El examen docente de oposición: ¿Nueva racionalidad o una práctica de simulación más?

manuel ibarra santos

18 julio, 2013 • Manuel Ibarra Santos

manuel ibarra santosMANUEL IBARRA SANTOS *

Más de 140 mil solicitantes de una plaza docente en el sistema educativo mexicano participaron en la aplicación pasada del examen de conocimientos, habilidades y competencias (-de los cuales el 1% fueron de Zacatecas-), realizado en 299 sedes en 30 entidades de la República, práctica institucional que se ha propuesto establecer las bases de una nueva racionalidad laboral, que sustituya la tradicional opacidad prevaleciente en el ingreso para competir por un espacio de trabajo en el modelo de enseñanza pública en el país.

Es esta una actualizada forma de competencia por un espacio de trabajo, en un país donde existen más de 120 mil profesores desempleados, según fuentes oficiales.

El examen referido está sustentado en una tradición relativamente reciente que data del 2008, instaurada en el marco de la entonces Alianza por la calidad Educativa (ICE), cuya finalidad es promover la equidad, la calidad, la transparencia y la rendición de cuentas en la asignación de plazas de nuevo ingreso en el sistema educativo, a fin de evitar la discrecionalidad y corrupción.

Dicho examen estandarizado, avalado por un gran acuerdo entre la Secretaría de Educación Pública y la dirección nacional del SNTE, sin duda, tendrá sus repercusiones  positivas en la construcción de una más sólida cultura de la transparencia en la asignación de plazas de nuevo ingreso al sistema educativo que privilegie la calidad y que desmonte, en consecuencia, las anquilosadas y viciadas estructuras que han sostenido la toma de decisiones en este ámbito institucional.

Es inequívocamente una buena iniciativa pero que, sin embargo, hay que perfeccionarla, para que los resultados del examen no queden anulados y atrapados por los esquemas de escalafón –excesivamente burocratizados- de promoción  que aún persisten.

Tan sólo un dato para ilustrar una de las muchas inconsistencias que se pueden detectar: decenas  de jóvenes que lograron en el examen de oposición del año pasado los primeros lugares en calificaciones  y que accedieron a una plaza de trabajo condicionada, este año ya sufren de la incertidumbre al no saber dónde y en qué lugar quedará su centro laboral, porque finalmente tendrán que esperar a que se imponga la dinámica del escalafón burocrático y sindical.

Entonces un examen docente de oposición de esta naturaleza y modalidad, privilegia no la calidad, el esfuerzo y la excelencia, sino la mediocridad y la ineptitud. Quizá, muchos de los que obtuvieron las posiciones de mayor excelencia la anualidad pasada, tendrán ahora que renunciar a sus modestas plazas (algunas, por ejemplo, en secundarias, con cargas de seis horas/semana/mes), en razón de que económicamente no les convendrá.

Por lo tanto, al examen docente de conocimientos, habilidades y competencias tiene que ser dotado de más recursos y herramientas de supervisión, que alienten verdaderamente la calidad y no la ineptitud. Uno de ellos será modificar los anacrónicos escalafones y establecer sistemas de evaluación y seguimiento rigurosos de todos aquellos casos de profesores que ingresaron al servicio por esta vía, a fin de determinar el impacto verdadero que esto ha tenido en la mejora continua de los procesos académicos. Si no que caso tiene.

El contexto del examen de oposición a profesores:

El examen docente de oposición se realiza, ahora, en un contexto de crítica colectiva sobre la importancia de revalorar la función social de los maestros.

Y es que existe igualmente una mayoría social que coincide, también, en que son una serie de elementos que contribuyen a profundizar la crisis del magisterio en estos momentos históricos, entre los que destacan los siguientes:

1).-La frágil formación profesional de los docentes auspiciada por modelos tradicionalistas; 2).-la decadente confianza social en torno al desempeño de los profesores; 3).-la ausencia y olvido de la definición clara de políticas públicas de parte del Estado/Gobierno; y 4).-a la precarización salarial y económica de los educadores que, aunque parezca paradójico, en México reciben un trato marginal, injusto y diferencial, muy alejado del que tienen los profesores en el resto de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El papel estratégico de los educadores:

En las naciones económicamente desarrolladas y catalogadas como de primer mundo, la profesión docente es una de las mejor valoradas en todos los órdenes y el título de profesor es el más honorífico que pueda tener persona alguna.

Tal vez por eso mismo prevalece en nuestra sociedad un consenso generalizado que sostiene que la base del sistema educativo de calidad, son sus profesores y la formación inicial que ellos reciben.  No sólo son el pilar de una enseñanza de excelencia, sino de la prosperidad de una Nación.

La exigencia de un sistema moderno de formación  docente:

A unos días de que se aplicó el examen docente de conocimientos, habilidades y competencias, se debe recordar que esta es una buena iniciativa, pero que no es suficiente. Requerimos dar el paso a la creación de un moderno sistema de formación de maestros.

Efectivamente necesitamos, sí, de un nuevo docente, que perfile una escuela y una sociedad nueva. Hay que evitar la simulación y que el examen de conocimientos, habilidades y competencias sea una expresión de ello.

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