El conflicto México-Francia

Las relaciones diplomáticas entre México y Francia han alcanzado su mayor nivel de deterioro desde los tiempos de la intervención para imponer como Emperador a Maximiliano de Habsburgo. Todo se debe a la condena de 60 años de prisión que las autoridades judiciales de nuestro país han impuesto a la ciudadana francesa Florence Marie Louise Cassez Crepin por el delito de secuestro.

Existen dos hechos demostrados más allá de toda duda:
1.            Mientras su novio Israel Vallarta tenía secuestradas a por lo menos tres personas, Cassez vivía a escasos metros de ellos y algunas de las víctimas han reconocido desde el primer momento su voz como la de una de las secuestradoras.
2.            El gobierno mexicano escenificó un supuesto rescate de las víctimas que inculpaba a la francesa, un día después de que ella y Vallarta fueron arrestados.
Un elemento adicional es que los jueces responsables de revisar visto el caso han ratificado las sentencias condenatorias. La única “victoria” de la francesa ha sido la reducción de su condena de 96 a 60 años de prisión.
El presidente de Francia Nicolás Sarcozy se ha envuelto en una cruzada personal para presionar al gobierno mexicano a aplicar un tratado internacional que permitiría su repatriación y eventual liberación una  vez que llegue al  país Galo.
Lamentablemente el sistema de procuración e impartición de justicia deja mucho que desea en nuestro país. Su credibilidad es muy baja y es conocido por sus prácticas de lograr confesiones por medio de torturas y otras prácticas cuestionables.
El presidente Felipe Calderón se ha negado a ceder ante las tremendas presiones del poderoso país europeo. Sin embargo, las irregularidades cometidas y debidamente documentadas en este caso siembran dudas sobre si estamos ante un auténtico y transparente ejercicio de justicia o ante un abuso más de la policía y los jueces mexicanos.
Igualmente sostiene en sus puestos a los mismos funcionarios que armaron el montaje televisivo que ha resultado el más caro y absurdo de la historia de México. Se ha negado a revisar las investigaciones y las actuaciones de los responsables y los únicos sancionados por participar en el montaje han sido los reporteros de las televisiones que, siguiendo las órdenes de sus jefes, grabaron la farsa.
Por lo tanto el ambicioso programa cultural de celebraciones a México en la capital francesa ha sido cancelado.
Nuestro país es visto de la misma manera en que los europeos observan las bárbaras costumbres de los fundamentalistas islámicos en Irán y es posible que la tensión siga escalando hasta niveles que no podemos predecir.
Es importante destacar lo que está en juego: Francia, junto con Alemania e Inglaterra, es nada menos que una de las tres potencias dominantes de Europa y envenenar la relación  puede contaminar la situación con todos los órganos del gobierno europeo.
La salida más sana sería revisar, de manera independiente, el caso y asegurarse por todos los medios posibles  que la sentencia es justa y obtenida por medios no sólo legales, sino también legítimos.
Si se confirma que Cassez no sólo fue compañera sentimental de Vallarta, sino cómplice de sus delitos, la sentencia de los jueces debe defenderse a todo coste. Sin embargo si se detectan elementos que arrojen dudas sobre la actuación de nuestro poder judicial, es necesario utilizar los mecanismos legales, políticos y diplomáticos para resolver el conflicto.
El fondo de todo esto queda la pregunta ¿Tenemos la suficiente confianza en nuestras instituciones judiciales como para llevar las cosas a un costo tan alto como lo es deteriorar las relaciones con un país como Francia?

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