Biutiful y La sombra del agua

JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX

“Bonito. Todo me parece bonito”, canta con voz melodiosa el pegajoso estribillo de uno de sus más grandes éxitos, la primera voz de Jarabe de Palo, un grupo mexicano del nuevo rock que tanto gusta a los jóvenes mexicanos.

Alejandro González Iñárritu vivía en mayo del 2010 un momento de gloria, ganado a fuerza de trabajos bien logrados, de una gran creatividad y de una expatriación que le resultó dolorosa pero imprescindible para poder dar el salto a las grandes ligas internacionales. En el festival de Cannes -una ciudad chic, a la orilla de la Costa Azul, preciosa joya en su entorno agreste, como hermosa es Zacatecas en su propia geografía-, el director de “Amores Perros” era ya uno de los grandes triunfadores de este evento, tal vez el más importante mundialmente para los realizadores cinematográficos, actores, guionistas y todo aquel que se precie buscar la gloria en la industria del cine.

Esa vez, su trabajo se llamaba “Biutiful”.  Así, como se escribe, con la falta de ortografía de quien pretende cimbrar al espectador desde el título mismo de la cinta.

Cuatro revistas Premiere, Studio cine live, Telerama y Le Nouvel Observateur consideraban a «Biutiful» como su favorita a ganar la Palma de Oro, máximo galardón del importante festival.  No todos pensaban igual, así tiene que ser, y la lista de las mejores se completaba con trabajos importantes de otros países: «Otro año», del director británico Mike Leigh, «Poetry», del director coreano Lee Chang-dong, «Oncle boonmee», del tailandés Apichatpong Weerasethakul,  y «Dioses y hombres», del realizador francés  Xavier Beauvois.

A México no le había rozado ni de cerca un premio así en la historia completa de su filmografía.  La excepción es Luís Buñuel, español de patria y mexicano de raigambre, quien triunfó con “Viridiana” en 1961.

Hoy seguimos relamiéndonos con la gloria que alcanza para México otro de los grandes de esta generación de directores cinematográficos: Guillermo Del Toro con su “Sombra del Agua”, que ha trabajado con precisión su muy perfecto estilo de hacer que lo tenebroso se convierta en la más sincera historia de amor. Desde Zacatecas celebramos a González Inárritu en el 2010 y hoy, 8 años después, a Del Toro: sea cual sea el resultado final de los jueces, porque el triunfo de un mexicano es compartido por quienes estamos ávidos de cosas buenas para este país complejo que nos estruja día con día.

Ahora que los realizadores mexicanos están poniéndose de moda, y que la pelota está definitivamente en la cancha del gobierno federal para apoyar con recursos y negociaciones a nivel mundial, a la que puede ser una industria exitosa para ingresar divisas y generar empleos, Zacatecas levanta la mano –estamos seguros- como una buena apuesta para dar cabida a todos los realizadores y actores que buscan escenarios fantásticos o sets intimistas, pues lo tenemos todo: un cielo fabulosamente azul, callejuelas y plazas que brillan con la luna, campos y praderas interminables, y muchas ganas de seguir siendo el centro cultural que fuimos en aquellos tiempos de la Colonia, cuando no había artista de renombre mundial que considerara su visita completada en el territorio americano si no pasaba por aquí, o como lo ha sido estos años recientes, febrilmente interesantes para la cultura popular.

La industria del cine puede ser una magnífica opción para nuestra entidad.  Este es un buen momento para recordarlo.

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