que parecen salidos de una película de serie B sobre una catástrofe nuclear: «Cierren las ventanas, no utilicen sistemas de ventilación y tiendan la ropa en casa».
200 mil dosis de yodo se han repartido ya entre la población. Mientras, la Embajada francesa en Japón ha recomendado a sus nacionales que vivan en Tokio que no salgan al exterior porque el viento que sopla hacia la capital podría arrastrar hasta allí las partículas radiactivas.
Incendio y una tercera explosión
Unos minutos después de la tercera explosión los niveles de radiación en los alrededores de Fukushima subieron hasta 8.217 microsieverts por hora, frente a los 1.941 que se registraban 40 minutos antes, según mediciones de la Agencia de Seguridad Nuclear japonesa.
Estos ocho mil microsieverts por hora serían el triple de la cantidad de radiación a la que está sometida una persona en un año. En un clima de confusión, se pensó primero que era por culpa de la explosión del reactor 2, pero posteriormente se aclaró que era consecuencia de un incendio en el reactor 4 en el que estaban ardiendo sustancias radiactivas. La buena noticia, si las hay, es que el reactor 4 estaba inoperativo en el momento del terremoto y no contenía barras de combustible.
Yukio Edano ha reconocido que «hay una alta probabilidad» de que la vasija de contención del reactor 2 se haya agrietado, pero el Ejecutivo insiste en que el edificio de contención -el último muro ante una fuga, y de cuya resistencia depende que Fukushima no sea Chernóbil- no ha quedado dañado, descartando la posibilidad de una fuga de radiactividad de grandes dimensiones.
El Gobierno admite también que puede haber daños en la cámara de despresurización, el sistema circular de refrigeración dentro del edificio de la contención. Un portavoz de Tokyo Electric Power Co (Tepco) explicó en una confusa rueda de prensa retransmitida y doblada al inglés por Al Jazeera: «Hay una posibilidad de que haya daño», pero inmediatamente añadió que eso no tenía por qué significar una fuga o que podía tratarse simplemente de una válvula que estuviera midiendo mal la presión.
Aún con la confusión reinante, la situación parece cualitativamente distinta -más grave- que la de los días previos. La eléctrica responsable de la planta, Tepco ha constatado es que el nivel del agua ha bajado sensiblemente dentro del reactor 2, lo que denotaría daños en la piscina de condensación destinada a enfriar el reactor y controlar las condiciones en el interior del recinto.
Al menos 2.7 metros de las varillas de combustible (de los cuatro que miden) no están cubiertas por el agua, y Tepco no puede confirmar si el nivel del agua está subiendo aunque haya vuelto a inyectar agua de mar. Esto implica que la mitad del uranio está sin refrigeración, el paso previo a la fusión del núcleo de la central.
Tepco ha anunciado que ha evacuado a todos los trabajadores que tenía en la central (850) excepto a los 50 empleados que trabajaban en labores de refrigeración.
Japón pide ayuda
La central de Fukushima parece un boxeador sonado: encajaba y encajaba golpes mientras la grada -en este caso el planeta entero- contemplaba con angustia deseando que no cayera a la lona ni tirara la toalla. Si una explosión en una nuclear es una imagen insólita, Fukushima suma tres en tres días, por eso desde horas antes de la última deflagración la crisis ya había desbordado a Japón, y Tokio había pedido ayuda a la agencia nuclear de EE UU (NRC, en sus siglas en inglés) y a la Agencia Internacional de la Energía Atómica, con la que debatía los detalles de cómo sería esa misión técnica.
Tras la explosión junto al reactor 1, ocurrida el pasado sábado, estalló el hidrógeno junto al reactor número 3 y se llevó de nuevo parte del edificio. Las autoridades insistieron en que en los dos casos había aguantado la contención.
La eléctrica propietaria, Tepco, insistió en que la explosión se debió a la salida de hidrógeno, un gas que, en contacto con el oxígeno del aire, produce una deflagración. Así que la explosión no fue nuclear pero sí reveló que las autoridades estaban dejando salir gases del interior de la planta con la consiguiente radiactividad para reducir la excesiva presión.
Los trabajos se centraban en conseguir refrigerar esos dos reactores hasta que el problema saltó en el reactor número 2. Ese reactor puede acabar siendo el más problemático. Su explosión, ocurrida cuando Japón amanecía al martes, ha sido diferente.
El mensaje del Gobierno japonés, repetido una y otra vez, es tan simple como directo: «Fukushima no es Chernóbil». Y resonó por todo el planeta. «Es muy poco probable que se convierta en algo como Chernóbil», declaró a la prensa desde Viena, el director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el japonés Yukiya Amano.
Cada día que pasa el riesgo de que cedan los edificios de la contención de los dos primeros reactores afectados es menor, según coinciden todos los expertos. Aunque sea de forma precaria y a la desesperada con agua de mar, Japón estaba consiguiendo enfriar los núcleos de esos dos reactores.
María Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear, el lobby de las seis nucleares españolas, afirmó que el problema en el primer reactor estaba casi solucionado. «Cuando paró la central, en el núcleo quedaba un 7% del calor residual del núcleo. Ya solo queda el 0,05%», afirmó en una concurrida rueda de prensa. El uso de agua de mar, que dejará inservibles los reactores, demuestra lo desesperado de la situación.

Domínguez defendió que Fukushima estaba resistiendo a la combinación terremoto-tsunami y defendió que esa era la prueba de la fiabilidad atómica. Ese es el argumento que usa insistentemente el lobby nuclear. Los detractores de esta energía, en cambo, ven en el accidente la prueba de que la seguridad total no existe y de que el excesivo riesgo no compensa su uso.

Temores de Francia
El accidente ha sido inicialmente calificado como nivel 4 en la escala INES (que va de 0 a 7, Chernóbil). Pero el presidente de la Autoridad Nuclear Francesa, André-Claude Lacoste, dijo a France Presse que el número era demasiado bajo y que ya supera la gravedad del accidente de Three Miles Island, en 1979 en Harrisburg (EE UU) y que fue calificado con un 5. Un nivel correcto sería de 5 o 6, según Lacoste: «Más allá de Three Miles Island, sin llegar a Chernóbil».
Japón comenzó a llevar a los refugios de emergencia 230 mil tabletas de yodo para el caso de un gran escape –el yodo bloquea la absorción de yodo radiactivo, que afecta al tiroides–. Japón no está ofreciendo mapas precisos sobre las mediciones de radiactividad en el exterior de la central, pero insiste en que no hay mediciones anormales. Aun así, los datos dispersos señalan, lógicamente, radiación más alta de la permitida pero incluso a grandes distancias.
El domingo, la central de Oganawa, a 116 kilómetros al noroeste de Fukushima, detectó niveles anormalmente altos procedentes de la nuclear averiada, y militares de EE UU recibieron dosis pese a dirigirse a un portaviones a más de cien kilómetros de Japón.
La OIEA y la Organización Mundial de la Salud insistieron en que el riesgo para la salud era «bastante bajo». La predicción del viento era lo único que parecía echar una mano en la crisis, según la OIEA, que afirmó: «Desde el accidente, los vientos se han dirigido desde la costa japonesa hacia el Este [el océano] y las predicciones prevén que ese patrón persista durante hoy y los próximos dos días».

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