La otra cara de la moneda

No hay posibilidad de escribir hoy sin manifestar la indignación por el despido de la periodista Carmen Aristegui de la empresa MVS. La forma y la argumentación dada por la empresa simplemente huele a sospecha, sospecha no sólo porque la empresa MVS está negociando sus concesiones, sino por la posible injerencia desde la silla presidencial para eliminar una voz crítica.
Sin confirmar nada, bien valdría tanto para MVS como para Los Pinos dar una respuesta clara ante tanta sospecha.
Esta es la otra cara de la moneda pues en medio de la violencia y la sangre que envuelven a nuestro país todos los días, se encubren rezagos importantes que trascienden el crimen y que silenciosamente minan la posibilidad de desarrollo en México.
En días pasados Cimacnoticias publicó los hallazgos del informe “La situación demográfica de México 1910-2010”, editado por el Consejo Nacional de Población –institución que ha visto disminuido su protagonismo en todo el periodo panista­.
Ese informe revela que en dos décadas (mitad priista, mitad panista) el acceso de las mexicanas a los anticonceptivos se ha restringido a tal grado que aquello que fue un avance podría ser un retroceso que ponga en peligro los alcances logrados con una política demográfica laica y garante de los derechos de las mexicanas.
No es cosa menor que millones de mujeres con vida sexual activa que desean impedir un embarazo no puedan hacerlo por la simple razón de que no tienen acceso a algún meto anticonceptivo, más riesgoso aún es cuando la mayoría de esas mujeres se ubican entre los 15 y 19 años de edad.
La falta de disponibilidad de la anticoncepción para adolescentes tiene relación con la prevalencia de embarazos no deseados y no planeados. En 2009 la prevalencia se situó en 40 por ciento, cifra que “revela el tamaño del reto para los programas de salud sexual y reproductiva de adolescentes en México”, recalcan los especialistas.
Y no es menor porque al no garantizarles a las jóvenes el acceso a los anticonceptivos cuando se sabe que no desean tener descendencia y que tienen vida sexual activa, es orillarlas a interrumpir un embarazo no deseado; esto agrava más la situación de las jóvenes pues en la mitad del territorio corren el riesgo de ser encarceladas.
Sea o no su voluntad de interrumpir el embarazo, la leyes que criminalizan el aborto legal y persiguen a la mujeres coloca en el escenario público historias como las de Lesly, joven de 21 años de edad, condenada a 23 años de prisión por homicidio agravado por parentesco y esto no es Guanajuato, es Baja California.
¿Cuántas Leslys más en el territorio nacional están siendo sentenciadas por delitos que no cometieron?
Otro asunto tampoco menor es la discusión sobre la Norma Oficial Mexicana NOM-041-SSA2-2002, para la prevención, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer de mama.
Resulta que pese a todas las evidencias científicas en los que se muestra que la mamografía entre los 40 y 49 años de edad es de gran utilidad para detectar este tipo de cánceres en etapa temprana, elevando con ello la posibilidad de vida de las mujeres, el gobierno panista quiere a toda costa realizar la prueba en mujeres mayores de 50 años, cuando es mayor el riesgo de detectar un cáncer avanzado.
Cuando se trata de salvar vidas de mujeres parece que las evidencias científicas ni se ven ni se oyen, el cáncer de mama se encuentra entre las 10 primeras causas de muerte de las mujeres y es la primera por neoplasias.
 Una discusión similar ocurrió en 1997 cuando se revisó la Norma Oficial para la prevención y detección de cáncer cérvico uterino, ahí también se quería lograr que ciertas mujeres, de cierta edad y con ciertos resultados, pudieran acceder a la prueba de Papanicolaou cada año, que esto no fuera para todas.
 La organización de las mujeres y del Poder Legislativo, especialmente de la Comisión de Salud, permitieron garantizarle a todas las mexicanas esta prueba que hoy ha salvado cientos de vidas femeninas haciendo que este mal quedara en segundo lugar.
Éste es sin duda un momento crucial para salvar la vida de las mujeres y para ello no hay pretextos.
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