Los espacios sociales como plataformas de discurso Segunda parte

ARGENTINA CASANOVA

Como sujetos sociales, en la medida en la que nuestro pensamiento acepte los conceptos de igualdad y no discriminación, podríamos modificar nuestra realidad, es la transformación del pensamiento para así cambiar la sociedad en la que vivimos; para transitar de coberturas noticiosas que criminalizan y violentan, a la conciencia de la gravedad de las violencias.

Un ejemplo que permite comprender la dimensión de la transformación de las realidades a partir del lenguaje y las leyes, es la esclavitud. Cuando unos pocos y pocas señalaban que no estaba bien hubo mucha resistencia, muchas personas sufrían lo indecible a causa de enunciaciones y posturas públicas de personas reconocidas y con poder, que afirmaban que tener esclavos “no tenía nada de malo”, que estaba bien poseer a una persona y que la “superioridad humana” estaba basada en el color de la piel, que eso lo hacía humano.

En aras de esos discursos, apología de la discriminación, se cometieron actos atroces que lastimaron a millones de personas en todo el mundo. Se cometieron hechos que avergüenzan a la humanidad hoy día, conscientes de que no tiene nada de civilizado secuestrar a familias enteras en el África para luego ser vendidas como esclavos y trasladados en barcos hacia América; y si era necesario, ser “desechados” por la borda como lastre.

Los paradigmas de la realidad se transformaron a partir del pensamiento que se transmite a través de la palabra hablada y escrita, especialmente a través de nuevas leyes que nos dejaron claro que no estaba bien ni era muy humanista tener o pretender tener esclavos. Aun así, hoy día persisten formas de esclavitud como la trata.

Nuestra posición en el discurso que hablamos

Así como en las leyes, en cada uno de nuestros ámbitos de intervención estamos construyendo con nuestras palabras, con nuestros actos, un discurso que se hace desde la posición que ocupamos en la sociedad, de tal forma que los actos y palabras que utilizamos, hablan de la educación que hemos recibido, de los contextos en los que vivimos y de las experiencias de vida.
Dependiendo del lugar que ocupamos en la sociedad podrá ser el nivel de intervención de nuestro discurso. Así lo que un docente, un juez, un médico o un periodista tiene que decir en relación con algún tema, influirá en la opinión pública que percibe esa opinión como influencia.

Lo que un, o una docente dice frente a un grupo, supone una postura política desde la que se enuncia el discurso científico que afecta el sentido de todo lo que se enseña, que permea lo que se dice y se enseña.

De la misma forma, todo lo que decimos en las redes sociales fija una postura política; incluso si hablamos de «cuestiones personales», lo hacemos desde la posición social. El lenguaje adquirido en nuestro lugar social y la opinión, es por supuesto, una postura política de lo privado. Las palabras que usamos, nuestras construcciones lingüísticas, todo, habla del lugar social que ocupamos, de nuestra percepción sobre la realidad social y nuestro proceso de aprehensión de ella.

Visto así, las responsabilidades de la comunicación en los espacios públicos cobran una gran importancia y responsabilidad sobre el alcance de la comprensión de los discursos de igualdad y de Derechos Humanos de las poblaciones.

Sin embargo, sabemos que la mayoría de las veces no constituye un compromiso ni para los jueces, ni docentes y mucho menos para periodistas o comunicadores y, por el contrario, suele afrontar reticencias basadas en purismos del idioma que estamos lejos de poder sostener teóricamente.

Durante su intervención en el Tribunal de Mujeres, la periodista Ana Bernal, señalaba: “nadie nace machista, el machismo se construye en una sociedad patriarcal”. Sí, pero requiere de discursos que lo hagan nacer, lo moldeen, lo alimenten y lo hagan crecer.

¿Quiénes contribuyen a este proceso?

Si hacemos un repaso de los lugares donde se da el proceso de formación, las personas que intervienen y las instituciones que pueden influir en él, podemos ir “de-construyendo” el camino a la graduación de un machista o una persona discriminadora, violenta e intolerante.

El primer paso para deconstruir esos discursos es reflexionar acerca de cómo estamos abonando en sentido contrario, si violentando Derechos Humanos, sosteniendo discursos con sesgos de género, excluyentes y que hace apología de la violencia, que es por sí misma una forma de violencia a los derechos de todas las personas; y atrevernos a construir nuevas formas de hablar y de pensar.

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche

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